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Del desván a la librería, el retorno del escritor argentino Manuel Peyrou

Aitor Pereira

Buenos Aires, 14 abr (EFE).- La devoción individual y el esfuerzo evitaron que el escritor argentino Manuel Peyrou caiga en el olvido, y su obra, a menudo perdida en tiendas de segunda mano, vuelva al gran público gracias a una nueva edición de los escritos de uno de los íntimos amigos de Borges.

Héctor Monacci, licenciado en letras y apasionado de la lectura, empleó el tiempo libre que su trabajo en el servicio exterior le deja para honrar a uno de sus escritores predilectos y consiguió que sus cuentos y novelas estén de nuevo disponibles tras varias décadas de ostracismo.

'Algún libro de Manuel Peyrou heredé de mi padre, lo tengo aquí en casa, y con motivo de este proyecto lo que hice fue salir a comprar en el mercado de libros de segunda mano, en esta ciudad (Buenos Aires) hay mucho de eso, los ejemplares, que en general son primeras ediciones porque simplemente no hubo segundas ediciones en muchos de los libros de cuentos y novelas', indicó a Efe.

Tras buscar en tiendas y librerías de toda la ciudad pudo hacerse con los nueve libros que el escritor publicó en vida, entre cuentos y novelas, además de otros textos, como críticas de cine o literarias, publicadas en revistas que formaron el décimo libro que cierra esta colección.

Para la edición de las obras contó con la ayuda de Oscar Peyrou, sobrino del fallecido Manuel y reconocido crítico de cine en España, quien terminó siendo 'un excelente personaje para discutir los textos, esas 2.000 páginas que componen más o menos la obra de su tío'.

LA SOMBRA DE BORGES

Monacci se inició en la obra de Peyrou gracias a la biblioteca familiar y a su pasión por los cuentos policiales, aunque estos fueron en gran medida ajenos al lector medio por motivos desconocidos que Monacci achaca a la fuerte competencia (escribió en el círculo de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo) y a la escasa búsqueda de reconocimiento por parte del autor.

'Peyrou él mismo no se encargó nunca de ser un agente literario, no era un hombre preocupado por la fama perdurable, por el que dirán y por la opinión de los demás. Al contrario, sus características de personalidad lo hacían una persona difícilmente compatible con eso de actuación pública en beneficio de sus propios intereses comerciales', agregó el curador de la colección.

El escritor sufrió también la losa de ser uno de los más íntimos amigos de Borges, 'hasta el punto que había ciertos celos que se pueden percibir en comentarios de Bioy Casares porque claro, es difícil ser el otro amigo de Borges'.

'Estar cerca de Borges debe haber sido un riesgo para cualquier escritor también, porque Borges proyecta una sombra que es fácil que te cubra, no se puede competir', subrayó Monacci.

Tras el fallecimiento de Peyrou en 1974, Borges le dedicó un poema en el que lo describe como un 'hermano'.

'Tuyo fue el ejercicio generoso de la amistad genial. Era el hermano a quien podemos, en la hora adversa, confiarle todo o, sin decirle nada, dejarle adivinar lo que no quiere confesar el orgullo', rezan los primeros versos del poema 'Manuel Peyrou', escrito por Borges.

GÉNERO Y ESTILO

Las obras de Peyrou, tanto los cuentos como las novelas, comienzan con el genero policial, muy popular en el Buenos Aires de 1940, que se mezcla con el género negro gracias a la complejidad de sus personajes y que termina por tener una identidad argentina propia que lo diferencia del resto.

'Hubo una explosión del género policial en Argentina, en Buenos Aires en particular, en la década del 40 y Peyrou jugó un papel fundamental en ese género, le dio forma argentina, comenzó siendo un continuador de tradiciones que se escribían en inglés originalmente, de la tradición policial británica o norteamericana, y después fue argentinizando sus escenarios y sus personajes', manifestó.

Su estilo, al igual que el de sus contemporáneos, gozaba de una formalidad extrema.

'Es un autor que escribe fantásticamente, que perteneció a un círculo en el cual todos sus integrantes tenían ese estándar mínimo. El círculo de Borges y de Bioy Casares y de las Ocampo, eran acusados de formalismo normalmente, pero justamente porque cuidaban las formas y porque escribían de una manera que era una maravilla leer, entones también produce ese placer', concluyó. EFE

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