Superando los obstáculos de la vida
La palabra crisis viene del griego, y significa decisión, discernimiento, punto decisivo, cambio importante para mejorar o empeorar. Toda pérdida abarca un período de privación, es decir una
Lo aceptemos o no, lo deseemos o no, el hecho de vivir encierra una serie de pérdidas. Una minoría, placenteras, imprescindibles y hasta necesarias; el gran resto, desafortunadamente, por más inminentes que sean, no deseadas.
Existen pérdidas esperadas en cada persona consecuencia de los cambios naturales en su desarrollo.
Cada cambio implica, casi siempre, una pérdida.
Se precisa perder la infancia para pasar a la adultez; la adultez para llegar a la vejez, se pierde la virginidad, para llegar a ser mujer.
Todas las pérdidas implican un duelo, que hay que vivirlo. La que más nos afecta de todas es la pérdida de un ser querido. Ese duelo, inevitable, es el más difícil de afrontar. Aún más si esa pérdida ha sido repentina, accidental, "a destiempo", como si acaso hubiese un "tiempo a punto" para despedir a quienes amamos .
"El duelo es un proceso muy complejo, único e individual así como tenemos huellas dactilares únicas, no es nada matemático", explica Rosa Mariana Brea Franco, psicóloga especializada en el manejo del dolor por pérdida, de cualquier tipo.
"Vivir es un proceso dinámico. Esto significa que, a lo largo de nuestra vida, inevitablemente tendremos momentos considerados felices, llenos de tranquilidad, de alegría y de amor; pero también viviremos momentos de miedo, de inseguridad. Sufriremos desilusiones, pena y muchas otras emociones difíciles", explica Brea Franco.
Hay situaciones más difíciles de manejar que otras, amplía.
Así como podemos manifestar una actitud pasiva ante los acontecimientos de la vida o ser muy racionales e intelectualizar la experiencia, por el contrario, podemos también vivir todos los momentos de nuestra vida a plenitud, es decir, en todas sus dimensiones, física, emocional y espiritual.
Autora del libro "El Duelo, un camino hacia la transformación", Brea Franco dice que ciertos acontecimientos suelen surgir inesperadamente como un accidente de tránsito que nos deja paralizados.
"O la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación mantenida por años, la mudanza a otro país, la percepción de nuestro envejecimiento…"
Estos acontecimientos –considera- pueden desencadenar situaciones difíciles a las que se les denomina crisis, las cuales requieren de un largo período de introspección y reevaluación de nuestra identidad, valores y creencias.
MANIFESTACIONES
Físicas. Una serie de síntomas o reacciones que se observarán en el cuerpo.
Psicológicas. Actitudes, sentimientos e ideas.
Sociales. Estas reacciones estarán íntimamente vinculadas a nuestra percepción de la pérdida.
OTROS ASPECTOS
*El duelo no es estático. Éste aparece y desaparece aun dentro del mismo proceso. Las personas lo definen como "estar montados en la montaña rusa".
*El duelo es un proceso natural. De hecho, cuando ocurre una pérdida, la ausencia de duelo es considerada una respuesta anormal.
*El duelo es individual. Pese a que las necesidades de todos los dolientes suelen ser universales, el duelo es esencialmente una experiencia única e individual.
CÓMO TRABAJAR EL DUELO
Conforme Brea Franco, todo proceso de duelo conlleva un trabajo por parte de los dolientes. Esto significa que se necesita tomar determinado curso de acción y pensamiento para integrar y resolver la aflicción.
"El trabajo de duelo abarca no sólo la adaptación a la pérdida presente sino también la renuncia a las fantasías, ilusiones y esperanzas futuras y a lo que nunca se logró".
Muchos dolientes –dice- esperan que la tristeza por la pérdida desaparezca con el tiempo, sin embargo se ha demostrado que no es así. Una muerte ocurrida hace siete años puede ser tan paralizante para un individuo como una ocurrida hace un mes.
