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Arranque frenético en Arrate, final a lo grande en La Covatilla

Ramón Orosa

Redacción deportes, 7 nov (EFE).- La Vuelta 2020 pasará a la historia como la de la pandemia que obligó a crear burbujas sanitarias para poder seguir adelante e impidió que hubiese público en los grandes puertos, pero en lo deportivo como una de las más competidas de la historia desde un arranque frenético en Arrate y hasta el final a lo gran en La Covatilla.

En una y otra subida, clásicas ambas, se lanzaron a la pelea el esloveno Primoz Roglic, vencedor ya en Arrate y ganador seguro aunque quede el paseo final por Madrid, y el ecuatoriano Richard Carapaz, que le ha discutido como ninguno la Roja y le ha puesto contra las cuerdas hasta el último suspiro de la etapa definitiva.

En medio, lucha sin cuartel animada por un recorrido pleno de montaña con hasta ochos llegada en alto y varias más en cuesta o con un puerto cercano a meta.

Con el Movistar como gran animador desde el principio, fue sorprendente ver al renacido Dan Martin y el inesperado Hugh Carthy meterse en una pelea que al final fue más por el podio que por un triunfo en la general con el que, no obstante, llegaron a soñar.

Carthy, ganador en el Angliru, el puerto de esta Vuelta, incluso no lo descartó hasta el último día, cuando a 4,3 kms. de la cima de La Covatilla abrió las hostilidades entre los grandes de la carrera.

A Martin le abandonaron las fuerzas en la última semana y, tras ceder mucho tiempo en la crono hacia el Mirado de Ézaro, bastante hizo este sábado con aguantar con la cuarta plaza de la general.

Una gran actuación, no obstante, la del irlandés. Como también de un Carthy que ya a partir de ahora deberá contar entre los favoritos a la victoria en una grande por etapas que tenga muchas subidas.

Aunque los momentos cumbre de esta Vuelta se han vivido en la durísima escalada al Alto de Moncalvillo y la decisiva Covatilla.

En la preciosa ascensión riojana Roglic y Carapaz protagonizaron un mano a mano lleno de ataques y contraataques que quedarán en la memoria; como también se recordará el furibundo ataque final de la 'Locomotora de Carchi' que casi descarrila al pétreo esloveno.

De esta última etapa espectacular quizás salga trasquilado el Movistar, que se vio en medio de una pelea que no era la suya y pudo hasta ser decisivo para que la Roja no cambiase de espaldas.

Movistar, como el ciclismo español en esta Vuelta. Apuntando pero dando poco. El liderato era de Alejandro Valverde, pero el 'Bala' ha acusado el extraño año de la pandemia y quizás también ya la edad.

La gran baza telefónica realmente era Enric Mas, pero el balear llegó demasiado desgastado del Tour, en el que también terminó quinto y sin apenas opciones de podio.

Las piernas del Movistar las tenía Marc Soler, pero entre su irregularidad, sus esfuerzos a veces excesivos y ser el tercero en discordia arruinaron sus opciones en la general. Eso sí, ganó a lo grande en casa, en Lekunberri, y dio guerra en toda una carrera de la que seguro que sale favorecido.

Por lo demás, protagonismo francés que no es nuevo en la Vuelta, con Guillaume Martin y David Gaudu de estiletes; una etapa para cada uno de los dos grandes sprinters, Sam Bennett y Pascal Ackermann, a la espera de lo que ocurra mañana; y una lección de ciclismo de los hermanos Izagirre en Formigal para que ganase Ion.

Todo dentro de un marco de pelea continua que no escatimaron los corredores aún el peor escenario posible; una pandemia.

Desde que arrancaron en Irún hacia Arrate hasta que alcanzaron La Covatilla. El homenaje mañana en Madrid será para todos. Con Roglic, claro, de rojo en cabeza. EFE

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