Bateyes del Gran Santo Domingo: La metamorfosis 1/4

La decadencia de la industria azucarera y la crisis en los bateyes

Durante décadas la industria azucarera constituyó el principal soporte económico de la República Dominicana, aportando más del 20% del Producto Interno Bruto (PIB), pero a partir de los años 80, y con la reducción de la cuota azucarera por parte de Estados Unidos, esa actividad comenzó a decaer.

Fue en el primer gobierno que encabezó el presidente Leonel Fernández que al sector se le dio el “tiro de gracia”, con la aprobación de la Ley 141-97, de “capitalización de las empresas del Estado” o privatización. En ese momento el Estado era propietario de unos 11 ingenios, la mayoría de los cuales fueron vendidos al sector privado, incluida la tierra.

Para hacer próspera la industria no solo fue necesario el capital, sino que la fuerza de trabajo fue fundamental en su desarrollo y para ello se crearon condiciones que permitieron traer cortadores desde Haití con contratos de seis meses para participar de las zafras y se construyeron infraestructuras como barracones para el alojamiento de los braceros.


El director de Consejo Estatal del Azúcar, Luis Miguel Piccirillo McCabe, cuenta que en la actualidad, el Estado solo tiene en funcionamiento el ingenio Porvenir, que tiene una empleomanía de 200 a 250 braceros.

Aunque la industria no era lo que en su momento se convirtió en la mayor fuente de divisas del país y la de mayor generación de empleos, hoy se trabaja con pocos braceros, pero como dice su director, se les trata con dignidad.


En lo que era la demarcación del Distrito Nacional, hoy la provincia Santo Domingo, surgieron diversos bateyes, en los que se construyeron barracones o viviendas multifamiliares donde viven dominicanos y haitianos, estos últimos en mayoría.

Algunos de esos bateyes son: San Luis, que ahora es un Distrito Municipal, Batey Naranjo, Mata Los Indios, Mojarra, Yabacao, Mata Mamón, San Juan, San José, San Joaquín, Corte Bolo, estos en la parte Este y Nordeste del ahora municipio Santo Domingo Este.

En la parte Norte se distinguieron los bateyes Los Casabes, La Duquesa, Batey Estrella, entre otros, mientras que en la parte Oeste estaban Yacó, Bienvenido, Caballona, Palavé, Palmarejo, Lechería, entre otros.

Barracones modificados en el batey El Naranjo

En el país hay 411 bateyes, algunos ya dejaron de ser zonas cañeras y se han convertido en barrios. En el país hay un registro de 411 bateyes, 270 pertenecen al Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y 141 a los consorcios azucareros Central Romana y Vicini. Solo el Central Romana tiene 101 bateyes y una población aproximada a las 27,000 personas.

Jesús Núñez, presidente de la Unión de Trabajadores Cañeros, cuenta que en totalidad, se calcula que el país hay 50,000 trabajadores cañeros, la mayoría haitianos y sus descendientes, además de dominicanos y dominico-haitianos, muchos de los cuales conviven en esas demarcaciones.

Jesús Núñez “El Cañero”, presidente de la Unión de Trabajadores Cañeros, liderando una protesta

“El Cañero”, como le apodan al alcalde por su origen en los alrededores del ingenio Ozama en San Luis, afirma que, por lo menos esa zona se ha convertido en una especie de metrópolis luego de la capitalización.
Recuerda su niñez en los bateyes donde la vida “era dura” porque no había ningún tipo de servicio y la gente vivía en atraso, sin calles, aceras, sin energía ni servicios de salud, ahora cuentan con agua, centro de diagnósticos, 7 escuelas, transporte y energía eléctrica.

Pero para algunos, como el alcalde de Santo Domingo Este, Alfredo Martínez, la capitalización de los ingenios lo que hizo fue traer progreso en su natal San Luis porque pasaron de batey a Distrito Municipal con mejoría de los servicios.


