Yolanda Martínez
"La entrevista política a veces se convierte en un bailecito"

No se engañen. Esa cara de niña esconde a una mujer fuerte y decidida. Yolanda Martínez aspira a que los políticos hablen menos de lo que pasa y más de lo que piensan. Quiere que los grandes temas se debatan, y así lograr su sueño de adolescente, una mayor justicia social.
¿La comunicación fue una vocación tardía o un sueño cumplido?
Una vocación tardía. La más sorprendida de que mi trabajo sea éste soy yo misma, no me imaginaba trabajando en televisión. Terminé la universidad, y me dediqué a ejercer el derecho por varios años hasta que me encaminé en la comunicación. Entonces vi que era bastante mi vocación y que iba a ser mi forma de ganarme la vida, tuve que elegir, y me quedé en la comunicación.
¿Por qué y qué descubriste de ti misma?
Entré a la universidad con 16 años y siempre con el ideal romántico de la justicia, al final, me di cuenta que iba a terminar siendo una excelente abogada corporativa, pero el ideal de justicia social no lo iba a seguir por esa vía. Aunque viéndolo en retrospectiva, hubiera podido hacer una participación activa en organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, con la comunicación descubrí que podía ser de alguna manera vocera de inquietudes, transmisora de denuncias, un poco interlocutora entre lo que la gente necesitaba y quería y quienes ocupaban las posiciones en las que se tomaban decisiones que resolvieran esos problemas. Descubrí quizá una mayor utilidad social en la comunicación.
Entonces, ese ideal de justicia social se trasladó…
Totalmente, encontró en la comunicación una mejor vía. Siento que de alguna manera cuando comencé a trabajar en medios y hacer opinión con 25 años, era un ave exótica en ese sentido, porque la mayoría de las mujeres que estaban trabajando, por lo menos en televisión, eran periodistas más consagradas que venían de las luchas democráticas. Yo era una carajita, era extraño encontrarse a una muchacha joven en ambientes de política, y sentía que podía hacer alguna diferencia para mis compañeras generacionales. Mi adolescencia transcurrió en los 80, una época donde la ausencia de paradigmas y de ideologías nos llevaba a ser más del aquí y del ahora, y me pareció interesante asumir un trabajo diferente para esa edad.
Por supuesto, ya no me siento la muchacha de 25 años que comenzó con todos esos sueños e inquietudes, pero conservo mucho la ingenuidad de creer que se pueden hacer cambios a partir del control oportuno de los medios.
En televisión hay un gran movimiento de figuras de un canal a otro. ¿Hasta qué punto la publicidad influye en la movilidad de un programa?
Muchísimo, porque no podemos perder de vista, por lo menos para mí, que éste es mi negocio, mi forma de ganarme la vida, no es un hobby, no es para aparecer en la televisión con una ropa bonita, de esto mantengo a mis hijos. Eso hace que nosotros vayamos buscando cuál es el lugar ideal para cada tipo de programa.
La comunicadora y los políticos
Afirmabas que para hacer comentario político hay que tener cosas que decir y un poco de cara dura, ¿por qué?
Este es un país realmente pequeño. Tú puedes compartir socialmente con una persona a la que ayer, literalmente, suapeabas públicamente su posición. Todavía en República Dominicana se da mucha importancia a las relaciones primarias, por eso la institucionalidad es tan floja, o no sé si es un pez que se muerde la cola.
Pero como las relaciones primarias son tan importantes hay ocasiones en que debes simplemente volver la mirada, seguir el instinto y la razón, por muy amigos o por bien que te caigan no necesariamente todo lo que hagan está bien. Hay que poner la cara dura, animarse, arriesgarse, lo mismo cuando entrevistamos.
Cómo manejas personal y profesionalmente saber que alguien te está mintiendo descaradamente …
Depende, porque hay cantidad de informaciones que a uno le llegan pero no las puedes demostrar, en esas ocasiones una trata de llevarles sutilmente y a veces no tan sutilmente a que sean lo más transparentes posible.
Pero si tienes cómo contradecirle, entonces marcharle con todo, pero es como un bailecito, la entrevista política a veces se convierte en un bailecito, en que uno da un paso, el otro retrocede otro paso, para seguir el ritmo, al final uno trata de sacar lo más posible la verdad, y si no puedo por lo menos que mi cara lo diga.
¿Los políticos dominicanos son más diestros que el periodista en el manejo de la información?
Lo que pasa es que la política dominicana es tan básica… déjame ver como digo esto sin sonar condescendiente. Yo quisiera que se debatieran los grandes temas como en otros países. Por ejemplo, no sé la opinión que tienen la gran mayoría de nuestros políticos sobre el aborto, las drogas, las relaciones homosexuales… Hay temas que son fundamentales en la agenda mundial y aquí ni siquiera se debaten, porque andamos liados en los entretelones de la política partidaria, es más sobre lo que pasa que sobre lo que piensan.
