Retornados: las razones por las que dominicanos dejan de vivir en Estados Unidos

Asuntos familiares, deportación y temas académicos figuran entre los principales motivos

“Yo estuve allá nueve años, cuatro meses, 19 días y cuatro horas”, dice con precisión Pablo Sánchez, un dominicano que emigró a los Estados Unidos en 2010, pero no se adaptó al estilo de vida de Nueva York, y en 2017 retornó con su esposa e hijas a Santo Domingo.

Como ellos, una buena parte de la diáspora regresa a Quisqueya por distintas razones y engrosa la lista de los retornados.

Los asuntos familiares, en especial el cuidado de hijos menores y de familiares enfermos o envejecientes son las principales razones para que dominicanos residentes en el exterior retornen a su país, seguido en segundo lugar por casos de deportación y en tercer puesto por asuntos académicos.

Así lo destaca el estudio “Caracterización de la población dominicana retornada de cara a la formulación de políticas públicas considerando su reinserción a la sociedad dominicana y a la protección social”, publicado el año pasado (cuando no existía la pandemia del COVID-19) por la Vicepresidencia de la República y el Instituto Nacional de Migración.

Para este estudio se ejecutó una muestra de 509 personas que retornaron a la República Dominicana tras vivir en el extranjero, 55.1 % de estos en los Estados Unidos. El país norteamericano acoge a más de dos millones de dominicanos.

De la muestra se determinó que es más común que las mujeres retornen por causas familiares y que los hombres sean los más deportados.

“Esto supone la persistencia de atribuciones de rol que asignan a las mujeres el cuidado familiar, a pesar de haber vivido en otros países más abiertos a relaciones de género más horizontales y menos tradicionales”, indica el estudio.

Mientras entre las mujeres es más común el retorno con hijos menores, entre los hombres es mucho mayor con su pareja. Varias de las entrevistadas dijeron que volvían porque sus esposos o parejas decidieron regresar.

Ese es el caso de la familia de Sánchez. Su esposa, Grecia Cepeda, emigró a Nueva York en 2003 con sus padres. Un tiempo después de ambos casarse, él se fue a vivir con ella a El Bronx, pero siempre tuvo la idea de que su emigración era temporal, pese a que su pareja estaba más adaptada a su vida de migrante y ambos se hicieron ciudadanos estadounidenses.

A Cepeda la terminó de convencer el libertinaje que, a su juicio, existe en los Estados Unidos. “Aquí (en la República Dominicana), a pesar de todo, de las limitaciones que uno puede enfrentar, aquí como que todavía hay más control, hay como más unidad familiar, hay mejor ambiente para criar a las niñas”, dice.

Su esposo había investigado sobre Nueva York antes de partir hacia esa urbe. “De por sí no me gustaba, al punto que, sin mentirle, cuando fui al consulado fue pidiéndole a Dios que me dijeran que no (al visado)”.

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Sánchez, quien es oriundo de San Juan, tiene estudios de Arquitectura y sabe trabajar con imprentas. Este último conocimiento le permitió conseguir empleos en los Estados Unidos. Pero a pesar de que tenía estabilidad económica y la cultura dominicana lo rodeaba en El Bronx, donde residen muchos criollos, prefería su país y estar cerca de su familia. Durante nueve años se fue preparando para su retorno. Con su esposa se preocupó por que sus hijas -que hoy tienen 13 y 10 años- aprendieran español.

“No es fácil vivir aquí en su casa, sin pagar alquiler, llegar un 5 de marzo, y el 30 tener que buscar 800 dólares para pagar un bassemant (sótano), cuando tu haces la traducción a pesos en ese entonces, dices: 40 mil pesos por vivir en un sótano, esto como que no cuadra”, comenta Sánchez.

Mudarse a otro estado de los Estados Unidos no significaba un cambio para Sánchez ni un aliciente para cambiar de opinión. “Simplemente te cambia un poco el sistema, pero es lo mismo, en los estados donde pagan menos impuestos es más difícil conseguir un trabajo y, en los que puedes conseguir un trabajo más o menos, tienes que tener un carro”, comenta.

Los dominicanos en los Estados Unidos representan la quinta población de migrantes de mayor volumen en ese país, al que comenzaron a migrar en mayor escala en la década de 1960. Más de 1.1 millones son nacidos en la República Dominicana y sobre los 875,400 descendientes. El 70 % de la comunidad se concentra en Nueva York, Nueva Jersey y Florida.

