EE. UU. deporta a solicitante de asilo gay a tercer país donde la homosexualidad es ilegal
La homosexualidad es un delito en Marruecos, donde Farah enfrentó violencia familiar que la llevó a huir y buscar asilo en Estados Unidos

Una joven marroquí de 21 años, identificada como Farah, denunció que fue deportada por la administración de Donald Trump a un tercer país donde la homosexualidad es ilegal, pese a contar con una orden de protección emitida por un juez de inmigración en Estados Unidos que impedía su retorno a Marruecos por riesgo a su vida.
¿Qué denunció Farah sobre su deportación y situación familiar?
Ser gay en Marruecos es un delito castigado con hasta tres años de prisión. Sin embargo, Farah asegura que fue la violencia de su familia la que la obligó a huir.
Según relató a The Associated Press, su familia y la de su pareja la golpearon tras descubrir su relación, la expulsaron de su casa y, posteriormente, intentaron matarla cuando lograron localizarla en otra ciudad.
Con la ayuda de una amiga, ella y su pareja obtuvieron visas para Brasil con la intención de llegar a Estados Unidos, donde tenían amistades. Desde allí atravesaron seis países durante semanas hasta llegar a la frontera estadounidense, donde solicitaron asilo a inicios de 2025.
"Te ponen en situaciones realmente horribles", recordó. "Cuando llegamos (a la frontera estadounidense), sentimos que valió la pena y que habíamos logrado nuestro objetivo".
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Lejos de encontrar protección, Farah dijo que pasó casi un año detenida, primero en Arizona y luego en Luisiana. "Hacía mucho frío", dijo sobre la detención. "Y solo teníamos mantas muy finas". También denunció deficiencias en la atención médica.
Aunque su solicitud de asilo fue denegada, en agosto recibió una orden de protección de un juez de inmigración estadounidense que prohibía su deportación a Marruecos por el peligro que enfrentaba. Su pareja, en cambio, fue deportada tras negársele tanto el asilo como la protección.
Tres días antes de una audiencia sobre su posible liberación, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la esposaron y la subieron a un avión con destino a Camerún, nación que nunca había visitado y donde la homosexualidad también es ilegal. Allí fue internada en un centro de detención en Yaundé.
"Me preguntaron si quería quedarme en Camerún, y les dije que no podía quedarme allí y arriesgar mi vida en un lugar donde seguiría en peligro", dijo. Posteriormente fue trasladada a Marruecos, donde ahora vive escondida.
"Es difícil vivir y trabajar con el miedo de que mi familia me vuelva a rastrear", declaró. "Pero no puedo hacer nada. Tengo que trabajar".
Farah pidió ser identificada solo por su nombre de pila por temor a represalias. AP informó que revisó su orden de protección y que sus abogados verificaron partes de su relato.
Deportaciones a terceros países
El caso de Farah forma parte de una política de deportaciones a terceros países implementada por la administración Trump. Según confirmó previamente el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), en enero se realizaron expulsiones hacia Camerún.
Política de deportaciones a terceros países bajo la administración Trump
"Estamos aplicando la ley tal como está escrita. Si un juez determina que un extranjero ilegal no tiene derecho a estar en este país, lo expulsaremos. Punto", indicó el DHS, que afirmó además que los acuerdos con terceros países "garantizan el debido proceso conforme a la Constitución de Estados Unidos".
No obstante, abogados de inmigración cuestionan la legalidad de estos procedimientos. Alma David, del grupo estadounidense Novo Legal Group, afirmó que deportar personas a un tercer país desde donde pudieran ser enviadas a su nación de origen constituye un "vacío legal".
- "Al deportarlos a Camerún y no darles la oportunidad de impugnar su envío a un país cuyo gobierno esperaba enviarlos discretamente de vuelta a los mismos países donde enfrentan un grave peligro, Estados Unidos no solo violó sus derechos al debido proceso, sino también nuestras propias leyes de inmigración, nuestras obligaciones bajo tratados internacionales e incluso los propios procedimientos del DHS", dijo David.
Según documentos administrativos citados por AP, 47 acuerdos con terceros países se encuentran en distintas fases de negociación. Camerún es uno de al menos siete países africanos que han recibido migrantes deportados bajo este esquema, junto a Sudán del Sur, Ruanda, Uganda, Eswatini, Ghana y Guinea Ecuatorial.
En Marruecos, Farah asegura que vive con temor constante. También cuestionó la narrativa oficial que presenta a los migrantes como una amenaza.
"Estados Unidos se basa en la inmigración y la mano de obra inmigrante, así que claramente no todos somos una amenaza", dijo. "Lo que me hicieron fue injusto. Una deportación normal habría sido justa, pero sufrir tanto y perder tanto, solo para ser deportada de esta manera, es cruel