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Reconstruyen esófago con parte del intestino grueso

Es un error provocar el vómito al paciente

Santo Domingo. Antes de entrar al quirófano, el 23 de diciembre pasado, para ser sometida a un trasplante de esófago, Cinthia Asencio, que recién había cumplido siete años, pidió al cirujano Heriberto Rodríguez Bonet, que quería comer el Día de Reyes. La pequeña llevaba cuatro años alimentada a través de líquidos por una abertura en el vientre. La ingestión de "Plomerito", sosa cáustica empleada para destapar inodoro y tuberías, le destruyó esa parte del sistema digestivo.

La operación, segunda de esa naturaleza a la que era sometida, fue un éxito. Antes de abandonar el Centro Médico Antillano, la niña pudo realizar su sueño. A escondida de los familiares, a los que no quería crear falsas expectativas, el doctor Rodriguez Bonet dio de comer a la temerosa paciente: temía al dolor, a vomitar, a la asfixia, como ocurrió cuando dos años atrás fue sometida sin éxito a un primer trasplante.

Recordar el momento, emociona al cirujano. La alegría desbordó a Cinthia. No solo rió, sino que espontáneamente comenzó a bailar mangulina en los pasillos de la clínica.

Historial

Explica Rodríguez Bonet -especialista en cirugía de páncreas, esófago, oncología y nutriología clínica-, que la sustancia que Cinthia ingirió hace cuatro años, le provocó la erosión y perforación del esófago. El cuadro se complicó con una mediastinitis o infección del compartimiento del tórax llamada Mediatinis. "Es una infección que tiene una mortalidad altísima. Por suerte, ella pudo sobrepasar esa situación; los médicos que la asistieron en esa situación manejaron muy bien el problema. Pero eso provoca daños inmediatos y tardíos, los inmediatos fueron esos", explica el cirujano antes de relatar al calvario en que se convirtió la vida de la pequeña.

Semanas después, Cinthia desarrolló una fístula que le comunicaba el esófago con el bronquio. Todo lo que intentaba tragar, aún fuera saliva, pasaba al bronquio causándole repetidas complicaciones pulmonares.

Luego vino una estenosis del esófago, estrechez del órgano producido porque todos los cambios inflamatorios que le produjo la lesión por el producto ingerido, consecuencia de la fibrosis de la pared del esófago, que impedía las ondas naturales que permite el paso de los alimentos por el esófago. Como consecuencia, una nueva cirugía. Una incisión en el vientre dio paso al tubo por el que durante casi dos años recibió alimentos líquidos y suplementos nutritivos.

"Cuando la niña llegó a mí consultorio empecé a manejarla desde el punto de vista nutricional, para evitar el deterioro y pudiera soportar la cirugía (trasplante de esófago) y disminuir los riesgos de complicaciones".

Con un esófago engrosado por el que no pasaban los alimentos, el cirujano procedió a extirparlo y sustituirlo por una parte del intestino grueso llamado colon. Usó un procedimiento sin precedente documentado en nuestra medicina. Con una abertura en el vientre y otra en el cuello se hizo un túnel a través del esternón para eliminar el esófago y subir a su lugar la parte empleada del intestino grueso.

Varios días después, desarrolló una fístula en la unión a nivel del cuello y posteriormente debido al proceso infeccioso, la porción del colon trasplantada como esófago se estrechó. La mitad del trasplante se dañó y la fístula provocaba continuos ingresos por problemas pulmonares provocados por la aspiración de saliva hacia los bronquios durante el sueño.

Fin del calvario

Heriberto Bonet se vio obligado a practicar un segundo trasplante. Otra porción del colon volvió, mediante el mismo procedimiento, a sustituir el esófago en una cirugía de 10 horas, en la que también se reparó el duodeno, parte que une al estómago y el intestino grueso, también afectada.

Sin abrir el esternón para eliminar el órgano dañado, el cirujano trabajó desde el interior del vientre, haciendo una especie de túnel por donde descendió el órgano dañado y subió la porción del colon con que haría el nuevo trasplante. Fue todo un éxito. Cinthia pudo, como había pedido, comer el Día de Reyes.

macevedo@diariolibre.com