La politización de los radares
Lejos de ser un gran logro gubernamental, la compra de estos radares ha servido como ejemplo de un mal común en nuestro país: tener equipos que no utilizamos más allá del mercadeo político

Este 25 de febrero, el IDAC ha invitado a los medios a la inauguración de su nuevo radar meteorológico en la cede de su edificio en Punta Caucedo, junto al Aeropuerto Internacional de Las Américas.
El magno evento estaría precedido por el presidente Luis Abinader y contaría con una serie de funcionarios de alto rango del gobierno. El radar se une a la red nacional de radares meteorológicos (tres con este nuevo radar) que el gobierno ha prometido instalar.
Hasta ahí vamos bien; el problema inicia cuando comenzamos a preguntar cómo se están utilizando los radares hasta el momento y cuál es el plan de este nuevo radar. Es ahí donde la triste realidad de la politización de estos temas acaba con la implementación tecnológica de estos proyectos.
Origen del proyecto de radares meteorológicos
Como isla tropical, nuestro país sufre constantemente el azote de tormentas eléctricas de gran envergadura que pueden convertirse en una amenaza para la aviación civil.
Los radares meteorológicos Doppler son las mejores herramientas para detectar y evadir dichas tormentas; tanto las aeronaves de transporte de líneas aéreas como muchas de las estaciones en tierra cuentan con dicha tecnología.
- En nuestro país fue el Aeropuerto de Punta Cana el primero en contar con uno de estos radares hace ya más de 10 años.
Luego de la inauguración del radar de Punta Cana, el Gobierno dominicano (ya en la administración Abinader), no tenía presupuestado comprar nuevos radares, aunque siempre se habló de la necesidad de crear una red nacional de estos.
A mediados de 2021, nuestro equipo, junto con el reconocido meteorólogo John Morales y el comunicador Jean Suriel, iniciamos una campaña de concientización pública a favor de la compra de dichos equipos.
La prensa nacional se hizo eco del llamado a la compra de estos equipos, y el gobierno respondió anunciando la compra de dos radares más, los cuales serían colocados en Puerto Plata y Santo Domingo como forma de crear una triangulación de las zonas más pobladas de la isla.
Características técnicas
Los radares instalados en el país son:
-Punta Cana: WRM200, por un costo de RD$156,659,479 en 2019
-Puerto Plata: WRS300, por un costo de RD$249,475,600 en 2023
-Santo Domingo: WRS300, por un costo de RD$250,000,000 en 2023
Estos hacen un total invertido de RD$656,135,079, todos a la marca finlandesa Viasala, representada en el país por la empresa dominicana Airport Team Solutions (ATS).
Todos estos son radares meteorológicos de aviación, ninguno diseñado para usos que no sean el apoyo a la aviación, por lo que el discurso un tanto populista del ministro José Paliza y el director del IDAC, Igor Rodríguez, de que estos radares pueden utilizarse para todo desde INDOMET hasta agricultura es técnicamente incorrecto y algo deshonesto.
En innumerables ocasiones le hicimos la corrección al director Rodríguez de que ese no era el caso.
A tanto llegó el tema de querer abarcar otras áreas ajenas a la misión aeronáutica de los radares, que el radar instalado en Puerto Plata, fue instalado en la loma Isabel de Torres, y no en el aeropuerto como se supone debió haber sido según su diseño.
A seis años de su compra, los radares no se están utilizando para lo que se compraron
Pero lo más penoso de todo esto es que, seis años después de comprados e instalados, y más de 600 millones de pesos invertidos, ninguno de los radares instalados está siendo utilizado para lo que fueron comprados.
Increíblemente, muy poco personal del IDAC ha sido entrenado en su uso, y tanto los controladores de tránsito aéreo como los pilotos y despachadores (principales grupos de usuarios) tienen acceso a las imágenes y controles del radar de manera clara y precisa.
El IDAC lo ha enfocado en su promoción política como un gran logro de la gestión, pero no ha puesto en funcionamiento ninguna de las recomendaciones de uso que le han hecho pilotos y controladores de tránsito.
Por lo que, al final, esto parece más una costosa actividad política donde funcionarios se reúnen con la prensa a felicitarse unos a otros, y nadie parece preguntar para qué realmente se gastaron todo ese dinero.
Al final de cuentas, las aeronaves en el espacio aéreo dominicano siguen evadiendo las tormentas por sí mismas, sin que los controladores de tránsito y sus despachadores tengan otra solución más que autorizarles el desvío.

Francisco J. Diaz