"Lo que va a diferenciar una de otra es cómo la persona va a ir asumiendo activamente la pérdida".
Toda persona que vive una experiencia de pérdida, independientemente de que sea una muerte, enfermedad o divorcio, ha de entender que va a vivir diferentes emociones, muchas veces desconocidas y de gran intensidad.
LA NEGACIÓN ANTE UNA PÉRDIDA
"Cuando un acontecimiento irrumpe en nuestras vidas –ya sea muerte, enfermedad, divorcio u otra crisis- es inevitable que la persona descienda a otros niveles de funcionamiento más bajos que lo ordinario", explica Brea Franco.
Al principio –continúa- la persona se encontrará sumergida en un estado de shock y negación.
El shock es una respuesta normal ante un dolor impactante y abrumador. Puede durar horas y hasta días, es acompañado por una sensación de aturdimiento y pánico. Se considera que esta reacción de aturdimiento es protectora, es como una anestesia emocional que permite ir integrando la realidad de la pérdida poco a poco. El impacto se hace más agudo cuando ocurren muertes o sucesos inesperados. Algunas de estas expresiones son típicas de la etapa inicial del duelo:
"¡No puedo creerlo! ¡No es cierto que él haya muerto!" "¡Dios mío, dime que no es verdad. Esto es una pesadilla!". "¡No puedo sentir nada"!
Abunda la especialista que es normal que los dolientes perciban la presencia del ser que partió, escuchar el ruido que el hijo que murió solía hacer, oler el aroma del perfume del esposo en el baño.
"Estos fenómenos –que no son sobrenaturales- son una vía inconsciente de disminuir la pena y el dolor agobiantes por la partida del ser querido".
El comprender que esto es parte del proceso en esta etapa, ya que será algo pasajero, suele tranquilizar a los dolientes que, de momento, pueden temer hasta perder la razón, puntualiza.
"TRABAJO DE DUELO"
En esta etapa, dice, se requiere realizar un efectivo "trabajo de duelo", con las emociones, las heridas, los recuerdos. Se aprende a "dejar ir", a despedir el pasado, en un auténtico proceso de liberación.
"A medida que se va viviendo el proceso, las personas comienzan a sentir deseos de reír de nuevo, de realizar nuevos planes aunque con muchos sentimientos ambivalentes".
Las personas comprueban que pueden seguir adelante. Siempre van a ser dolientes, pero ahora con otra perspectiva. La vida recobra sentido, aunque ya no sea lo mismo que antes. Los valores cambian, sin duda se provocarán grandes transformaciones internas.
TIPOS DE PERDIDAS
Físicas. Se refieren a la pérdida de algo tangible, como un ser querido, un objeto de valor, un miembro del cuerpo.
Simbólicas. Estas son de naturaleza psicosocial, como un divorcio, la pérdida de estatus en un trabajo, o la del honor o prestigio ante una situación.
Secundarias. Son aquellas pérdidas físicas o simbólicas resultantes de otras. Por ejemplo, cuando una persona pierde a su cónyugue –pérdida física, por muerte o divorcio, pierde el estatus de casada, pierde a su amante, a su compañero o compañera, a la madre o al padre de sus hijos.
CRISIS DE TRANSICIÓN
Las crisis de transición son generadas por situaciones esperadas en todos los seres humanos "como son los cambios producidos por las etapas del desarrollo: el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la adultez, la vejez, y sus procesos de adaptación a un cuerpo que se desgasta, y a la idea de la muerte. Todas estas vivencias suponen rupturas, cambios o crisis, aunque cada persona las enfrenta de manera diferente", dice la especialista en el tema.
En cambio, las crisis accidentales se producen por situaciones inesperadas, como la incapacitación física, el desempleo, la enfermedad, el divorcio, los accidentes, la pérdida de seres queridos, las guerras u otros eventos difíciles.
