Una madre: espejo y revolución de un arquetipo
La obra fue vista en el festival “Lo que Parió el Bobo”, creado por Teatro Guloya para favorecer los actores jóvenes y la joven crítica teatral.

José Emilio Bencosme Zayas
SANTO DOMINGO. Poco se conoce en República Dominicana sobre los hechos violentos perpetrados en Italia por el grupo de lucha revolucionaria armada conocida como las Brigadas Rojas. Poco nos suenan los nombres de Carlo Fioroni, Roberto Sandalo y Antonio Savasta que como parte de ese grupo extremista italiano infundieron terror en los años 70 e inicio de los 80. Poco sabemos de la represión de los carabineros frente a los comunistas italianos durante la Guerra Fría. Poco sabemos de muchas de las cosas enunciadas y denunciadas en el texto de Franca Rame y Darío Fo cuya virtud dramática siempre residió en el tocar los temas controversiales de su contexto social y político. Poco importa saberlo. Lo que vuelve universal a la obra de esta pareja de teatristas italiana es su capacidad de transgresión de las fronteras temporales y geográficas para que se resignifiquen en el contexto en que sea necesario.
Ingrid Luciano, como directora, se enfrenta al riesgo de asumir un texto cuyo referente social directo no tiene relación con nuestra realidad pero que, si miramos dos veces, nos arroja lecturas muy cercanas e impactantes de la sociedad en que vivimos. El idealismo revolucionario, la represión política, la asimilación y cooptación de los líderes opositores, la descomposición social por el narcotráfico... todos temas que se enuncian textualmente y nos hablan por el desencanto político manifestado en las nuevas generaciones.
Ahora bien, el tema que sugiere el texto y que sobresale en la puesta en escena es una voz femenina y feminista que deconstruye la visión patriarcal y estereotipada del arquetipo de la madre. Todo esto a través de la presencia y ejecución de Robelitza Pérez que presta su cuerpo para jugar a contarnos una historia y que nos permite conectar con las vivencias de una madre que sufre el golpe de una noticia terrible perpetrada por su hijo. Si bien, pareciera que el tono y la temática se acercarían a lo trágico, la construcción escénica busca aliviar esta carga con el humor negro que la actriz propicia en su expresión corporal y vocal del texto.
Contar una historia desde lo simple y tratar de ser lo más contundente que se pueda en el mensaje que se comunica es un gran reto para los teatristas de nuestro patio. Es por esto que, sin pretender diseccionar como taxonomista la puesta en escena, podemos ver cómo los elementos dispuestos de una silla, dos telas, un aerosol y una boina reversible sirven para contar la historia completa que nos presentan. El uso de los elementos de manera polisémica hace que la historia fluya como ocurre en los buenos monólogos. Algunas propuestas que desde mi postura y atrevimiento me atrevería a sugerir es que el relato se construya sin necesidad de entrar o sacar elementos de la escena para que la anécdota visual se mantenga y sostenga de principio a fin con lo que el espectador tiene a su alcance desde el inicio.
La escena y sus elementos
La escena está construida desde las disociaciones que se manifiestan en los elementos y sus relaciones. Esto puede ser visto en la composición inicial: la silla y su pasividad frente a la tela roja, color de la acción y la pasión, que adquirirá vida para contar el relato. El rojo es un color muy relevante para la puesta en escena tanto por su significación revolucionaria como por lo que anticipa del final. Esta disociación refiere al punto de inspiración brechtiana que se respira en el montaje tratando de lograr un distanciamiento entre las formas cotidianas y las formas escénicas en un teatro comprometido para que el público reflexione sobre lo que se le presenta.
El vestuario en su concepción indica una ruptura y un distanciamiento con la visión de la feminidad tradicional. No es que la madre sea ‘amachada’ es que el vestuario es usado como un recurso de crítica para manifestar su carácter performativo. La madre se interesa en la política y viste como hombre porque en este hecho simple se manifiesta un discurso político feminista que cuestiona cómo se han construido las relaciones de poder y los roles sociales establecidos por el género. El universalismo de la relación madre-hijo se desnuda y nos despierta muchas preguntas.
En Robelitza Pérez se percibe la técnica de una actriz de formación que busca la precisión y la perfección en su desplante escénico, orgánica dentro de las formas visuales propuestas y con una presencia escénica que sostiene al espectador en los casi cincuenta minutos que dura la obra. Si bien hay recursos que para algunos creadores caen dentro del cliché, estos hacen que se genere una relación comunicativa que contribuye al sentido general de la propuesta y reafirman la limpieza de un montaje sin grandes pretensiones pero de mucha fuerza.
Al final el silencio
El trabajo en conjunto de la dirección escénica y el trabajo de la actriz deben buscar el perfeccionamiento del ritmo en la primera etapa de la obra para el mayor disfrute de la actriz en su ejecución y también para una mejor apreciación por parte del público de las imágenes y momentos planteados. Esto es: el manejo de la velocidad de la expresión vocal y sus pausas, la selección cromática y los momentos de su uso, los recursos sonoros súbitos y la calma y relajación que debe manifestar la actriz en el momento de ruptura de la ficción cuando se quiere revelar como ella misma para recordarnos que lo que estamos viendo es teatro y que lo que ocurre en escena no está muy lejos de las situaciones que ocurren fuera de ese espacio.
Qué tanto conocemos del terrorismo o de la política no es lo que importa en el montaje propuesto. Lo que tiene relevancia es ver cuáles son los roles sociales y preconceptos de lo femenino desde la maternidad, denunciados por el personaje, y la normalización de ciertas conductas sociales violentas que se nos muestran con sutileza.
Producciones Pavo Real de la mano de Ingrid Luciano y a través de Robelitza Pérez nos recuerdan que el teatro es un espacio de crítica que puede ser realizado desde el disfrute y el gozo y que se puede hacer un teatro comprometido sin llegar a lo panfletario; que se puede hacer un teatro que deje una huella en los espectadores, como el silencio que queda a veces en el público al finalizar la puesta en escena.
Diario Libre
Diario Libre