Viena, la ciudad sin límites del centro de Europa
Se destaca por su vida cultural y su lugar en la política mundial
Viena, Austria. Las vetustas calles de Viena, la capital austríaca, rezuman cultura. Es algo que el visitante respira en el ambiente y se le impregna en la piel como el polvo del camino. Ése es, precisamente, uno de los rasgos de Viena que más atraen a los millones de turistas extranjeros que llegan cada año a esta imponente ciudad centroeuropea.
La belleza de la capital de Austria se desliza grácilmente por las aguas de uno de los "brazos" del tan valseado río Danubio -que a propósito, ya no es tan azul como cuando le pusiera música Johan Strauss-, que también baña la bella capital de Hungría: Budapest.
Un poco de historia
Viena tiene su origen en una antigua colonia romana, Vindobona, establecida (100 años antes de Cristo). Hacia el Siglo IX se sitúa la fundación de las dos iglesias más antiguas de Viena, la Ruprechtskirche y la Peterskirche. Hacia 1135 pasó bajo la dominación de la dinastía de los Babenberger, quienes hacia 1156 la convirtieron en su residencia, una vez conquistado el ducado de Austria.
A la muerte del último miembro de los Babenberger (1246), pasó a poder del rey de Bohemia, Otakar II, de la dinastía Premyslida (1251-76). Luego, en el año 1276, tuvo que aceptar a los Habsburgo.
Viena, bajo la dinastía de los Habsburgo, se convirtió en uno de los centros culturales de Europa, gozando de una prosperidad notable.
Una de las etapas más triste de su historia, fue la de la Segunda Guerra Mundial, luego de que la Alemania fascista se anexara a Austria en 1938. Durante los incesantes bombardeos de los años 1944 y 1945, fueron destruidos el 21% de los edificios de Viena y el 25% de sus fábricas. Murieron más de 11 mil de sus habitantes.
Ciudad mundial de la música
Tal parece que el fantasma musical de Wofgang Amadeusz Mozart se pasea por las concurridas plazas de Viena. Por el 250 aniversario del nacimiento del compositor austríaco, que vino al mundo en Salzburgo, el 27 de enero de 1756, las autoridades vienesas han declarado el 2006 como el "Año de Mozart".
Esta celebración comprende múltiples actividades. Desde la reconstrucción de la casa donde vivió el músico, hasta la inauguración de exposiciones, ciclos de cines y, por supuesto, también la representación de sus principales óperas en los teatros de Viena.
Pero el homenaje a Mozart va más allá. Su rostro se puede encontrar en afiches gigantescos por doquier y, asimismo, en las brillantes envolturas de los exquisitos bombones de chocolates que están a la venta en casi todas las chocolaterías de la ciudad.
Incluso, hasta el simple acto de comprar las entradas para los conciertos con música de Mozart, se convierte en una aventura fascinante en la capital austríaca, pues quizá el vendedor resulte ser un actor que promueve sus tickets caminando entre la gente, ataviado a la usanza de la época mozartiana.
La otra cara de Viena
Otra conmemoración que centra la atención del mundo en Viena es el 150 aniversario del natalicio de Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, quien vivió en la capital austríaca la mayor parte de su vida.
El rostro de Freud compite con el de Mozart por el espacio en las principales plazas y calles vienesas. Todo un recorrido turístico se ha montado sobre la biografía de Freud.
Así, cualquier visitante foráneo puede visitar la calle Bergasse 19, donde se encuentra la que fuera la casa y oficina del famoso psiquiatra. También está en la ruta el Votivpark, donde Freud solía caminar en las tardes después del trabajo.
Naturalmente, tampoco podía faltar el Café Ladtmann, inaugurado en 1873, y actualmente protegido como monumento histórico. Allí, Freud disfrutaba de un buen café y de sus habanos.
La ciudad sin límites
Sin embargo, en Viena tampoco asombra ver un espectáculo de break dance en plena Stock im Eisem Platz, para disfrute de los turistas.
En la ciudad, como foco importante de la política internacional, se hallan las sedes de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).
Actualmente, Austria ostenta la presidencia de la Unión Europea. Por tal motivo, hace muy poco tiempo, el 12 y el 13 de este mes, la capital austríaca se vistió de lujo para recibir a los jefes de Estado del viejo continente en una cita cumbre con sus colegas de América Latina y el Caribe.
Fue un encuentro sin precedentes, no sólo por la total asistencia de mandatarios, sino porque también acudieron las máximas autoridades de organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), y regionales como el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Toda la ciudad se preparó para el evento, carteles alusivos daban la bienvenida a los participantes en la cumbre y se pusieron a su disposición los eficientes medios de transporte que laboran en Viena.