El retorno de los migrantes criollos no ha sido muy estudiado, observa el gobierno. De literaturas más viejas, se destaca que para 1982, un ensayo titulado Migración de retorno: determinantes sociodemográficos de la migración de retorno a la República Dominicana, indica que la determinación de la vuelta a la República Dominicana es producto de la desadaptación manifiesta que se produce en esos migrantes que no se asimilaron a la sociedad de recepción.

“Amo la libertad en todo el sentido de la palabra, desde cómo visto hasta lo que como, entonces allá es: casa, tren y trabajo, es como una monotonía”, dice Sánchez.

¿Y los inviernos, cómo los pasaba?, le pregunta Diario Libre. “¡Ouch!, no me lo menciones, esa nieve... Al que le gusta (Estados Unidos) yo lo respeto y lo felicito, pero también le pido que, al que no nos gusta, respeten esa parte”, expresa.

Grecia Cepeda y su esposo Pablo Sánchez contemplan el residencial donde viven desde el balcón de su apartamento. Una de las condiciones que se impusieron para que la familia retornara al país fue tener una vivienda propia y la consiguieron.
Grecia Cepeda y su esposo Pablo Sánchez contemplan el residencial donde viven desde el balcón de su apartamento. Una de las condiciones que se impusieron para que la familia retornara al país fue tener una vivienda propia y la consiguieron. ( )

El estudio de caracterización de la población dominicana retornada destaca que la República Dominicana tiene una emigración cuya relación es de 3 a 1, esto es, que por cada tres dominicanos que salen del país llega un extranjero. La diáspora es mayor en los Estados Unidos, seguido de España (con más de 154,000), Puerto Rico, Italia, Canadá, Venezuela, Suiza, Alemania, Holanda y Panamá.

“Como la emigración dominicana es fundamentalmente hacia Estados Unidos, el mayor retorno se produce desde esta nación. Los cambios en las políticas migratorias estadounidense de criminalizar muchas acciones que antes no conllevaban deportación, así como una actitud antiinmigrante, ha sido un factor contribuyente para que al país haya retornado una parte de los registrados en el censo (de población de 2010) de manera forzosa; es decir, deportado por violar alguna norma de este país”, indica el estudio.

La investigación observa que para 2010 (año en que se hizo el último censo nacional de población) se estimaron 38,446 retornados, siendo las provincias con más alta migración de retorno Santo Domingo, Santiago, Distrito Nacional, Duarte, La Vega, La Altagracia y San Cristóbal.

“Al que le gusta (Estados Unidos) yo lo respeto y lo felicito, pero también le pido que, al que no nos gusta, respeten esa parte”.

El plan principal era retornar

Para el estudio de caracterización de la población retornada se identificaron tres categorías para el retorno de los dominicanos a su país: voluntaria, como los jubilados; los forzosos, como los deportados o personas con problemas con sus documentos migratorios, y los temporales, como estudiantes o gente que va y viene en cortas estadías.

En la población retornada de manera forzosa, la moda o período más frecuente de retorno fue entre los años 2000 y el 2011, lo que se corresponde con el recrudecimiento de las políticas de deportación en Estados Unidos, reflexiona el estudio.

Quienes más tienden a retornar son personas en edad madura y adultos mayores con hijos adultos.

Los resultados de la encuesta aplicada a retornados para el estudio arrojaron que los entrevistados planeaban emigrar de forma temporal. El 80.9 % dijo que sus planes suponían retornar. Casi dos tercios de los entrevistados dijo que su objetivo era pasar un tiempo fuera del país para lograr alguna meta en particular. Solo el 19.1 % dijo que sus planes eran residir permanentemente fuera del país.

“Al ser cuestionados sobre si lograron llevarse sus familiares, más de la mitad (53.6 %) dice no haberlo logrado, mientras otro 22.0 % afirma no haberlo logrado del todo. Esto arroja luz sobre lo difícil que resulta para los migrantes dominicanos llevarse a sus familiares, lo cual, como se ha mostrado, se traduce en una importante razón de retorno”, plantea el estudio.

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A pesar de la alta proporción que tenía planeado regresar al país, casi la mitad de los retornados entrevistados no había tomado ninguna acción en previsión para su regreso a la República Dominicana. La medida más común tomada por quienes sí hicieron alguna previsión fue adquirir una vivienda en el país.

Eso hicieron Sánchez y su esposa. Se enteraron de un proyecto inmobiliario en Santo Domingo Este y compraron un apartamento. Una vez lo pagaron, la familia se mudó. Tener una vivienda propia era una de las condiciones que ambos se plantearon para retornar a su país.

