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Ricardo Arjona se lanzó de un quinto piso

SANTO DOMINGO. Más de 30 mil personas colmaron la noche del sábado el Estadio Olímpico donde, según estaba previsto, Ricardo Arjona se iba a lanzar de un quinto piso.

Antes, Issa Gadala fue su contraparte, con una producción bien cuidada de Hugo Chávez, como casi ningún telonero hace, tuvo su momento más alto con la interpretación, primero a capella, y luego acompañado de su efectiva banda, de "Por amor", con la complicidad de Rafael Solano en un video, desde el cual, además de tocar el piano, aplaudió al final. Issa seguirá ganando experiencia y pista, que es lo que le falta, pero eso es cuestión de tiempo.

El guatemalteco se lanzó al ruedo con Quinto piso, que le da título a su nuevo álbum discográfico y al tour que realiza. "El del espejo", "Acompáñame a estar solo", "Realmente no estoy tan solo", "Desnuda", fueron los temas que interpretó desde el inicio, en ese orden.

"Sin tí, sin mí" dijo ante un público femenino delirante, ya metido totalmente en su quinto piso. Luego arremetió con un tema muy chachachá al inicio que derivó hacia un son bien cubano, muy charanga, gracias al violín, el chelo y la flauta, en "Historia del taxi". Entonces regaló "Que nadie vea", de su nueva producción, que incluyó una buena producción visual que supera a la canción en sí misma, que por tratar el tema de la homosexualidad fue de por sí interesante.

"Lo que queda de mí" y "Receta" sirvieron de puente a "Quesos, cosas, casa" (un buen arreglo con letra pobre que pretende decir mucho). "Quiero", "Dime que no", "Duele", "Cuando" y "Te conozco" dieron seguimiento al reencuentro con "Señora de las cuatro décadas", donde invitó a escena a una señora del público, con quien fue caballeroso y atento.

Luego cantó "Si el norte fuera el sur" y "El problema", usando todo el tiempo códigos visuales urbanos. Las pantallas gigantes como un gran karaoke con las letras de algunos temas, como en "Minutos". "El reloj de pared" trajo el falso final de siempre; volvió y con guitarra y camisa blanca, dos acordes de cello y dos de piano, luego alguno de saxo, sentado en el piso, y más tarde de violín. Al final se pone de pie y canta aquello de "Pingüinos en la cama", para luego, ahora sí, irse cantando "Mujeres", las mismas que lo recogieron en brazos al lanzarse del quinto piso.

Confirmado: lo mejor de Ricardo Arjona son las producciones en escena. En su discurso pretendidamente coloquial, hay mucha hojarasca poética, insportablemente kitch para seguidores de Sabina o de Serrat.