San Luis, el Distrito Municipal

Fue en el 2002, cuando era diputado Martínez, que San Luis fue elevado a la categoría de Distrito Municipal y desde entonces para muchas personas la vida ha cambiado, algunos para bien, otros para mal. De acuerdo con el censo de 2010 en esa demarcación vivían más de 57,000 personas.

“Era una vida dura porque el mismo hecho de que los empleos eran seis meses de zafra y seis meses de tiempo muerto. Eso te dice que era una vida bastante dura, porque el ser humano nació para comer los 365 días del año. Con la desaparición de los ingenios azucareros llegó el progreso a San Luis”, dijo Martínez.


La alta chimenea del ingenio Ozama era antes símbolo de progreso de San Luis, pues para muchos, cuando salía humo de su interior, era evidencia de producción, pero ya las máquinas no emiten sonidos, el óxido es testigo de que ya no mueven la economía.

Lo que antes era un espacio dinámico de gente en producción, hoy es un lugar abandonado, lúgubre, donde se apagaron los ruidos del progreso y solo viven los recuerdos.

Ahora proliferan el motoconcho, pequeños comercios, venduteros, pero también hay industrias e instalaciones como el Instituto Técnico Superior Comunitario. Cuenta con su propia autoridad municipal y otras facilidades, pero detrás del poblado, de lo urbano, la vida sigue paralizada, el progreso se ha detenido y la pobreza es lo abundante.

Paraje El Naranjo

El Naranjo era un batey perteneciente al ingenio Ozama, está a unos tres kilómetros de San Luis donde viven alrededor de 15,000 personas. Desde hace más de 20 años, la caña, materia prima del azúcar, desapareció y su gente vive del chiripeo, la construcción, el motoconcho y en el caso de las mujeres, del trabajo en casas de familia en otros lugares.

De entrada al poblado, no importa el día, lo primero que se aprecia es a jóvenes ociosos que se la pasan dialogando debajo de árboles o en cualquier otro lugar. Allí hay poco que hacer, por lo que la gente tiene que salir a San Luis, Guerra, San Isidro, Los Mina, al Distrito Nacional y otras localidades a ganarse en sustento.

Dominicanos y haitianos comparten unos tres barracones, pero la mayoría vive en casas particulares. Francisco José es un haitiano de 81 años que llegó al país el 15 de abril de 1955 a cortar caña con un contrato por seis meses. Es de los más viejos pobladores del “batey” y cuenta que fue desde sembrador y cortador de caña, hasta vagonero. Sus callosas manos así lo confirman.

La convivencia ha sido siempre respetuosa entre haitianos y dominicanos, cuenta, y en su caso nunca ha tenido problemas y más bien, comparten el espacio en hermandad tanto los pocos viejos que quedan de su generación como los jóvenes y niños que están surgiendo.


A El Naranjo no hace mucho tiempo llegó el asfaltado de sus calles y como explica Juliana Pérez, presidenta de la Junta de Vecinos, no tienen problemas con el suministro de agua y la energía eléctrica es mejor que en otras localidades.

En este lugar es que está la toma del acueducto barrera de salinidad, que se nutre de los ríos Ozama y Yabacao, el cual suministra de agua al municipio más poblado del país como es Santo Domingo Este con más de un millón de habitantes. Es en esa comunidad donde la Alcaldía pretende construir un relleno sanitario.

Además de la alta tasa de desempleo, otro de los principales males es la falta de escuelas. Solo existe la básica María de Yan, que imparte cursos desde primaria hasta octavo grado, y ha sido necesario utilizar parte de la cancha para hacer anexos debido a que no hay espacios.

Cerca del lugar se construye un plantel de 24 aulas, pero desde hace tres años la obra está paralizada por falta de presupuesto, dice la dirigente comunitaria. En el caso de la secundaria existe un pequeño local donde reciben docencia los jóvenes de Primero hasta cuarto de bachillerato en condiciones precarias.

Ubicación de los bateyes que rodean a Santo Domingo

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