El estudio sobre la población retornada destaca que mientras los que se marcharon antes de la década de 1970 reportaron menos no haber tomado acción alguna, quienes lo hicieron entre 1971 y 1979 mostraron mayor incidencia que quienes se marcharon entre 1980 y 2009.

El retorno no necesariamente se produce de manera definitiva, incluso cuando esa sea la intención de la persona que ha regresado, observa la investigación. En el estudio se indagó en torno a las veces que los entrevistados intentaron volver y no lo lograron. Indica que una cuarta parte de estos (25.3 %) dijo haber realizado algún intento fallido de retorno, teniendo que reemigrar. Entre quienes regresaron de manera voluntaria la incidencia de intentos fallidos es mayor que entre el resto.

¿Por qué reemigraron?

Las razones económicas fueron las principales causas que los dominicanos retornados citaron para volver a emigrar. Entre estos están dificultades para generar ingresos, ya sea por causas atribuidas a la crisis económica, no haber podido encontrar empleo o por falta de dinero, ya sea por bajos salarios, falta de acceso al trabajo o fracaso de un negocio.

Sánchez fue uno de los que reemigró. Cuando la familia retornó en 2017, él volvió a los Estados Unidos para seguir trabajando, mientras que su esposa consiguió un empleo en un call center. Aunque su contrato laboral ha sido suspendido por la crisis generada debido a los cierres de empresas por el coronavirus, está esperanzada en que los tiempos mejoren.

Hace poco Sánchez retornó para quedarse con su esposa e hijas de forma definitiva. Aunque reconoce que su economía no está mejor, se motiva reflexionando en que en la República Dominicana “se puede vivir”. “Nadie dijo que no, todo depende de cómo uno se enfoque”, asegura.

El 10.8 % de los migrantes retornados entrevistados para el estudio de caracterización de la población dijo poseer una empresa o negocio propio.

Una buena parte de los retornados tarda hasta un año para conseguir empleo, siendo los más desempleados los que retornaron de forma forzosa como los deportados.

El estudio destaca que poco más de seis de cada diez dominicanos que vuelven se encuentran laborando o buscando activamente un empleo.

Retornados: las razones por las que dominicanos dejan de vivir en Estados Unidos

Estudiaron y volvieron

El tercer motivo más común para que los dominicanos retornen es la terminación de los estudios en el extranjero. Esta variable se registra entre los más jóvenes.

Bianca Arias, quien también es ciudadana americana por nacimiento, pero se crió en la República Dominicana, vivió durante dos años y medio en los Estados Unidos, donde cursó una maestría y trabajó en una oficina de abogados. Se planteó instalarse en Nueva York y fijar una familia en medio del trajín agitado de esa ciudad.

“Me di cuenta de que, si quería formar familia en un futuro, no era el lugar en el cual yo me sentía cómoda, y la calidad de vida. La vida en los Estados Unidos es muy dura; sí, tú creces más rápido, ganas más dinero, pero es muy sacrificada, entonces yo siempre he pensado que mi calidad de vida y mi salud emocional, para mí, es lo primero”, dice la joven de 31 años.

Cuando terminó sus estudios se quedó por unos dos meses y luego retornó a Santo Domingo “a ver qué pasaba”. Se reunió con su novio, quien ahora es su esposo, y encontró un trabajo en una empresa multinacional, donde labora desde hace ocho años.

Arias reconoce que ha viajado a otros estados de los Estados Unidos donde quizás se hubiese adaptado mejor, pero no pudo deshacerse de la idea de que ella sería “un número más” en ese país. “Hasta para hacer amigos te costaba, hasta para salir a socializar con alguien era un mes de programación, cosa que uno en mi país no está acostumbrado”, cuenta.

La mayor parte de la población retornada que migró con fines educativos dijo haber regresado de inmediato al concluir sus estudios, mientras que el restante 33.1 % permaneció por algún tiempo en el extranjero para trabajar en otras áreas, tomar vacaciones o extender sus estudios mediante prácticas o pasantías, destaca el análisis gubernamental.

“Aquí (en la República Dominicana) tú necesitas tres cosas para vivir cómodo, para decir como un Don Juan: un techo propio, un vehículo para moverte y una entrada de dinero que tú tengas garantía de que al mes no te falta la comida; si piensas en millones tal vez te quedes corto”, reflexiona Sánchez.

“El día que te quieres ir para la playa te vas -agrega-; te quieres ir de fin de semana para el campo, te vas, y el clima no te lo impide. Allá tú dependes de que al clima le dé la santa gana”.

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