Ayodhya, zona de alta seguridad: lugar de nacimiento del dios hindú Ram
David Asta Alares
Ayodhya (India), 5 nov (EFE).- En pleno centro de la ciudad india de Ayodhya, un grupo de policías se afana en descargar vallas amarillas de 3 metros de altura reforzadas con alambre de espino. Grandes letras rojas sobre el metal aclaran a qué se debe el despliegue: 'Lugar de nacimiento de Ram, zona de alta seguridad'.
Los preparativos en la ciudad, de unos 55.000 habitantes, van en aumento a la espera de que el Tribunal Supremo zanje antes de dos semanas el espinoso asunto de a quién pertenece un lugar sagrado en la urbe que hindúes y musulmanes se disputan desde hace décadas.
Se trata del lugar donde se erigía la mezquita de Babri, construida en el siglo XVI por el emperador mogol Babar y arrasada hasta los cimientos por una turba de miles de fanáticos hinduistas en 1992, al creer que ahí se encuentra el lugar de nacimiento exacto del dios Ram, un suceso que desencadenó los peores choques entre las dos comunidades desde la partición en 1947, con unos 2.000 muertos.
Una mujer envuelta en un colorido sari amarillo recorre el túnel de enrejado verde que conduce hasta las ruinas de la mezquita tras someterse a seis estrictos controles de seguridad, uno tras otro.
Es una más entre el reguero de devotos hindúes que visitan el recinto a diario.
Bajo la atenta mirada de decenas de policías y un número por lo menos similar de monos, la mujer llega por fin a una especie de apertura en la verja y un éxtasis religioso ilumina su rostro.
'Ram', susurra.
Frente a ella, a una decena de metros y sobre los restos de la antigua mezquita, se levanta un ídolo del dios, adornado con opulencia sobre un altar.
'Los hindúes creemos que este es el lugar de nacimiento del dios Ram, es sagrado para nosotros', explica a Efe Alok Kumar, abogado y presidente en funciones de la organización conservadora Vishwa Hindu Parishad (VHP), uno de los litigantes del caso en el Tribunal Supremo que busca construir un gran templo en honor al dios hindú.
El caso sobre la propiedad del terreno llegó a los tribunales en los años cincuenta, después de que un grupo de hindúes colocase ídolos de Ram en el interior de la mezquita y las autoridades la cerrasen al público.
Los tribunales deben decidir si el lugar pertenece a las organizaciones musulmanas que administraban Babri hasta que fue destruida, o a los hindúes, representados principalmente por un monasterio de ascéticos y el propio dios Ram, ya que la ley india permite que un dios sea reconocido como 'persona jurídica'.
A la espera de la justicia, el VHP lanzó en los años ochenta y noventa una serie de agitaciones, junto al partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP) ahora en el Gobierno, que devolvieron el conflicto de Ayodhya a la escena política.
El movimiento culminó con la destrucción de Babri en 1992.
'Esta lucha continúa desde los años 50 porque queremos que el amor propio de los hindúes sea restaurado', dice Kumar, cuya organización suscribe el hindutva, una ideología que busca una India para los hindúes, con las minorías supeditadas a ellos.
Mujibur Rehman, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Jamia Milia Islamia de Nueva Delhi, explica a Efe que es como si para los nacionalistas hindúes 'todos los musulmanes hubiesen trabajado en tándem para perpetuar el islam y humillar a la sociedad hindú'.
'No es el caso', sentencia Rehman.
En Ayodhya, a unos 700 kilómetros, los musulmanes miden más sus palabras que cualquier hindú, devoto o militante.
Apenas un 6,19 % de la población de Ayodhya profesa el islam.
'Estamos listos para aceptar el veredicto del Tribunal Supremo, sea el que sea', dice a Efe uno de los litigantes musulmanes, Iqbal Ansari, frente a una humilde mezquita de color verde neón a la que ha acudido a rezar.
Ansari recorre los trescientos metros que separan la mezquita de su casa acompañado por dos policías armados con metralletas, parte de su escolta personal. Doscientos metros en la dirección opuesta se encontraba la mezquita de Babri.
El padre de Ansari fue uno de los denunciantes originales en 1949, cuando apareció el ídolo de Ram en la mezquita y las autoridades cerraron las puertas, y tras su muerte en 2016 el hijo siguió con el litigio.
Su familia ha luchado en los tribunales durante 70 años. ¿Le gustaría ver una mezquita reconstruida sobre las ruinas?
'Aceptaremos cualquier sentencia', insiste, evasivo.
Otro de los litigantes, el septuagenario Haji Mehboob, también señala que aceptará el veredicto del máximo órgano judicial de la India.
'La gente dice que Rama nació allí, pero nosotros hemos rezado en la mezquita durante 450 años y es la casa de Alá', explica junto a los dos policías que velan por su seguridad, mientras llama a hindúes y musulmanes a 'quedarse en sus casas pacíficamente' cuando se dé a conocer la sentencia.
Sentado en una silla de plástico verde en el patio de su casa, recién llegado de una de las 36 mezquitas de Ayodhya, Mehboob recuerda a los miles de fanáticos que se lanzaron a destruir la mezquita de Babri prácticamente a mano en 1992.
'No sé quiénes eran, de dónde salieron o qué hacían, pero había una atmósfera de terror', rememora.
Al menos, explica, la turba no volcó su ira contra la población musulmana tras destruir la mezquita.
'Una intervención divina nos protegió, eso nos ayudó', explica.
Mehboob espera que ahora, treinta años después y cuando el Supremo haya zanjado la cuestión, no haga falta llegar a tanto para salvarse. EFE

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