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Estados Unidos, un "amigo especial" muy complejo bajo el régimen de Donald Trump

El comercio entre ambos países se ha visto afectado por aranceles que impactan la economía dominicana y su relación comercial

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Estados Unidos, un "amigo especial" muy complejo  bajo el régimen de Donald Trump
Banderas de EE.UU. y República Dominicana. (SHUTTERSTOCK)

El 10 de febrero de 2025, apenas tres semanas después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el presidente Luis Abinader resumió en pocas palabras cómo veía el vínculo con Washington: "Las relaciones con Estados Unidos (que nosotros) tenemos (son) unas relaciones muy especiales".

En ese momento, Abinader también podía afirmar que las primeras medidas económicas adoptadas por Trump no afectaban a República Dominicana.

"Hasta ahora ninguna de las medidas nos están afectando", dijo, aunque advirtió que el Gobierno las mantenía bajo vigilancia.

Más de un año y medio después, la primera afirmación se mantiene como política oficial dominicana. La segunda ya no.

Una revisión de las principales decisiones adoptadas por la administración Trump desde el 20 de enero de 2025 muestra una relación que continúa siendo privilegiada en seguridad, lucha contra el narcotráfico y coordinación sobre Haití, pero en la que República Dominicana no ha quedado al margen de la política de "America First".

Washington ha sido un amigo especial, pero no necesariamente uno que concede excepciones en todas las áreas.

  • La mayor prueba ha llegado por el comercio.

Estados Unidos recibió en 2024 el 53.5 % de todas las exportaciones dominicanas y el 72.6 % de las procedentes de zonas francas. Cualquier cambio en la política aduanera estadounidense toca directamente uno de los principales motores de la economía nacional.

El 2 de abril de 2025, Trump anunció un arancel general mínimo del 10 % e incluyó a República Dominicana dentro de ese grupo, pese a que ambos países forman parte del DR-Cafta, concebido precisamente para reducir y eliminar barreras comerciales.

La tasa entró en vigor el 5 de abril.

Abinader sostuvo entonces que el país había quedado en una posición relativamente favorable frente a economías castigadas con tasas superiores, pero dejó claro que consideraba que ese 10 % no debía aplicarse a República Dominicana.

El Gobierno envió posteriormente una delegación a Washington y abrió negociaciones con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.

La relación especial ayudó, pero no consiguió eliminar el gravamen.

El esquema volvió a cambiar en febrero de 2026.

Trump puso fin a los denominados aranceles recíprocos establecidos mediante poderes de emergencia y los sustituyó por un recargo temporal general del 10 %, vigente entre el 24 de febrero y el 24 de julio.

Esta vez hubo una concesión importante para el país: los textiles y las prendas de vestir que ingresaban libres de impuestos bajo el DR-Cafta quedaron expresamente exceptuados.

La tregua, sin embargo, fue parcial.

Desde el pasado 24 de julio, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos aplica un nuevo arancel adicional del 12.5 % a la mayoría de los productos dominicanos, con excepciones específicas, después de concluir que República Dominicana no había establecido una prohibición suficientemente efectiva a la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso.

La decisión resulta particularmente sensible porque Guatemala, Honduras y El Salvador, competidores dominicanos y también miembros del DR-Cafta, quedaron sujetos a una tasa inferior del 10 % después de adoptar medidas reclamadas por Washington.

Es probablemente el ejemplo más claro de los límites de la "relación especial": la cercanía política no impidió que Washington colocara a República Dominicana en una condición comercial menos favorable que varios de sus socios centroamericanos.

La política migratoria también llegó a RD

El segundo gran impacto ha sido migratorio.

Trump regresó al poder prometiendo una política de deportaciones mucho más agresiva y los dominicanos no quedaron al margen, además de la reciente fianza impuesta por ahora exclusivamente a República Dominicana, para los aspirantes visa de migrante.

Si bien República Dominicana no está incluida en una prohibición general de viajes a Estados Unidos ni figura entre los países sometidos al programa que puede exigir fianzas de US$5,000, US$10,000 o US$15,000 para determinadas visas B1/B2; recibe el golpe de que las personas que puedan ser consideradas de carga pública tendrían que dejar una fianza de entre 100 mil a 250 mil dólares, para obtener una visa de migrante.

Sin embargo, el país no ha sido colocado entre las nacionalidades objeto de las restricciones más severas.

Solo durante 2025, Estados Unidos repatrió directamente a República Dominicana a 3,986 dominicanos, mientras otros 533 llegaron deportados desde Puerto Rico.

