Víctor Ramírez: un bailarín fuera de lo común

Escogió la profesión cuando la danza parecía reservada a las mujeres, al menos en el plano local. Posteriormente, formó el Ballet Roto junto a su compañera de baile y de vida, Mercedes Morales. Ahora, se propone llenar de nuevos bríos la Dirección Nacional de Danza. Por: Kleiner López Foto: Maglio Pérez
¿Cuándo comenzaste a bailar?
Yo tenía una inquietud muy fuerte, desde pequeño, con el arte, la danza, el teatro y el cine. Siempre participaba en las actividades del colegio, bailando, y luego haciendo presentaciones en comparsas en mi pueblo, Puerto Plata. Después, vine a Santo Domingo a estudiar administración de empresas, y entré a la Escuela de Arte Dramático. Dos años antes de graduarme, entro a la danza. Tenía, entonces, 19 años. La profesora Miriam Bello facilitó mi ingreso al Ballet Nacional.
¿Qué tan difícil fue educarte en una profesión como ésta en una sociedad como la nuestra, eminentemente machista?
Si evalúo lo que ha sucedido durante estos años y el resultado de mi carrera, volvería hacerla de nuevo.
No es lo mismo el muchacho que entra ahora, al que entró hace 15 años. Y siguen los prejuicios todavía de que si el varón es homosexual o no.
En mi caso era una cuestión de pasión. Me gusta lo que hago y no me importaba lo que tuviera en el medio, iba a seguir adelante.
Le digo a los jóvenes que si de verdad quieren hacer la carrera de bailarín se acerquen a la Escuela Nacional de Danza, en Bellas Artes o a las escuelas privadas, porque hay muchas formas para llegar. Ahora, hay que estar claro: si no hay dedicación ni disciplina, si no hay talento, no van a conseguir ni eso, ni nada en la vida.
¿Qué te propones hacer al frente de la Dirección Nacional de Danza?
Quiero dejar una Dirección Nacional con objetivos claros, precisos.
Poner por escrito qué es lo que debe ser un ballet nacional, cuáles son las condiciones que ha de tener un ballet folclórico y, en sentido general, explicar para qué fue hecha la Escuela Nacional de Danza.
Por supuesto, esto no es un trabajo sólo mío, es un trabajo de un equipo: de los directores de los tres departamentos. Tenemos que lograr unas compañías profesionales, que sean del pueblo y para el pueblo, y que podamos contar con un repertorio sólido y una nueva imagen de lo que será el bailarín moderno del siglo XXI.
¿Cuáles han sido tus paradigmas en la danza?
Diría que no soy una persona fanática, pero uno siempre tiene sus referencias. Te podría mencionar a Baryshnixov, una persona que admiro por su pasión, su energía y por la calidad de su movimiento como bailarín.
Como coreógrafos a Jiri Kilian, Maurina de Yard y Frank Lafraski. Y diría que en el país uno de mis profesores, Carlos Veitía, marcó mucho mis inicios. Mercedes Morales también fue parte de mi inspiración, tiene un sentido de la musicalidad y del movimiento sumamente interesante, además de una técnica muy depurada.
Me gusta ver cosas diferentes. Por eso lo de Ballet Roto, la compañía que formé junto a Mercedes, se trata del rompimiento de la técnica y la fusión de diferentes estilos con la finalidad de que cuando vaya a escena nadie sepa qué va a pasar.
¿Con qué roles te has sentido más a gusto?
En el área de repertorio clásico: "Don Quijote", que es un baile de mucha pasión, de mucha energía y "Romeo y Julieta", por lo romántico. También me siento muy a gusto cuando bailo mi primer ballet, "El día que me quieras", una de las piezas que todavía bailamos con un gusto increíble y que hemos presentado en festivales internacionales.
¿Qué te llena más: el momento del aplauso o el de la interpretación?
Son momentos diferentes. La parte de la creatividad, cuando se está haciendo el baile es un momento maravilloso. Todo parte de la nada, de una sonrisa, de un gesto. Y tú comienzas a crear.
