Usos y abusos de los nombres científicos
De cómo algunos científicos abusan del poder del conocimiento

Parque Zoológico, Santo Domingo. Hago siempre estas preguntas a mis estudiantes, al inicio del curso de conducta animal en la UASD: ¿Qué es un bigañuelo? ¿Qué es un jarrierito? ¿Qué es un surito?
El número de manos levantadas en cada caso va a depender de la región de procedencia de los estudiantes o de sus padres. Quedan perplejos cuando les digo que se trata de tres nombres distintos para un solo ratón verdadero, pues el animal designado con esos nombres que varían en cada región no es otro que el Mus musculus, el ratoncito casero que tanto odian las amas de casa y que la literatura y el cine han idealizado, a pesar de ser una plaga verdaderamente dañina.
Los que conocen los bigañuelos son casi siempre cibaeños. Los de la Capital y el Sur cercano están familiarizados con la palabra "jarrierito". A los suritos sólo lo conocen los nacidos en el Sur profundo y en otras zonas fronterizas, pues la palabra nos viene del francés souris, que significa ratón en la melodiosa lengua de Brigitte Bardot. Nunca he podido dar con la etimología de la palabra bigañuelo, por lo que apreciaría grandemente la colaboración de mis amables lectores al respecto.
A veces sucede lo contrario y les dan el mismo nombre a dos animales distintos. Por ejemplo, una garza nocturna que en gran parte del país llaman Rey Congo, se conoce como Yaboa en el Este de la República, un nombre común que nos llegó de Puerto Rico en tiempos remotos, cuando éramos nosotros los prósperos y felices y las yolas cruzaban el Canal de la Mona de Este a Oeste repletas de nuestros hermanos borinqueños. La segunda ave más pequeña del mundo (Mellisuga minima) es llamada Chinchilín en Ocoa y Zumbadorcito o Picaflor en el resto del país. El ave que llamamos Ruiseñor en Quisqueya, se llama Sinsonte en Cuba, palabra indígena que quiere decir muchas "voces", pues los taínos ya habían notado que imitan el sonido de otros pájaros, conducta que se alude en su nombre científico (Mimus polyglottos), que viene a ser algo así como "Bufeador políglota".
La función de los nombres
Esa es la función principal de los nombres científicos: crear nombres que sean siempre los mismos para todo el mundo, al margen de la lengua o la cultura. Abundan las anécdotas originadas entre confusiones y equívocos respecto a los nombres científicos.
Una estudiante de Biología de la UASD se excusaba con su profesora porque no había logrado el cultivo de Drosophila Melanogaster que ella le había encargado, pues aunque puso un frasco con frutas no atrajo ninguna, ya que el frasquito se llenó de Mimes. Ignoraba ella que su maestra se refería al mismo animal, aunque con otro nombre.
En una ocasión descubrí un par de Cuyayas que exhibían en una tienda de Santo Domingo, lo que es ilegal en nuestro país. Llamé desde allí mismo al Departamento de Vida Silvestre y reporté la violación. Como uno de los empleados se me acercó con suspicacia, enmascaré la denuncia en estos términos: "Don Tomás Vargas, en esta tienda hay dos hermosos Falco sparverius que estoy seguro que te van a gustar". Horas más tarde las aves fueron decomisadas. En este caso, el nombre científico sirvió más para confundir que para comunicar.
A pesar de la importancia de los nombres técnicos, es indudable que muchos científicos abusan de ellos, a veces por pedantería o por hacer sentir miserables a sus congéneres, presentándose como poseedores de un conocimiento que sólo dominan un grupo de iluminados, y usan estos términos fuera de contexto y de forma muchas veces innecesaria.
Se queja el escritor y físico argentino Ernesto Sábato, que teniendo el idioma español una palabra tan linda como "lluvia" los meteorólogos prefieran usar expresiones tales como "precipitaciones pluviales" que sólo le agregan fealdad a la eterna "lluvia minuciosa".
