×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
revista

Talanquera, donde se siente el mar

Freddy Ginebra rememora los primeros años de Talanquera, que ahora queda en medio de dos mundos.

Expandir imagen
Talanquera, donde se siente el mar
Está a seis kilometros del mar. Sigues la carretera de San Pedro y la propiedad queda paralela a las playas de Juan Dolio. Doblas a la izquierda donde está el letrero, debes de ir despacio o si no te pasas. Así llegábamos antes, cuando el eslogan de venta era "en Talanquera se siente el mar" a 67 centavos el metro cuadrado.

Al principio éramos mas de veinte los que teníamos nuestras casas en el lugar. Con los años, de repente, un día tuvimos un club, "El Corozo", con piscina, canchas de tenis y una caballeriza donde mis hijos pequeños echaban el día creyéndose jinetes del viejo inexistente Oeste dominicano. También estaban las cuevas sobre las cuales contaba en pura versión libre, ausente de veracidad histórica, que los indios se escondían de los conquistadores para salvar sus vidas. Murciélagos y cacatas, pequeñas culebritas verdes y uno que otro ciempiés fueron descubiertos en nuestras largas caminatas donde, envueltos en un color rojizo producido por la tierra del lugar, teñíamos nuestras ropas.

Cuaresma era sinónimo de chichiguas. El viento seco y caliente, las noches frías y con un cielo envidiable cubierto de rutilantes estrellas, que de sólo mirarlas se nos llenaban los ojos de luz. El silencio sólo interrumpido por grillos y uno que otro gallo al amanecer.

Contemplar las estrellas era parte del rito de la noche. Todo tipo de historias se tejían. Las de muertos que regresan, la ciguapa, la del indio en pena buscando quién le cortó la cabeza...

Un ciclón arrancó los techos y muchos de los sueños de los habitantes de Talanquera. Las casas y los árboles fueron arrrancados y una furiosa maleza cubrió las parcelas con yerba mala y espinas. Solo quedamos algunos sobrevivientes. Luego, en parte de los terrenos, surgió Guavaberry. Un moderno resort con aire internacional y un imponente campo de golf. Una casa club que no tiene nada que envidiar a los grandes clubes de la zona y un club de playa donde piscina y playa se combinan para dar a quien lo visite todo el confort caribeño.

Frente a mi cabaña la verja que nos divide.

Los Conucos es un poblado de no más de 2,000 habitantes que circunda nuestro lugar. Una sola calle poblada de colmados, bares y templos, donde la bachata se combina con el evangelio del día.

Los domingos, sus habitantes en sus mejores galas se sientan en las puertas de sus casas, cerveza o ron en mano a celebrar la vida. Una bachata se mezcla con otra interrumpida a veces por el eco de las bolas de una mesa de billar. Talanquera queda en medio de esos dos mundos.

Interesante, ¿verdad?