El ejecutarlo es otro momento grandioso. Si esto recibe el aplauso del público, la satisfacción es muy grande.
¿Cuándo comenzaste a bailar?
Yo tenía una inquietud muy fuerte, desde pequeño, con el arte, la danza, el teatro y el cine. Siempre participaba en las actividades del colegio, bailando, y luego haciendo presentaciones en comparsas en mi pueblo, Puerto Plata. Después, vine a Santo Domingo a estudiar administración de empresas, y entré a la Escuela de Arte Dramático. Dos años antes de graduarme, entro a la danza. Tenía, entonces, 19 años. La profesora Miriam Bello facilitó mi ingreso al Ballet Nacional.
¿Qué tan difícil fue educarte en una profesión como ésta en una sociedad como la nuestra, eminentemente machista?
Si evalúo lo que ha sucedido durante estos años y el resultado de mi carrera, volvería hacerla de nuevo.
No es lo mismo el muchacho que entra ahora, al que entró hace 15 años. Y siguen los prejuicios todavía de que si el varón es homosexual o no.
En mi caso era una cuestión de pasión. Me gusta lo que hago y no me importaba lo que tuviera en el medio, iba a seguir adelante.
Le digo a los jóvenes que si de verdad quieren hacer la carrera de bailarín se acerquen a la Escuela Nacional de Danza, en Bellas Artes o a las escuelas privadas, porque hay muchas formas para llegar. Ahora, hay que estar claro: si no hay dedicación ni disciplina, si no hay talento, no van a conseguir ni eso, ni nada en la vida.
¿Qué te propones hacer al frente de la Dirección Nacional de Danza?
Quiero dejar una Dirección Nacional con objetivos claros, precisos.
Poner por escrito qué es lo que debe ser un ballet nacional, cuáles son las condiciones que ha de tener un ballet folclórico y, en sentido general, explicar para qué fue hecha la Escuela Nacional de Danza.
Por supuesto, esto no es un trabajo sólo mío, es un trabajo de un equipo: de los directores de los tres departamentos. Tenemos que lograr unas compañías profesionales, que sean del pueblo y para el pueblo, y que podamos contar con un repertorio sólido y una nueva imagen de lo que será el bailarín moderno del siglo XXI.
¿Cuáles han sido tus paradigmas en la danza?
Diría que no soy una persona fanática, pero uno siempre tiene sus referencias. Te podría mencionar a Baryshnixov, una persona que admiro por su pasión, su energía y por la calidad de su movimiento como bailarín.
Como coreógrafos a Jiri Kilian, Maurina de Yard y Frank Lafraski. Y diría que en el país uno de mis profesores, Carlos Veitía, marcó mucho mis inicios. Mercedes Morales también fue parte de mi inspiración, tiene un sentido de la musicalidad y del movimiento sumamente interesante, además de una técnica muy depurada.
Me gusta ver cosas diferentes. Por eso lo de Ballet Roto, la compañía que formé junto a Mercedes, se trata del rompimiento de la técnica y la fusión de diferentes estilos con la finalidad de que cuando vaya a escena nadie sepa qué va a pasar.
¿Con qué roles te has sentido más a gusto?
En el área de repertorio clásico: "Don Quijote", que es un baile de mucha pasión, de mucha energía y "Romeo y Julieta", por lo romántico. También me siento muy a gusto cuando bailo mi primer ballet, "El día que me quieras", una de las piezas que todavía bailamos con un gusto increíble y que hemos presentado en festivales internacionales.
¿Qué te llena más: el momento del aplauso o el de la interpretación?
Son momentos diferentes. La parte de la creatividad, cuando se está haciendo el baile es un momento maravilloso. Todo parte de la nada, de una sonrisa, de un gesto. Y tú comienzas a crear.
El ejecutarlo es otro momento grandioso. Si esto recibe el aplauso del público, la satisfacción es muy grande.
Diario Libre
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