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Dominicanos en EE. UU. dominan solicitudes de cambio de nombre

La gente rechaza los nombres tradicionales y las mujeres lideran las solicitudes

El 84.49 % de las solicitudes son aprobadas por el tribunal

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Dominicanos en EE. UU. dominan solicitudes de cambio de nombre
Imagen de la Parada Dominicana en Nueva York. (ARCHIVO/DIARIO LIBRE)

El cambio de nombre en República Dominicana se ha convertido en un fenómeno cada vez más frecuente desde la entrada en vigencia de la Ley número 4-23, Orgánica de los Actos del Estado Civil, que trasladó esta competencia al Tribunal Superior Electoral (TSE) y simplificó el proceso, que antes podía requerir incluso un decreto del presidente de la República.

Desde 2023 hasta 2026, el TSE ha recibido 1,298 solicitudes de cambio de nombre, según sus propios datos. De estas, el tribunal ha dado respuesta a 1,167 casos, de los cuales 986 fueron acogidos, lo que equivale al 84.49% de aprobación.

Dentro de ese universo, una revisión de los últimos 50 casos que ya fueron resueltos mediante sentencia revela un patrón claro: la mitad de las solicitudes está vinculada a dominicanos en el extranjero, principalmente en Estados Unidos.

En muchos casos, el cambio responde a la necesidad de adaptar la identidad a otro país, hacerla coincidir con documentos extranjeros o evitar confusiones de género.

Uno de ellos es el de Gerardo Florentino, quien solicitó convertirse en Geraldo tras adquirir otra ciudadanía, en un proceso donde se indica que ese hecho impactó en su nombre.

También está el caso de Rosario, quien residiendo en España enfrentaba una confusión cultural, ya que "Rosario" es comúnmente un nombre femenino en ese país, por lo que optó por llamarse Fernando Rosario para regularizar su situación.

Otro ejemplo es Colombina Mercedes, residente en Nueva York, quien eliminó su primer nombre y pasó a ser simplemente Mercedes.

En esa misma línea, hay casos como el de Rafael, quien agregó el nombre Alvin para hacer coincidir su identidad con documentos en Estados Unidos, como licencias, pasaportes y certificados de naturalización.

Este tipo de solicitudes está previsto en el reglamento del TSE, que permite el cambio cuando el ciudadano ha adquirido otra nacionalidad o ha modificado su nombre fuera del país.

Nombres anticuados

El análisis también evidencia una tendencia marcada hacia la modernización de los nombres. Muchos dominicanos optan por eliminar nombres tradicionales o considerados anticuados y sustituirlos por otros más actuales.

Es el caso de Esmeraldo Bienvenido, quien pasó a llamarse Geraldo, eliminando un nombre poco común y otro tradicional. Doroteo Saturnino cambió a Miguel Alexander, mientras que Clemena Silis optó por Nancy y Juan de Dios se convirtió en Yeiren.

En otros casos, el cambio es mínimo, como Wilfrido a Wilfredo o Cinthia a Cynthia. También es frecuente la supresión de nombres, como ocurrió con Katherine Altagracia, quien eliminó "Altagracia", o con Mariel Emmanuel, quien se quitó el primer nombre, asociado comúnmente al género femenino.

Otra tendencia es el abandono de los diminutivos o formas infantiles. Casos como Pedrin, que fue cambiado a Pedro, o Joselito, que pasó a ser Jonel, reflejan un interés por adoptar versiones más formales. Este tipo de nombres, que antes eran aceptados al momento del registro, actualmente son rechazados por las oficialías del estado civil en virtud de la Ley 4-23.

Algunas solicitudes buscan corregir decisiones tomadas al momento del registro. Es el caso de Yomira, un niño de siete años a quien le habían colocado el nombre de su madre y que posteriormente fue cambiado a Yadiel.

En menor medida, hay cambios motivados por experiencias negativas. El caso de Mostapha es ilustrativo, ya que el solicitante alegó que su nombre le había generado problemas raciales al ser asociado con un origen árabe que no tenía, por lo que decidió cambiarlo a Edy. Otro caso es el de una menor llamada Tomasa Rosalis, cuyo nombre fue modificado debido a situaciones de acoso escolar.

Rechazados

No todas las solicitudes prosperan. Algunos ciudadanos acuden al TSE con trámites que no le corresponden, como rectificaciones de errores o cambios de apellidos, lo que provoca inadmisiones o rechazos. Un ejemplo es el caso de Nurys, quien intentó modificar un nombre mediante un procedimiento que no era competencia del tribunal.

Las estadísticas del TSE muestran que 651 solicitudes corresponden a mujeres, lo que equivale al 50.1 %, mientras que 491 corresponden a hombres, para un 37.8 %. El resto corresponde a menores. Esto confirma que las mujeres encabezan los procesos de cambio de nombre en el país.

Los datos también reflejan un volumen sostenido de solicitudes en los últimos años. En 2023 se registraron 435 casos, en 2024 fueron 348 y en 2025 ascendieron a 407. La mayoría corresponde a adultos, lo que indica que el cambio de nombre se ha convertido en una decisión personal frecuente, más que en una simple corrección administrativa.

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Periodista y escritor. Egresado de la UASD, con una trayectoria en prensa televisiva y varios medios impresos.