"Una característica de estas crisis es que se apoyan en un factor ambiental", explica.
Asegura que toda crisis conlleva una o múltiples situaciones de pérdidas o duelos, "es importante señalar que no sólo los acontecimientos negativos pueden provocar situaciones de crisis, sino también los grandes acontecimientos de la vida considerados como gratificantes".
Entre éstos cita el matrimonio, por ejemplo, que implica un cambio total de nuestra vida, porque cuando nos casamos perdemos en gran parte la libertad de que disfrutábamos en los años de soltería. "Comenzamos a pensar como´nosotros´, más que en términos individuales".
ENFRENTANDO EL DOLOR
La determinación de la persona es fundamental para superar o no el proceso del duelo. Hay quienes, sencillamente, se quedan en el dolor, se aferran a él y algunas hasta terminan sacándole provecho, manipulando a su alrededor.
Otras, en cambio, deciden que no van a vivir el proceso de duelo y permanecen encerradas en sus cuevas, resistiendo el dolor.
"De una u otra manera, todos vamos a vivir muchos momentos difíciles, lo que varía de una persona a otra es la manera en que lo enfrentemos y si no se enfrenta tampoco se va a superar la crisis", dice Brea Franco.
El duelo se ha comparado con la Odisea de Ulises, descrita por Homero, llena de luchas internas, temores, caminos desconocidos y desconcertantes.
"Hemos sido educados para referir la palabra duelo a la pérdida por muerte de un ser querido, otros acontecimientos pueden conllevar a un proceso de duelo". El término duelo se refiere al proceso.
CUESTIONANDO A DIOS
A medida que la realidad de la pérdida es enfrentada, las personas entran en una etapa de protesta, "es cuando se empieza a recorrer el camino. Es aquí donde el dolor emocional se torna más crítico. Se trata de encontrar una lógica a lo acontecido, un porqué, se buscan respuestas espirituales, se cuestiona a Dios. Se desea cambiar el curso de lo ocurrido, las personas quieren creer que pueden transformar la realidad, lo que, como consecuencia, les genera una gran carga de angustia", dice Brea Franco.
Cuando ya la persona acepta que la pérdida es definitiva, entiende que es un hecho irreversible, sea una muerte o el diagnóstico de una enfermedad, "se trata de ir cambiando los roles anteriores y de asumir una nueva identidad. Cada vez se está más lejos de las viejas pautas de funcionamiento y se emprende un proceso de transformación", señala.
Constituye éste un momento de gran desorientación, de altas y bajas, "es difícil manejar la rutina del día".
Las relaciones sociales se vuelven muy difíciles en esta etapa. Existe mucha tensión en la pareja, con otros parientes, y la convivencia se dificulta.
"La mayoría de las veces no podemos evitar la experiencia de una pérdida, ella escapa a nuestro control. Por el contrario, recuperarnos de una situación de duelo sí conlleva tomar un curso de acción de parte nuestra. Debemos decidir si vamos a superar la situación, o si vamos a permanecer congelados para siempre en una tristeza permanente", enfatiza la especialista en el manejo del dolor por pérdida.
Volver a la vida, aceptar la pérdida y hacer las paces con ésta es siempre una elección personal. Sin embargo, este proceso no ocurrirá de golpe, habrá avances y retrocesos.
DOS LIBROS, DOS AUTORES
Titulo: El manejo del duelo. Una propuesta para un nuevo comienzo.
Autor: Santiago Rojas Posada
Grupo Editorial Norma
El autor es médico bioenergético y se ha especializado en pacientes terminales. Lo más interesante de su propuesta es el enfoque, pues tiene en cuenta todos los aspectos, el emocional, el afectivo, el psicológico, el espiritual y el físico. Es una aproximación holística a la muerte y a sus efectos.
Titulo: El Duelo, un camino hacia la transformación.