Para abril de 2026 ya se contabilizaban más de 400 nuevas repatriaciones desde territorio estadounidense.

Donde Washington sí ha coincidido con Santo Domingo es en Haití.

Durante su visita al país el 6 de febrero de 2025, el secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó públicamente una de las posiciones más sensibles del Gobierno de Abinader: Estados Unidos no pediría a República Dominicana recibir una migración haitiana masiva.

Rubio también prometió mantener el respaldo estadounidense a la misión internacional de seguridad en Haití.

Pero otra decisión de Trump puede terminar aumentando indirectamente la presión sobre la isla.

Su administración eliminó el Estatus de Protección Temporal para cientos de miles de haitianos que vivían legalmente en Estados Unidos.

Tras varios litigios, la terminación quedó despejada en agosto de 2026 y unos 350,000 haitianos quedaron expuestos a perder la protección frente a la deportación.

Para República Dominicana, cualquier retorno significativo hacia un Haití todavía dominado por la inseguridad representa un riesgo adicional de presión migratoria sobre su frontera.

Menos ayuda, más seguridad

La relación bilateral también experimentó una transformación en materia de cooperación estadounidense.

El mismo día de su juramentación, Trump ordenó congelar durante 90 días la ayuda exterior para someterla a revisión.

República Dominicana tenía 24 iniciativas apoyadas por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), con un valor conjunto de 238.3 millones de dólares. La agencia había destinado más de 56 millones de dólares al país durante 2024.

Abinader admitió su preocupación y llevó el tema a la conversación con Rubio.

El secretario de Estado respondió anunciando que determinadas iniciativas vinculadas con la seguridad podrían recibir exenciones.

Posteriormente, la administración eliminó alrededor del 83 % de los programas de USAID a escala mundial y desmontó la agencia como administradora independiente de la ayuda exterior.

El impacto definitivo, programa por programa, en República Dominicana nunca fue detallado públicamente.

Rubio anunció en Santo Domingo un acuerdo para incorporar un agente de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos a labores conjuntas con autoridades dominicanas y ampliar el acceso tecnológico.

Más tarde, República Dominicana permitió temporalmente el uso de áreas restringidas del Aeropuerto Internacional de Las Américas y de la Base Aérea de San Isidro para apoyo logístico estadounidense en operaciones regionales contra el narcotráfico.

En julio pasado, Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos firmó, además, un acuerdo de perfilamiento de carga en el puerto de Haina.

Lo positivo

En marzo de 2025, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos modificó la restricción que desde noviembre de 2022 impedía el ingreso de azúcar de Central Romana Corporation debido a señalamientos relacionados con trabajo forzoso.

La decisión permitió restaurar el acceso de la empresa al mercado estadounidense bajo las condiciones establecidas por CBP.

Para el Gobierno dominicano aquello representó una victoria después de más de dos años de gestiones. La Dirección General de Aduanas aseguró entonces que la medida tendría un impacto favorable sobre el comercio y la economía nacional.

Era además una señal política: una de las disputas comerciales más delicadas entre ambos países heredada por Trump fue resuelta apenas dos meses después de su regreso al poder.

Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial, migratorio y estratégico de República Dominicana.

Trump no ha tratado al país como adversario y su Gobierno ha respaldado posiciones dominicanas sensibles, especialmente sobre Haití y seguridad.

Estados Unidos también ha mostrado extraordinario interés en otros temas:

Marco Rubio ha identificado a República Dominicana como un posible centro cercano y seguro para industrias tecnológicas, incluyendo semiconductores utilizados en medicina y defensa.

También planteó cooperación estadounidense alrededor de las tierras raras dominicanas y habló de trabajar conjuntamente en seguridad energética.

Hasta ahora, esas declaraciones deben entenderse como oportunidades y áreas de cooperación planteadas, no como inversiones ya materializadas.

Pero contienen un mensaje político significativo: dentro de la estrategia estadounidense de reducir dependencias de cadenas de suministro lejanas, Washington ha presentado públicamente a República Dominicana como un país aliado, estable y geográficamente conveniente.

Pero la experiencia de estos 19 meses también deja otra realidad: bajo la política de "America First", ser un "amigo especial" de Washington ya no significa necesariamente quedar fuera de las medidas adoptadas para proteger primero los intereses estadounidenses.

TEMAS -

Periodista dominicano. Ha trabajado en los periódicos Diario Libre, El Caribe y Listín Diario donde ha ejercido cubriendo las fuentes de deportes y ciudad. Ha trabajado en radio, televisión y proyectos digitales.