Entonces, ¿no es que los periodistas estamos haciendo mal nuestro trabajo?
Es probable, pero cuando uno les emplaza o trata de lograr una información sobre ese tema… Por ejemplo, en relación al aborto una respuesta típica sería: "Es un tema muy controversial, sin duda llama la atención en el mundo entero, yo sé que es un tema difícil sobre todo porque somos un pueblo católico…" Entonces empiezan a decirte una cantidad de frases cohete, y no terminan diciéndote nada, y así nos vamos mareando y mintiendo por los siglos de los siglos.
Nada de diva
¿Por qué te consideras más anti-diva que diva?
Bueno, hacerme una sesión de fotos debe ser una de las torturas más grandes para mí. La parte que menos me gusta de mi trabajo es tener que maquillarme todos los días. Y lo de anti-diva es porque me siento mejor cuando no hay poses, cuando no hay que pretender, yo trato de ser en el aire bastante natural, la persona que conoces fuera de cámara no es distinta que la que ves en la cámara, no es pose.
Pero la imagen es casi un arma más de la comunicación…
Porque es televisión, por mucho que lo disfracemos es audio y visual. La imagen hay que cuidarla, pero eso no quiere decir que las personas respondan a un estereotipo de belleza. Una imagen cuidada es donde la persona se ve pulcra, con un cuidado por la estética, no solo de su persona, sino de la escenografía, de la línea gráfica. Pero no me ocupo de construir una imagen para el programa distinta de lo que es mi persona.
¿Prefieres ser provocadora o provocativa?
A ver (risas). Creo que provocadora, definitivamente. Provocadora, rompedora, me gusta más.
No das ni una pequeña oportunidad de relacionar periodismo y chisme, ¿por qué entonces le gusta tanto a los televidentes saber sobre la vida de los demás?
Ese morbo de hurgar en la vida y miserias de los demás es tan viejo como la humanidad. Me imagino que en la medida en que nos complicamos en las grandes ciudades, que hay más personas solas, donde hay menos una vida propia, se tiende más a vivir por los demás, y por eso ese afán con los reality. Pero siento que es un morbo propio del ser humano que se siente solo. Yo no tengo tiempo para eso, tengo que concentrarme en mi vida, en la de mis hijos y en mi trabajo.
En esa lista no has mencionado el amor ¿No es algo prioritario?
Esa parte de mi vida siempre la he manejando con la discreción más grande que te puedas imaginar porque, justamente por ese deseo que tiene la gente de conocer de la vida de uno, cuando abres esa puerta aunque sea un poquito no la puedes cerrar jamás.
¿La comunicación fue una vocación tardía o un sueño cumplido?
Una vocación tardía. La más sorprendida de que mi trabajo sea éste soy yo misma, no me imaginaba trabajando en televisión. Terminé la universidad, y me dediqué a ejercer el derecho por varios años hasta que me encaminé en la comunicación. Entonces vi que era bastante mi vocación y que iba a ser mi forma de ganarme la vida, tuve que elegir, y me quedé en la comunicación.
¿Por qué y qué descubriste de ti misma?
Entré a la universidad con 16 años y siempre con el ideal romántico de la justicia, al final, me di cuenta que iba a terminar siendo una excelente abogada corporativa, pero el ideal de justicia social no lo iba a seguir por esa vía. Aunque viéndolo en retrospectiva, hubiera podido hacer una participación activa en organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, con la comunicación descubrí que podía ser de alguna manera vocera de inquietudes, transmisora de denuncias, un poco interlocutora entre lo que la gente necesitaba y quería y quienes ocupaban las posiciones en las que se tomaban decisiones que resolvieran esos problemas. Descubrí quizá una mayor utilidad social en la comunicación.
Entonces, ese ideal de justicia social se trasladó…
Totalmente, encontró en la comunicación una mejor vía. Siento que de alguna manera cuando comencé a trabajar en medios y hacer opinión con 25 años, era un ave exótica en ese sentido, porque la mayoría de las mujeres que estaban trabajando, por lo menos en televisión, eran periodistas más consagradas que venían de las luchas democráticas. Yo era una carajita, era extraño encontrarse a una muchacha joven en ambientes de política, y sentía que podía hacer alguna diferencia para mis compañeras generacionales. Mi adolescencia transcurrió en los 80, una época donde la ausencia de paradigmas y de ideologías nos llevaba a ser más del aquí y del ahora, y me pareció interesante asumir un trabajo diferente para esa edad.
Por supuesto, ya no me siento la muchacha de 25 años que comenzó con todos esos sueños e inquietudes, pero conservo mucho la ingenuidad de creer que se pueden hacer cambios a partir del control oportuno de los medios.
En televisión hay un gran movimiento de figuras de un canal a otro. ¿Hasta qué punto la publicidad influye en la movilidad de un programa?