En ocasiones, el vocablo científico no sólo confunde sino que aterra. Una vez asistí a una charla sobre los anfibios de nuestra isla, y el conferencista nos amenazaba con el título de la próxima diapositiva: "Bufo marinus en su fase ventral". Segundos más tarde, cuando todos esperábamos, aterrados, ver aparecer un agresivo animal prehistórico, la pantalla se iluminó con la imagen más bien bonachona de un "Maco Pempén boca arriba", que es el equivalente en cristiano de la expresión usada por el científico.
destra@tricom.net
El número de manos levantadas en cada caso va a depender de la región de procedencia de los estudiantes o de sus padres. Quedan perplejos cuando les digo que se trata de tres nombres distintos para un solo ratón verdadero, pues el animal designado con esos nombres que varían en cada región no es otro que el Mus musculus, el ratoncito casero que tanto odian las amas de casa y que la literatura y el cine han idealizado, a pesar de ser una plaga verdaderamente dañina.
Los que conocen los bigañuelos son casi siempre cibaeños. Los de la Capital y el Sur cercano están familiarizados con la palabra "jarrierito". A los suritos sólo lo conocen los nacidos en el Sur profundo y en otras zonas fronterizas, pues la palabra nos viene del francés souris, que significa ratón en la melodiosa lengua de Brigitte Bardot. Nunca he podido dar con la etimología de la palabra bigañuelo, por lo que apreciaría grandemente la colaboración de mis amables lectores al respecto.
A veces sucede lo contrario y les dan el mismo nombre a dos animales distintos. Por ejemplo, una garza nocturna que en gran parte del país llaman Rey Congo, se conoce como Yaboa en el Este de la República, un nombre común que nos llegó de Puerto Rico en tiempos remotos, cuando éramos nosotros los prósperos y felices y las yolas cruzaban el Canal de la Mona de Este a Oeste repletas de nuestros hermanos borinqueños. La segunda ave más pequeña del mundo (Mellisuga minima) es llamada Chinchilín en Ocoa y Zumbadorcito o Picaflor en el resto del país. El ave que llamamos Ruiseñor en Quisqueya, se llama Sinsonte en Cuba, palabra indígena que quiere decir muchas "voces", pues los taínos ya habían notado que imitan el sonido de otros pájaros, conducta que se alude en su nombre científico (Mimus polyglottos), que viene a ser algo así como "Bufeador políglota".
La función de los nombres
Esa es la función principal de los nombres científicos: crear nombres que sean siempre los mismos para todo el mundo, al margen de la lengua o la cultura. Abundan las anécdotas originadas entre confusiones y equívocos respecto a los nombres científicos.
Una estudiante de Biología de la UASD se excusaba con su profesora porque no había logrado el cultivo de Drosophila Melanogaster que ella le había encargado, pues aunque puso un frasco con frutas no atrajo ninguna, ya que el frasquito se llenó de Mimes. Ignoraba ella que su maestra se refería al mismo animal, aunque con otro nombre.
En una ocasión descubrí un par de Cuyayas que exhibían en una tienda de Santo Domingo, lo que es ilegal en nuestro país. Llamé desde allí mismo al Departamento de Vida Silvestre y reporté la violación. Como uno de los empleados se me acercó con suspicacia, enmascaré la denuncia en estos términos: "Don Tomás Vargas, en esta tienda hay dos hermosos Falco sparverius que estoy seguro que te van a gustar". Horas más tarde las aves fueron decomisadas. En este caso, el nombre científico sirvió más para confundir que para comunicar.
A pesar de la importancia de los nombres técnicos, es indudable que muchos científicos abusan de ellos, a veces por pedantería o por hacer sentir miserables a sus congéneres, presentándose como poseedores de un conocimiento que sólo dominan un grupo de iluminados, y usan estos términos fuera de contexto y de forma muchas veces innecesaria.
Se queja el escritor y físico argentino Ernesto Sábato, que teniendo el idioma español una palabra tan linda como "lluvia" los meteorólogos prefieran usar expresiones tales como "precipitaciones pluviales" que sólo le agregan fealdad a la eterna "lluvia minuciosa".
En ocasiones, el vocablo científico no sólo confunde sino que aterra. Una vez asistí a una charla sobre los anfibios de nuestra isla, y el conferencista nos amenazaba con el título de la próxima diapositiva: "Bufo marinus en su fase ventral". Segundos más tarde, cuando todos esperábamos, aterrados, ver aparecer un agresivo animal prehistórico, la pantalla se iluminó con la imagen más bien bonachona de un "Maco Pempén boca arriba", que es el equivalente en cristiano de la expresión usada por el científico.
destra@tricom.net
Simón Guerrero
Simón Guerrero