Trastorno impide a muchos hombres expresar afectos
Suele ocasionar disfunción sexual

Santo Domingo. Desde su niñez, Richard fue un niño solitario, poco expresivo y menos cariñoso. Ya adulto, nunca pudo socializar con sus amigos, familiares ni compañeros de trabajo. Cuando se casó, la situación se mantuvo. Su esposa no resistió la falta de afecto y le planteó el divorcio. Abatido por el abandono, decidió, por fin, buscar ayuda. En la consulta del psicólogo supo por primera vez que padecía Alexitimia Masculina Normativa, un trastorno que le impedía expresar con palabras o acciones sus emociones.
Rafael Nadal, psicólogo y terapeuta familiar, explica que esa incapacidad de muchos hombres para comunicar sus emociones se da con frecuencia por los roles de géneros aprendidos: "Tradicionalmente el hombre ha sido educado para inhibir sus emociones; la mujer, en cambio para ser afectiva, sumisa y complaciente, aunque eso está cambiando y, como tal, se están evidenciando trastornos afectivos que antes eran comunes a los hombres".
El trastorno, según Nadal, muy dominante, se origina en el proceso de socialización del rol de género. Surge en el hogar, en grupos de compañeros, en el terreno laboral, en el sistema familiar y cuando los padres o las figuras dominantes que tienen un significado muy especial para el varón, comunican a sus hijos, por medios de palabras y acciones, mensajes como que los niños no lloran o que los hombres de verdad son fuertes.
"Eso se va absorbiendo, creando mayores distancias a nivel social, familiar y laboral, porque ese tipo de hombre siempre está callado, no demuestra en ningún momento si está alegre o triste, porque es incapaz de expresar lo que siente", apunta el profesional.
Quien sufre este trastorno, no muestra ni siquiera su amor, aunque lo sienta por su pareja y, por tanto, en la sexualidad es disfuncional, "porque uno de los requisitos para enriquecer la sexualidad es la afectividad, cuando no se expresa con caricias y palabras lo que se siente, el sexo se vuelve frío y de poca calidad".
Como consecuencia, el hombre que padece el trastorno se vuelve depresivo, porque se subestima mucho, su autoestima es muy baja y tiene una distorsión cognitiva en su proceso de manejar la información y proyectarla: se ve como una persona incapacitada para enlazarse sentimentalmente con otra. También tiene miedo al rechazo y su incapacidad de salir de la situacion le crea impotencia y ansiedad, explica Nadal.
Estas personas tampoco abrazan a sus hijos ni les dicen cuánto los quieren, igual ocurre con el resto de la familia,
En el trabajo es una persona callada, tiene poco contacto con sus compañeros, en las fiestas se aisla y no participa en ningún tipo de actividad donde tenga que demostrar sus emociones o interactuar.
La psicología cognitiva trabaja este trastorno con programas terapéuticos. "Las personas -apunta Nadal-, suelen buscar ayuda cuando toda su vida se ve afectada, se siente fuera de grupo y esto le provoca un desajuste o, cuando su pareja, con quien había creado una dependencia emocional, rompe la relación, hastiada de la falta de afecto.
Rafael Nadal, psicólogo y terapeuta familiar, explica que esa incapacidad de muchos hombres para comunicar sus emociones se da con frecuencia por los roles de géneros aprendidos: "Tradicionalmente el hombre ha sido educado para inhibir sus emociones; la mujer, en cambio para ser afectiva, sumisa y complaciente, aunque eso está cambiando y, como tal, se están evidenciando trastornos afectivos que antes eran comunes a los hombres".
El trastorno, según Nadal, muy dominante, se origina en el proceso de socialización del rol de género. Surge en el hogar, en grupos de compañeros, en el terreno laboral, en el sistema familiar y cuando los padres o las figuras dominantes que tienen un significado muy especial para el varón, comunican a sus hijos, por medios de palabras y acciones, mensajes como que los niños no lloran o que los hombres de verdad son fuertes.
"Eso se va absorbiendo, creando mayores distancias a nivel social, familiar y laboral, porque ese tipo de hombre siempre está callado, no demuestra en ningún momento si está alegre o triste, porque es incapaz de expresar lo que siente", apunta el profesional.
Quien sufre este trastorno, no muestra ni siquiera su amor, aunque lo sienta por su pareja y, por tanto, en la sexualidad es disfuncional, "porque uno de los requisitos para enriquecer la sexualidad es la afectividad, cuando no se expresa con caricias y palabras lo que se siente, el sexo se vuelve frío y de poca calidad".
Como consecuencia, el hombre que padece el trastorno se vuelve depresivo, porque se subestima mucho, su autoestima es muy baja y tiene una distorsión cognitiva en su proceso de manejar la información y proyectarla: se ve como una persona incapacitada para enlazarse sentimentalmente con otra. También tiene miedo al rechazo y su incapacidad de salir de la situacion le crea impotencia y ansiedad, explica Nadal.
Estas personas tampoco abrazan a sus hijos ni les dicen cuánto los quieren, igual ocurre con el resto de la familia,
En el trabajo es una persona callada, tiene poco contacto con sus compañeros, en las fiestas se aisla y no participa en ningún tipo de actividad donde tenga que demostrar sus emociones o interactuar.
La psicología cognitiva trabaja este trastorno con programas terapéuticos. "Las personas -apunta Nadal-, suelen buscar ayuda cuando toda su vida se ve afectada, se siente fuera de grupo y esto le provoca un desajuste o, cuando su pareja, con quien había creado una dependencia emocional, rompe la relación, hastiada de la falta de afecto.
Diario Libre
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