Muchísimo, porque no podemos perder de vista, por lo menos para mí, que éste es mi negocio, mi forma de ganarme la vida, no es un hobby, no es para aparecer en la televisión con una ropa bonita, de esto mantengo a mis hijos. Eso hace que nosotros vayamos buscando cuál es el lugar ideal para cada tipo de programa.
La comunicadora y los políticos
Afirmabas que para hacer comentario político hay que tener cosas que decir y un poco de cara dura, ¿por qué?
Este es un país realmente pequeño. Tú puedes compartir socialmente con una persona a la que ayer, literalmente, suapeabas públicamente su posición. Todavía en República Dominicana se da mucha importancia a las relaciones primarias, por eso la institucionalidad es tan floja, o no sé si es un pez que se muerde la cola.
Pero como las relaciones primarias son tan importantes hay ocasiones en que debes simplemente volver la mirada, seguir el instinto y la razón, por muy amigos o por bien que te caigan no necesariamente todo lo que hagan está bien. Hay que poner la cara dura, animarse, arriesgarse, lo mismo cuando entrevistamos.
Cómo manejas personal y profesionalmente saber que alguien te está mintiendo descaradamente …
Depende, porque hay cantidad de informaciones que a uno le llegan pero no las puedes demostrar, en esas ocasiones una trata de llevarles sutilmente y a veces no tan sutilmente a que sean lo más transparentes posible.
Pero si tienes cómo contradecirle, entonces marcharle con todo, pero es como un bailecito, la entrevista política a veces se convierte en un bailecito, en que uno da un paso, el otro retrocede otro paso, para seguir el ritmo, al final uno trata de sacar lo más posible la verdad, y si no puedo por lo menos que mi cara lo diga.
¿Los políticos dominicanos son más diestros que el periodista en el manejo de la información?
Lo que pasa es que la política dominicana es tan básica… déjame ver como digo esto sin sonar condescendiente. Yo quisiera que se debatieran los grandes temas como en otros países. Por ejemplo, no sé la opinión que tienen la gran mayoría de nuestros políticos sobre el aborto, las drogas, las relaciones homosexuales… Hay temas que son fundamentales en la agenda mundial y aquí ni siquiera se debaten, porque andamos liados en los entretelones de la política partidaria, es más sobre lo que pasa que sobre lo que piensan.
Entonces, ¿no es que los periodistas estamos haciendo mal nuestro trabajo?
Es probable, pero cuando uno les emplaza o trata de lograr una información sobre ese tema… Por ejemplo, en relación al aborto una respuesta típica sería: "Es un tema muy controversial, sin duda llama la atención en el mundo entero, yo sé que es un tema difícil sobre todo porque somos un pueblo católico…" Entonces empiezan a decirte una cantidad de frases cohete, y no terminan diciéndote nada, y así nos vamos mareando y mintiendo por los siglos de los siglos.
Nada de diva
¿Por qué te consideras más anti-diva que diva?
Bueno, hacerme una sesión de fotos debe ser una de las torturas más grandes para mí. La parte que menos me gusta de mi trabajo es tener que maquillarme todos los días. Y lo de anti-diva es porque me siento mejor cuando no hay poses, cuando no hay que pretender, yo trato de ser en el aire bastante natural, la persona que conoces fuera de cámara no es distinta que la que ves en la cámara, no es pose.
Pero la imagen es casi un arma más de la comunicación…
Porque es televisión, por mucho que lo disfracemos es audio y visual. La imagen hay que cuidarla, pero eso no quiere decir que las personas respondan a un estereotipo de belleza. Una imagen cuidada es donde la persona se ve pulcra, con un cuidado por la estética, no solo de su persona, sino de la escenografía, de la línea gráfica. Pero no me ocupo de construir una imagen para el programa distinta de lo que es mi persona.
¿Prefieres ser provocadora o provocativa?
A ver (risas). Creo que provocadora, definitivamente. Provocadora, rompedora, me gusta más.
No das ni una pequeña oportunidad de relacionar periodismo y chisme, ¿por qué entonces le gusta tanto a los televidentes saber sobre la vida de los demás?
Ese morbo de hurgar en la vida y miserias de los demás es tan viejo como la humanidad. Me imagino que en la medida en que nos complicamos en las grandes ciudades, que hay más personas solas, donde hay menos una vida propia, se tiende más a vivir por los demás, y por eso ese afán con los reality. Pero siento que es un morbo propio del ser humano que se siente solo. Yo no tengo tiempo para eso, tengo que concentrarme en mi vida, en la de mis hijos y en mi trabajo.
En esa lista no has mencionado el amor ¿No es algo prioritario?
Esa parte de mi vida siempre la he manejando con la discreción más grande que te puedas imaginar porque, justamente por ese deseo que tiene la gente de conocer de la vida de uno, cuando abres esa puerta aunque sea un poquito no la puedes cerrar jamás.
Diario Libre
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