Terapia, una obra teatral que reivindica el humor dominicano
El Festival Teatral “Lo que parió el Bobo” presentó esta obra de jueves a domingo, dramaturgia del argentino Martin Giner, dirigida por Noel Ventura, actuaciones de Isaac Núñez y Noel Ventura

Margaret Sosa
SANTO DOMINGO. La tragedia de lo cómico en República Dominicana, nos ha llevado a creer erróneamente; que la comedia es un arte estéticamente fácil; la mediocridad con que ha sido tratado este género, sobre todo en medios masivos como el cine y la televisión, han desprestigiado en nuestro país, un arte ancestral y noble como es el humor.
Sin embargo, la poca credibilidad resultante de muchos años de abuso en materia textual y visual del quehacer humorístico nacional; quien más caro lo ha pagado es el teatro. Pues a pesar de que es el género al que más personas asisten, también es al que más teatristas reniegan.
No es raro que un grupo de personas entiendan la comedia como un arte que mera y simplemente hace reír; lo extraordinario es observar que cuando la comedia alcanza su categoría de arte adquiere con esta, una profundidad compleja que al mismo tiempo que cumple la función de entretener, pone a su auditorio a reflexionar de una forma sutil pero efectiva para sus creadores. Esta, durante siglos ha sido la clave de los verdaderos humoristas, trabajar la Psiquis de los espectadores, manipular de forma creativa el subconsciente de los mismo, haciéndoles reír con temas trágicos como el existencialismo humano, la desgracia, la muerte, incluso con temas netamente serios como las creencias ideológicas y religiosas.
“Lo cómico es simplemente una forma divertida de ser serios.” Dice Peter Ustinov. Cita con la cual enlazo lo antes dicho para entrar en materia con la obra Terapia.
Es fascinante poder observar una pieza teatral orientada en la comedia con halo de humor negro y otro tanto matiz ‘absurdista’. Una obra, que pone de manifiesto precisamente la nobleza de lo cómico a través de símbolos minimalistas, un cauteloso manejo de la expresión corporal y un acertado diseño de los espacios escénicos visibles e invisibles la trama. Personajes construidos desde el cuerpo y las posibilidades histriónicas de ambos actores, gestos y miradas casi imperceptibles que se perciben maquinadas, programadas, planificadas por qué no, con la intensión de provocar, lo cual le quita el estigma a la comedia nacional, de ser siempre improvisada y producida con el fin nada estético del arte, que es el panfleto.
La comedia se sustenta con la tensión, el conflicto es constate y sostenido, la visual levantada sobre los colores blanco y negro es sin embargo, una propuesta de múltiples posibilidades que invita a imaginar a través de las sensaciones que produce, el mundo interior de los personajes visibles, que a su vez es el mundo exterior de los personajes invisibles que pasan a ser los visibles personajes que constituyen los espectadores.
Es una obra pensada por y para los espectadores, una buena comedia no podría ser de otra manera, es quizás por esto que la complicidad entre actores y espectadores, aniquila con sutileza la pared invisible propuesta técnicamente por el director, lo saludable, es que la obra no se ve afecta negativamente por este sublime rompimiento, pues nace naturalmente de la necesidad satisfecha del foro.
La iluminación y musicalización aunque poco suman, nada restan, al tratarse de una obra donde la interpretación de un buen texto capturó desde el primer momento la atención de los presentes. La sincronización de los efectos sonoros también logró sorprender y jugar con la verdad escénica.
El paralelismo cargado de mensajes subliminales propuesto con el uso de la utilería, le da una multiplicidad de lecturas al discurso del espectáculo, que termina siendo un reflejo de la sociedad postmoderna, donde un individuo se cree tanto lo que no es, que llega a pensar que es lo que nunca ha sido.
El fin último de la comedia es sorprender, siguiendo este parámetro, al final de esta obra el director basado en el texto sorprende con un final feliz, no feliz, que arranca aplausos de felicidad al público, no como un resultado de algo cómico arrastrado por los pelos, más bien, como un regalo de agradecimiento por haber logrado el acto de hacer trascender la tragedia humana al elevado nivel del humor.
Diario Libre
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