Autor: Rosa Mariana Brea Franco
Escrito en lenguaje cómodo y accesible, pero sustentado por la experiencia terapéutica de la autora y los conocimientos científicos acumulados en sus años de estudio profundo acerca de este tema, este libro puede ayudar a despejar muchos de los tabúes que envuelve el tema.
Existen pérdidas esperadas en cada persona consecuencia de los cambios naturales en su desarrollo.
Cada cambio implica, casi siempre, una pérdida.
Se precisa perder la infancia para pasar a la adultez; la adultez para llegar a la vejez, se pierde la virginidad, para llegar a ser mujer.
Todas las pérdidas implican un duelo, que hay que vivirlo. La que más nos afecta de todas es la pérdida de un ser querido. Ese duelo, inevitable, es el más difícil de afrontar. Aún más si esa pérdida ha sido repentina, accidental, "a destiempo", como si acaso hubiese un "tiempo a punto" para despedir a quienes amamos .
"El duelo es un proceso muy complejo, único e individual así como tenemos huellas dactilares únicas, no es nada matemático", explica Rosa Mariana Brea Franco, psicóloga especializada en el manejo del dolor por pérdida, de cualquier tipo.
"Vivir es un proceso dinámico. Esto significa que, a lo largo de nuestra vida, inevitablemente tendremos momentos considerados felices, llenos de tranquilidad, de alegría y de amor; pero también viviremos momentos de miedo, de inseguridad. Sufriremos desilusiones, pena y muchas otras emociones difíciles", explica Brea Franco.
Hay situaciones más difíciles de manejar que otras, amplía.
Así como podemos manifestar una actitud pasiva ante los acontecimientos de la vida o ser muy racionales e intelectualizar la experiencia, por el contrario, podemos también vivir todos los momentos de nuestra vida a plenitud, es decir, en todas sus dimensiones, física, emocional y espiritual.
Autora del libro "El Duelo, un camino hacia la transformación", Brea Franco dice que ciertos acontecimientos suelen surgir inesperadamente como un accidente de tránsito que nos deja paralizados.
"O la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación mantenida por años, la mudanza a otro país, la percepción de nuestro envejecimiento…"
Estos acontecimientos –considera- pueden desencadenar situaciones difíciles a las que se les denomina crisis, las cuales requieren de un largo período de introspección y reevaluación de nuestra identidad, valores y creencias.
MANIFESTACIONES
Físicas. Una serie de síntomas o reacciones que se observarán en el cuerpo.
Psicológicas. Actitudes, sentimientos e ideas.
Sociales. Estas reacciones estarán íntimamente vinculadas a nuestra percepción de la pérdida.
OTROS ASPECTOS
*El duelo no es estático. Éste aparece y desaparece aun dentro del mismo proceso. Las personas lo definen como "estar montados en la montaña rusa".
*El duelo es un proceso natural. De hecho, cuando ocurre una pérdida, la ausencia de duelo es considerada una respuesta anormal.
*El duelo es individual. Pese a que las necesidades de todos los dolientes suelen ser universales, el duelo es esencialmente una experiencia única e individual.
CÓMO TRABAJAR EL DUELO
Conforme Brea Franco, todo proceso de duelo conlleva un trabajo por parte de los dolientes. Esto significa que se necesita tomar determinado curso de acción y pensamiento para integrar y resolver la aflicción.
"El trabajo de duelo abarca no sólo la adaptación a la pérdida presente sino también la renuncia a las fantasías, ilusiones y esperanzas futuras y a lo que nunca se logró".
Muchos dolientes –dice- esperan que la tristeza por la pérdida desaparezca con el tiempo, sin embargo se ha demostrado que no es así. Una muerte ocurrida hace siete años puede ser tan paralizante para un individuo como una ocurrida hace un mes.
"Lo que va a diferenciar una de otra es cómo la persona va a ir asumiendo activamente la pérdida".
