Tata Guines toca congas en el cielo

SANTO DOMINGO "Tata Güines toca bien mientras está sobrio. Si lo dejas que se dé un trago, se fastidia la cosa", me dijo alguien y yo se lo iba a comentar a José Antonio Rodríguez, quien lo invitó a que viniera a tocar en el ya cercano II Festival Internacional de Percusión, al cual vendrán invitados también los ya no muchachos de Vocal Sampling, entre otros.
Tata Güines, quien se acaba de ir a los 77 años de edad, en La Habana, ya no vendrá. Ahora toca las congas en el cielo, e imagino que esté echando un mano a mano con Patato Valdez, que murió hace pocos días en Filadelfia. Tata Güines falleció a las 4:00 de la madrugada del día 4 de febrero, de una infección renal.
Tata era un mito de los cueros. Tocaba las tumbadoras con las uñas, y hasta llegó a tener una marca con su nombre.
Nacido el 30 de junio de 1930, en el poblado de Gúines, de donde tomó su apodo, se llamaba Arístides Soto Alejo. De oficio zapatero, tocaba el bajo, que nunca dejó de tocar, y sobre todo las congas de las cuales se convirtió en una leyenda. Decía que había aprendido a tocar por radio. "nos guiábamos por radio, en los años cuarenta. Entonces no había profesores de música en mi pueblo".
Había comenzado su vida artística en 1943, tocando el bongó y el contrabajo en la agrupación Ases del Ritmo. Por aquella época, mientras los demás músicos viajaban dentro de un auto, los percusionistas viajaban en el guardalodos de los carros.
Tales eran los prejuicios. A los 14 años conoció a Chano Pozo, por esa época ya tocaba con la Orquesta de Fajardo. AL Benny Moré lo conoció en el 58, mientras tocaba en el Palladium de Nueva York.
En 1957 había viajado a Estados Unidos, presentándose con Dizzie Gillespie en el Waldorf Astoria. En 1959 regresó a La Habana. Tocó con el grupo de jazz de Frank Emilio y años después formó su propia agrupación.
Desde la década del cincuenta del pasado siglo le dio color al modo de acometer los ritmos. Luego ha grabado con decenas de grandes figuras cubanas y hasta con la Orquesta Sinfónica Nacional. En los años sesenta se hicieron populares sus temas "Perico no llores más" y "mami, dame mantecao".
Hace poco, un periodista español le entrevistó y le preguntó sobre los jóvenes músicos cubanos. Su respuesta fue contundente: "Porque la juventud está en otra cosa. Ellos hoy ya tocan un poquito y piensan que son estrellas y se la saben todas.
No piensan en la manera de estudiar todos los géneros como hicimos nosotros. Nosotros lo hacíamos todo, hasta cantábamos para vivir, y eso fue un aprendizaje intensísimo.
Las orquestas de los cuarenta y cincuenta fueron enriqueciendo sus formatos y buscando sus timbres
particulares, caminabas y sabías por el radio quien estaba tocando. Hoy todo el mundo suena igual, no los distingues ni por los mismos cantantes".
Había participado en el disco Lágrimas negras, de Diego el Cigala y Bebo Valdéz. En 1980 puso de pie el Palacio de los Congresos de Moscú con su intervención junto a la Orquesta de Música Moderna. En el 2006 recibió el Premio Nacional de la Música, así como el Diploma al Mérito Artístico del Instituto Superior de Arte, ISA, de La Habana, su nombre artístico fue adoptado por una marca de tambor de la fábrica de instrumentos musicales de Cuba. Había participado en tres discos que ganaron Premios Grammy: "Lágrimas negras" (2004), "La rumba soy yo" (2000) y "Cuban Odyssey" (2003).
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones