Balenciaga y Alaïa, dos diseñadores contra las tendencias
París, 20 ene (EFE).- Los diseños del tunecino Azzedine Alaïa y el español Cristóbal Balenciaga son objeto de una exposición que permite ver desde este lunes en la Fundación Alaïa de París el trabajo de dos creadores que compartieron una visión arquitectónica de la moda y que huyeron de las normas que imponía la industria.
Dirigida por el comisario galo Olivier Saillard, la muestra pone en perspectiva las creaciones de Balenciaga (1895-1972) y Alaïa (1935-2017) siguiendo los deseos de Hubert de Givenchy, que poco antes de morir, en marzo de 2018, pidió al equipo del comisario francés que revisara los puntos en común entre ambos diseñadores.
Givenchy falleció poco después de aquel encuentro pero la exposición 'Alaïa y Balenciaga: escultores de la silueta', abierta al público hasta el 28 de junio, salió adelante y viajará en el segundo semestre del año al Museo Balenciaga de Getaria, donde será ampliada con mas creaciones del vasco.
'Alaïa y Balenciaga compartían una forma de rechazo, de discreción, de timidez y un gusto por la clientela. Balenciaga se negaba a que ciertas clientas se vistieran con su marca del mismo modo que Alaïa, que era capaz de decirle a una mujer que allí no iba a encontrar nada que le conviniera', explica Saillard.
Los dos rechazaron entrar en los puntillosos calendarios de la moda, presentaban sus creaciones a su antojo y fueron capaces de escapar a las tendencias que imponía la mayoría.
Presentados entre tapices blancos, una serie de vestidos en su mayoría negros permiten al espectador ver de cerca los detalles de las creaciones de ambos, puestas en perspectiva.
Balenciaga logró mantener la estructura de los vestidos sin corsés gracias a una costura que a menudo es calificada de arquitectónica. Una precisión que Alaïa admiró y retomó en vestidos donde la línea era la protagonista.
Cuando en 1968 Cristóbal Balenciaga cerró su salón de París, la que fuera su mano derecha, Mademoiselle Renée, llamó a un joven diseñador tunecino cuyo nombre pasaba de boca en boca de la cada vez más desamparada clientela de alta costura en París.
Alaïa fue invitado a recuperar los tejidos que Balenciaga dejaba sin usar así como una serie de vestidos, que podría cortar a su gusto.
'Cuando los vio dijo: '¡Nunca podría tocarlos!' Él se aficionó entonces a la historia de la moda y empezó a preservas las obras de grandes costureros pensando que no es normal que si una 'maison' cierra su patrimonio sea dilapidado', explica Saillard.
Al final de su vida, junto a las creaciones de otros muchos diseñadores, Alaïa había adquirido 500 prendas de Balenciaga compradas en subastas o antiguos clientes del maestro, el principal referente del tunecino. EFE
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