Toda persona que vive una experiencia de pérdida, independientemente de que sea una muerte, enfermedad o divorcio, ha de entender que va a vivir diferentes emociones, muchas veces desconocidas y de gran intensidad.
LA NEGACIÓN ANTE UNA PÉRDIDA
"Cuando un acontecimiento irrumpe en nuestras vidas –ya sea muerte, enfermedad, divorcio u otra crisis- es inevitable que la persona descienda a otros niveles de funcionamiento más bajos que lo ordinario", explica Brea Franco.
Al principio –continúa- la persona se encontrará sumergida en un estado de shock y negación.
El shock es una respuesta normal ante un dolor impactante y abrumador. Puede durar horas y hasta días, es acompañado por una sensación de aturdimiento y pánico. Se considera que esta reacción de aturdimiento es protectora, es como una anestesia emocional que permite ir integrando la realidad de la pérdida poco a poco. El impacto se hace más agudo cuando ocurren muertes o sucesos inesperados. Algunas de estas expresiones son típicas de la etapa inicial del duelo:
"¡No puedo creerlo! ¡No es cierto que él haya muerto!" "¡Dios mío, dime que no es verdad. Esto es una pesadilla!". "¡No puedo sentir nada"!
Abunda la especialista que es normal que los dolientes perciban la presencia del ser que partió, escuchar el ruido que el hijo que murió solía hacer, oler el aroma del perfume del esposo en el baño.
"Estos fenómenos –que no son sobrenaturales- son una vía inconsciente de disminuir la pena y el dolor agobiantes por la partida del ser querido".
El comprender que esto es parte del proceso en esta etapa, ya que será algo pasajero, suele tranquilizar a los dolientes que, de momento, pueden temer hasta perder la razón, puntualiza.
"TRABAJO DE DUELO"
En esta etapa, dice, se requiere realizar un efectivo "trabajo de duelo", con las emociones, las heridas, los recuerdos. Se aprende a "dejar ir", a despedir el pasado, en un auténtico proceso de liberación.
"A medida que se va viviendo el proceso, las personas comienzan a sentir deseos de reír de nuevo, de realizar nuevos planes aunque con muchos sentimientos ambivalentes".
Las personas comprueban que pueden seguir adelante. Siempre van a ser dolientes, pero ahora con otra perspectiva. La vida recobra sentido, aunque ya no sea lo mismo que antes. Los valores cambian, sin duda se provocarán grandes transformaciones internas.
TIPOS DE PERDIDAS
Físicas. Se refieren a la pérdida de algo tangible, como un ser querido, un objeto de valor, un miembro del cuerpo.
Simbólicas. Estas son de naturaleza psicosocial, como un divorcio, la pérdida de estatus en un trabajo, o la del honor o prestigio ante una situación.
Secundarias. Son aquellas pérdidas físicas o simbólicas resultantes de otras. Por ejemplo, cuando una persona pierde a su cónyugue –pérdida física, por muerte o divorcio, pierde el estatus de casada, pierde a su amante, a su compañero o compañera, a la madre o al padre de sus hijos.
CRISIS DE TRANSICIÓN
Las crisis de transición son generadas por situaciones esperadas en todos los seres humanos "como son los cambios producidos por las etapas del desarrollo: el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la adultez, la vejez, y sus procesos de adaptación a un cuerpo que se desgasta, y a la idea de la muerte. Todas estas vivencias suponen rupturas, cambios o crisis, aunque cada persona las enfrenta de manera diferente", dice la especialista en el tema.
En cambio, las crisis accidentales se producen por situaciones inesperadas, como la incapacitación física, el desempleo, la enfermedad, el divorcio, los accidentes, la pérdida de seres queridos, las guerras u otros eventos difíciles.
"Una característica de estas crisis es que se apoyan en un factor ambiental", explica.
Asegura que toda crisis conlleva una o múltiples situaciones de pérdidas o duelos, "es importante señalar que no sólo los acontecimientos negativos pueden provocar situaciones de crisis, sino también los grandes acontecimientos de la vida considerados como gratificantes".