Austria tiene una capital que sorprende. Es cultura, es turismo, política y economía, pero sobre todas las cosas es una puerta que siempre está abierta a Europa. Viena es eso, y mucho más.
La belleza de la capital de Austria se desliza grácilmente por las aguas de uno de los "brazos" del tan valseado río Danubio -que a propósito, ya no es tan azul como cuando le pusiera música Johan Strauss-, que también baña la bella capital de Hungría: Budapest.
Un poco de historia
Viena tiene su origen en una antigua colonia romana, Vindobona, establecida (100 años antes de Cristo). Hacia el Siglo IX se sitúa la fundación de las dos iglesias más antiguas de Viena, la Ruprechtskirche y la Peterskirche. Hacia 1135 pasó bajo la dominación de la dinastía de los Babenberger, quienes hacia 1156 la convirtieron en su residencia, una vez conquistado el ducado de Austria.
A la muerte del último miembro de los Babenberger (1246), pasó a poder del rey de Bohemia, Otakar II, de la dinastía Premyslida (1251-76). Luego, en el año 1276, tuvo que aceptar a los Habsburgo.
Viena, bajo la dinastía de los Habsburgo, se convirtió en uno de los centros culturales de Europa, gozando de una prosperidad notable.
Una de las etapas más triste de su historia, fue la de la Segunda Guerra Mundial, luego de que la Alemania fascista se anexara a Austria en 1938. Durante los incesantes bombardeos de los años 1944 y 1945, fueron destruidos el 21% de los edificios de Viena y el 25% de sus fábricas. Murieron más de 11 mil de sus habitantes.
Ciudad mundial de la música
Tal parece que el fantasma musical de Wofgang Amadeusz Mozart se pasea por las concurridas plazas de Viena. Por el 250 aniversario del nacimiento del compositor austríaco, que vino al mundo en Salzburgo, el 27 de enero de 1756, las autoridades vienesas han declarado el 2006 como el "Año de Mozart".
Esta celebración comprende múltiples actividades. Desde la reconstrucción de la casa donde vivió el músico, hasta la inauguración de exposiciones, ciclos de cines y, por supuesto, también la representación de sus principales óperas en los teatros de Viena.
Pero el homenaje a Mozart va más allá. Su rostro se puede encontrar en afiches gigantescos por doquier y, asimismo, en las brillantes envolturas de los exquisitos bombones de chocolates que están a la venta en casi todas las chocolaterías de la ciudad.
Incluso, hasta el simple acto de comprar las entradas para los conciertos con música de Mozart, se convierte en una aventura fascinante en la capital austríaca, pues quizá el vendedor resulte ser un actor que promueve sus tickets caminando entre la gente, ataviado a la usanza de la época mozartiana.
La otra cara de Viena
Otra conmemoración que centra la atención del mundo en Viena es el 150 aniversario del natalicio de Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, quien vivió en la capital austríaca la mayor parte de su vida.
El rostro de Freud compite con el de Mozart por el espacio en las principales plazas y calles vienesas. Todo un recorrido turístico se ha montado sobre la biografía de Freud.
Así, cualquier visitante foráneo puede visitar la calle Bergasse 19, donde se encuentra la que fuera la casa y oficina del famoso psiquiatra. También está en la ruta el Votivpark, donde Freud solía caminar en las tardes después del trabajo.
Naturalmente, tampoco podía faltar el Café Ladtmann, inaugurado en 1873, y actualmente protegido como monumento histórico. Allí, Freud disfrutaba de un buen café y de sus habanos.
La ciudad sin límites
Sin embargo, en Viena tampoco asombra ver un espectáculo de break dance en plena Stock im Eisem Platz, para disfrute de los turistas.
En la ciudad, como foco importante de la política internacional, se hallan las sedes de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).
Actualmente, Austria ostenta la presidencia de la Unión Europea. Por tal motivo, hace muy poco tiempo, el 12 y el 13 de este mes, la capital austríaca se vistió de lujo para recibir a los jefes de Estado del viejo continente en una cita cumbre con sus colegas de América Latina y el Caribe.
Fue un encuentro sin precedentes, no sólo por la total asistencia de mandatarios, sino porque también acudieron las máximas autoridades de organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), y regionales como el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Toda la ciudad se preparó para el evento, carteles alusivos daban la bienvenida a los participantes en la cumbre y se pusieron a su disposición los eficientes medios de transporte que laboran en Viena.
Austria tiene una capital que sorprende. Es cultura, es turismo, política y economía, pero sobre todas las cosas es una puerta que siempre está abierta a Europa. Viena es eso, y mucho más.
Annet Cárdenas

Annet Cárdenas