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Temporada de nieve

Vivir las cuatro estaciones del año como se describe en los libros es definitivamente una aventura digna de contar.

BARCELONA. La primavera nos regala el despertar de la naturaleza; el verano caluroso con un brillante cielo azul y el otoño que realiza cambios de colores indicándonos el acercamiento del invierno blanco, silencioso y frío, que nos provoca la tentación de callejear por esos lugares nevados que se convierten realmente en un privilegio para tus ojos, sobre todo cuando resguardas en tus venas el mar azul, las palmeras, cocotales y el ardiente sol caribeño.

Encontrarte encima de las montañas blancas a 0 grados o menos, te genera una sensación de ensueño. Nubes galopando a tu lado, un fondo blanco puro rodeado de pinos muy verdes, un cielo adornado por un sol brillante que colabora para calentarte y contrarrestar las bajas temperaturas. Son los contrastes que se suelen apreciar a sólo unos kilómetros de la majestuosa Ciudad Condal (Barcelona) en esta época del año.

Desde que abren las pistas de esquí, que suele ser en diciembre, es la excusa ideal para descubrir estos paisajes copados de nieve del pirineo catalán, donde no sólo disfrutas del deporte en su máxima expresión, sino de su alhaja más cautivante. Me refiero a su gente sencilla, genuina, alegre y hospitalaria que te acoge a través de su típica gastronomía montañesa, como son: la "olla aranesa" (caldo con caracoles de pasta), el "civet de senglar" (cocido de carne de jabalí) o cualquiera de los platos que se denominan de mar y montaña, que te regalan su tradición y convierten tu experiencia en algo inolvidable.

Port Ainé, Baqueira-Beret, La Molina, Port del Comte o Andorra son ejemplos de los destinos que puedes elegir, próximos a Barcelona, y donde podrás encontrarte, sin hacer mucho esfuerzo, personajes de la realeza española o famosos conocidos de la prensa del corazón.

Y como regla básica, luego de una jornada de esquí, las tendencias te invitan a pasear por los escaparates de las tiendas, mientras otros se dedican a relajarse y descansar en uno de los centros termo-lúdicos (como el de Caldea, en Andorra). Luego, por la noche, visitar un punto de encuentro y maravillarte de los distintos ambientes mágicos donde te puedes deleitar con una buena cena: el restaurante Albus de Rialp o tomarte una copa en los bares de la zona, es verdaderamente relajante.

Todo esto que les he contado es un argumento más que hace a Barcelona especial. Disfrutar por su proximidad de estos destinos de alta montaña y poder cambiar rápidamente de paisaje y de clima en tan solo dos horas, convierten estas escapadas de fin de semana en inolvidables. Un beso a mi malecón. Adeu.