Úvea, la gran desconocida del ojo
La alteración de esta capa puede conducir a una severa o total merma visual

Cuando se inflama o irrita la capa media del órgano visual, la úvea, encargada de suministrar la mayor parte del flujo sanguíneo a la retina, puede conducir a una pérdida total de la visión.
Córnea, retina, cristalino, nervio ocular... La mayoría de la gente conoce estas partes del ojo, al igual que habrá oído hablar de enfermedades oculares, como el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad, o las cataratas.
En cambio probablemente no habrá oído hablar de la úvea: la capa media del ojo, que consta del iris , que es la membrana coloreada con una apertura central de tamaño variable; el cuerpo ciliar, responsable del cambio de forma del cristalino para enfocar; y la coroides, membrana profusamente irrigada con vasos sanguíneos y tejido conectivo y conectada al nervio óptico.
"Estas estructuras oculares controlan muchas de las funciones del ojo, como adaptarse a los diferentes niveles de luz o a las diferentes distancias de los objetos", explican desde la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. (Medline).
"El ojo tiene forma de pelota de tenis, con tres capas de tejido diferentes alrededor de una cavidad central. La más externa es la esclera (la capa blanca) y la más interna es la retina (tejido responsable de formar imágenes en el fondo del ojo). Entre ambas está la úvea", explica Mª del Carmen Losada, que preside la Asociación Española de Enfermos de Uveitis (www.asedu.es).
Cuando esta capa media del ojo, se altera en lo que se conoce como uveitis, pueden conducir a una severa o total merma visual.
Pese a ser la tercera causa de ceguera -la responsable del 10 por ciento de los casos- en los países desarrollados entre personas en plena edad laboral y que afecta considerablemente su calidad de vida, la uveítis es una enfermedad muy poco conocida.
La amenaza en la sombra
"La inflamación de la capa situada entre la esclerótica por fuera y la retina por dentro, en casi la mitad de los casos no se presenta en el contexto de ninguna otra enfermedad y su causa se desconoce", explica la reumatóloga Esperanza Pato, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid (España).
Según la doctora Pato "en la otra mitad de los casos, su origen se puede diagnosticar y, en alrededor de una tercera parte de los pacientes, se produce por alguna enfermedad reumática, así como por una psoriasis o una vasculitis".
El mayor número de casos se dan en adultos de entre los 20 y los 44 años, cuya calidad de vida se resiente considerablemente debido a las diversas molestias oculares.
"Además -según la reumatóloga- los tratamientos con colirios pueden interferir en la vida diaria y dificultar, tanto el estudio como el trabajo u otras actividades cotidianas".
"Su detección precoz reduciría los casos de pérdida visual", señala Pato, quien aconseja acudir al oftalmólogo ante cualquiera de sus síntomas: dolor, visión borrosa, disminución de la visión y, sobre todo, una intensa molestia ocular causada por la luz.
"Un caso de simple "ojo rojo", puede ser un serio problema de uveítis. Si no se resuelve rápidamente, debería ser evaluado y tratado por un oftalmólogo, debiendo acudir al especialista incluso con carácter de urgencia", añade Mª del Carmen Losada
Segú la presidenta de ASEDU "el tratamiento precoz es necesario para disminuir la pérdida de visión. Las gotas, especialmente esteroides y los midriáticos son los fármacos de elección para disminuir la inflamación y el dolor. Para los procesos de localización posterior, pueden ser necesarias la medicación oral o las inyecciones".
Córnea, retina, cristalino, nervio ocular... La mayoría de la gente conoce estas partes del ojo, al igual que habrá oído hablar de enfermedades oculares, como el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad, o las cataratas.
En cambio probablemente no habrá oído hablar de la úvea: la capa media del ojo, que consta del iris , que es la membrana coloreada con una apertura central de tamaño variable; el cuerpo ciliar, responsable del cambio de forma del cristalino para enfocar; y la coroides, membrana profusamente irrigada con vasos sanguíneos y tejido conectivo y conectada al nervio óptico.
"Estas estructuras oculares controlan muchas de las funciones del ojo, como adaptarse a los diferentes niveles de luz o a las diferentes distancias de los objetos", explican desde la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. (Medline).
"El ojo tiene forma de pelota de tenis, con tres capas de tejido diferentes alrededor de una cavidad central. La más externa es la esclera (la capa blanca) y la más interna es la retina (tejido responsable de formar imágenes en el fondo del ojo). Entre ambas está la úvea", explica Mª del Carmen Losada, que preside la Asociación Española de Enfermos de Uveitis (www.asedu.es).
Cuando esta capa media del ojo, se altera en lo que se conoce como uveitis, pueden conducir a una severa o total merma visual.
Pese a ser la tercera causa de ceguera -la responsable del 10 por ciento de los casos- en los países desarrollados entre personas en plena edad laboral y que afecta considerablemente su calidad de vida, la uveítis es una enfermedad muy poco conocida.
La amenaza en la sombra
"La inflamación de la capa situada entre la esclerótica por fuera y la retina por dentro, en casi la mitad de los casos no se presenta en el contexto de ninguna otra enfermedad y su causa se desconoce", explica la reumatóloga Esperanza Pato, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid (España).
Según la doctora Pato "en la otra mitad de los casos, su origen se puede diagnosticar y, en alrededor de una tercera parte de los pacientes, se produce por alguna enfermedad reumática, así como por una psoriasis o una vasculitis".
El mayor número de casos se dan en adultos de entre los 20 y los 44 años, cuya calidad de vida se resiente considerablemente debido a las diversas molestias oculares.
"Además -según la reumatóloga- los tratamientos con colirios pueden interferir en la vida diaria y dificultar, tanto el estudio como el trabajo u otras actividades cotidianas".
"Su detección precoz reduciría los casos de pérdida visual", señala Pato, quien aconseja acudir al oftalmólogo ante cualquiera de sus síntomas: dolor, visión borrosa, disminución de la visión y, sobre todo, una intensa molestia ocular causada por la luz.
"Un caso de simple "ojo rojo", puede ser un serio problema de uveítis. Si no se resuelve rápidamente, debería ser evaluado y tratado por un oftalmólogo, debiendo acudir al especialista incluso con carácter de urgencia", añade Mª del Carmen Losada
Segú la presidenta de ASEDU "el tratamiento precoz es necesario para disminuir la pérdida de visión. Las gotas, especialmente esteroides y los midriáticos son los fármacos de elección para disminuir la inflamación y el dolor. Para los procesos de localización posterior, pueden ser necesarias la medicación oral o las inyecciones".
Diario Libre
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