Entre éstos cita el matrimonio, por ejemplo, que implica un cambio total de nuestra vida, porque cuando nos casamos perdemos en gran parte la libertad de que disfrutábamos en los años de soltería. "Comenzamos a pensar como´nosotros´, más que en términos individuales".
ENFRENTANDO EL DOLOR
La determinación de la persona es fundamental para superar o no el proceso del duelo. Hay quienes, sencillamente, se quedan en el dolor, se aferran a él y algunas hasta terminan sacándole provecho, manipulando a su alrededor.
Otras, en cambio, deciden que no van a vivir el proceso de duelo y permanecen encerradas en sus cuevas, resistiendo el dolor.
"De una u otra manera, todos vamos a vivir muchos momentos difíciles, lo que varía de una persona a otra es la manera en que lo enfrentemos y si no se enfrenta tampoco se va a superar la crisis", dice Brea Franco.
El duelo se ha comparado con la Odisea de Ulises, descrita por Homero, llena de luchas internas, temores, caminos desconocidos y desconcertantes.
"Hemos sido educados para referir la palabra duelo a la pérdida por muerte de un ser querido, otros acontecimientos pueden conllevar a un proceso de duelo". El término duelo se refiere al proceso.
CUESTIONANDO A DIOS
A medida que la realidad de la pérdida es enfrentada, las personas entran en una etapa de protesta, "es cuando se empieza a recorrer el camino. Es aquí donde el dolor emocional se torna más crítico. Se trata de encontrar una lógica a lo acontecido, un porqué, se buscan respuestas espirituales, se cuestiona a Dios. Se desea cambiar el curso de lo ocurrido, las personas quieren creer que pueden transformar la realidad, lo que, como consecuencia, les genera una gran carga de angustia", dice Brea Franco.
Cuando ya la persona acepta que la pérdida es definitiva, entiende que es un hecho irreversible, sea una muerte o el diagnóstico de una enfermedad, "se trata de ir cambiando los roles anteriores y de asumir una nueva identidad. Cada vez se está más lejos de las viejas pautas de funcionamiento y se emprende un proceso de transformación", señala.
Constituye éste un momento de gran desorientación, de altas y bajas, "es difícil manejar la rutina del día".
Las relaciones sociales se vuelven muy difíciles en esta etapa. Existe mucha tensión en la pareja, con otros parientes, y la convivencia se dificulta.
"La mayoría de las veces no podemos evitar la experiencia de una pérdida, ella escapa a nuestro control. Por el contrario, recuperarnos de una situación de duelo sí conlleva tomar un curso de acción de parte nuestra. Debemos decidir si vamos a superar la situación, o si vamos a permanecer congelados para siempre en una tristeza permanente", enfatiza la especialista en el manejo del dolor por pérdida.
Volver a la vida, aceptar la pérdida y hacer las paces con ésta es siempre una elección personal. Sin embargo, este proceso no ocurrirá de golpe, habrá avances y retrocesos.
DOS LIBROS, DOS AUTORES
Titulo: El manejo del duelo. Una propuesta para un nuevo comienzo.
Autor: Santiago Rojas Posada
Grupo Editorial Norma
El autor es médico bioenergético y se ha especializado en pacientes terminales. Lo más interesante de su propuesta es el enfoque, pues tiene en cuenta todos los aspectos, el emocional, el afectivo, el psicológico, el espiritual y el físico. Es una aproximación holística a la muerte y a sus efectos.
Titulo: El Duelo, un camino hacia la transformación.
Autor: Rosa Mariana Brea Franco
Escrito en lenguaje cómodo y accesible, pero sustentado por la experiencia terapéutica de la autora y los conocimientos científicos acumulados en sus años de estudio profundo acerca de este tema, este libro puede ayudar a despejar muchos de los tabúes que envuelve el tema.
Diario Libre

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