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Verde que te quiero verde: salud en hojas de lechuga

La hortaliza es utilizada desde hace mucho tiempo

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Verde que te quiero verde: salud en hojas de lechuga
Todas las lechugas son muy ricas en agua y contienen numerosas sales minerales y vitaminas.
Santo Domingo. Muchas veces pecamos de malagradecidos. Sólo porque vemos algo o a alguien todos los días, lo damos por sentado y le negamos su justo valor.

Hasta hace unos años pasaba con la ensalada. Era un complemento de la comida, como los fritos verdes. Vino un "gurú" de California, se puso a hablar mal de los carbohidratos ¡y el mundo cambió! Las ensaladas se convirtieron en platos principales y una nueva realeza se impuso en el veleidoso mundo gastronómico.

De buenas a primeras, sin siquiera imaginarlo, la cenicienta del cuento, también conocida como la lechuga, se presentó al baile y conquisto al príncipe. ¿Colorín, colorado? Pues, no. La lechuga tiene miles de años de historia. Y antes que un dietista se pusiera a hablar maravillas de sus hojas, los egipcios, los griegos y los romanos de la antigüedad conocían de sus propiedades médicas, terapéuticas y nutritivas.

Un poco de historia

Comencemos con el nombre: lechuga es el genérico de distintas hortalizas anuales que se consumen cocidas o crudas. Deben su nombre a la sustancia lechosa (¡sí, viene de la palabra leche!) que contiene, y a la que se le atribuían propiedades curativas.

La lechuga salvaje (Lactuca sativa) se encuentra prácticamente en todo el mundo.

Según cuenta Heródoto, la lechuga era consumida por los reyes persas hacia el siglo VI aC. Los sabios griegos le atribuían propiedades medicinales y los romanos la apreciaron tanto que sus horticultores desarrollaron 12 nuevas variedades que integraron a su dieta diaria.

Fue introducida en Francia durante la Edad Media. Durante este período, los nobles y señores feudales la consumían cocida y en preparaciones calientes, acompañando estofados y platos condimentados con miel y especias. La lechuga se consumió en América por primera vez en 1494.

Variedades

No todas las lechugas son verdes, ni todas saben amargas. Es una planta anual que requiere de un clima relativamente frío para producir buenas hojas y garantizar un rápido crecimiento. Un clima cálido produce lechugas de sabor amargo, hojas sueltas y de mala calidad.

Entre las principales variedades se encuentran la lechuga cultivada en cogollo, de hojas tiernas grandes y ligeramente redondas; la crespa, cuyas hojas son rizadas y onduladas; la romana, de hojas alargadas, tersas, muy verdes y crujientes, y la batavia o iceberg, de hojas duras y crocantes. La iceberg es la variedad que conocemos como "lechuga repollada".

La lechuga y la dieta

Todas las lechugas son muy ricas en agua, poco energéticas y contienen numerosas sales minerales y vitaminas. También contienen minerales y fibras que estimulan el funcionamiento intestinal.

Siempre se le han atribuido propiedades anestésicas y se recomienda en medicina naturista para tratar ciertas neuralgias como la ciática y el reumatismo. También sirve para tratar el insomnio. La lechuga es refrescante, emoliente, sedativa, antiespasmódica, relajante y somnífera. Por su contenido en fibras produce sensación de saciedad y como aporta tan pocas calorías, es especialmente indicada para quienes desean vigilar su peso.

En el mercado

Cuando vaya a comprar lechugas fíjese en que las hojas se vean muy frescas y firmes, sanas y de color intenso. Una lechuga que presente hojas débiles y marchitas está vieja y en esa condición, su sabor es muy desagradable.

Para conservar por más tiempo deseche las hojas que tengan mal aspecto o que estén dañadas. No es conveniente guardarlas en envoltorios plásticos, es mejor hacerlo en periódicos, trapo húmedo o bolsas de papel y depositarlas en la gaveta inferior de la nevera. En estas condiciones puede durar hasta una semana.

¿Un truco?

Siempre corte las lechugas a mano, nunca con cuchillo porque las hojas pierden color más rápidamente y son más susceptibles a oxidarse. Lavar las hojas una a una, con varias aguas y unas gotitas de cloro le garantiza desechar gran parte de la tierra e impurezas. Escurra con mucho cuidado.

Ensalada italiana de rúcula

Ingredientes

(para 4 personas)

2 manojos de rúcula

1 taza de tomates secos

2 cucharadas de alcaparras

4 cucharaditas de piñones

Una cuarta de queso parmesano

Para la vinagreta:

Media taza de vinagre balsámico

Media taza de aceite de oliva

Sal y pimienta al gusto.

Preparación:

Corte los tallos de la rúcula y deséchelos. Enjuague y deje escurrir en un colador. Escurra los tomates secos y corte en tiras. Escurra las alcaparras. Junte todos estos ingredientes en una ensaladera. Mezcle bien los ingredientes de la vinagreta e intégrelos a la ensalada. Decore con tajadas de queso parmesano y los piñones.