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Transformers 4

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Transformers 4
Una escena de la película.

"Transformers 4: La Era de la Extinción" no es una película. Me niego llamarle arte a ese bodrio mediocre, manipulador, efectista y ladino que pretenden empujarnos por salvas sean las partes. Pertenece a ese pseudogénero, donde la violencia por la violencia es lo que atrae.

Casi no hay un minuto que pase sin que haya algún acto de violencia. Lo peor de todo es ver en las salas a niños pequeñitos tan entusiasmados, que hasta en uno que otro momento se admiran cuando el viejo camión se transforma en un reluciente y poderoso vehículo, o cuando los buenos ganan a los malos, siempre con muchos tiros, muchos golpes y muchas balas.

Hong Kong y Beijing fueron las ciudades chinas que sirven de escenografía a la mitad de esto que dirigió Michael Bay, a quien una agencia turística está demandando ahora por haberse sanfinflado US$1.6 millones que le habían dado para que apareciera el sitio histórico de Wulong, según The Hollywood Reporter.

Cintas como ésta quitan la moral, y las herramientas para criticar a los directores criollos, porque en algunas de sus películas las marcas patrocinadoras se anuncian al descaro, sin la menor sutileza. Pero "Transformers 4" es el colmo.

Es cierto que la calidad de imagen y los efectos digitales son de un vanguardismo que aplasta por momentos. Los despliegues tecnológicos y lo futurista de los autos entre otros elementos, pueden ser una ventanita al futuro. Pero Optimus Prime y los Autobots parecen ser de una ingenuidad de muñequitos, cuando en realidad son más peligrosos en las mentes infantiles que todas las películas de cowboys que se hicieron en la historia. La lucha contra el mal, bla bla bla, no justifica tanto daño en los niños. ¡Atención padres!