Deseo y repulsión en los baños públicos de París

María D. Valderrama

París, 21 nov (EFE).- Repudiados por su fetidez y por lo que su presencia evocaba, los baños públicos de París escondieron durante 150 años la historia secreta de los parisinos: homosexuales, libertinos o miembros de la Resistencia establecieron en ellos su cuartel general.

Pero no es una parte de la historia que los especialistas se hayan preocupado por recuperar como sí ha hecho ahora el fotógrafo francés Marc Martin, cuya investigación sobre los usos de estos urinarios instalados a partir de 1834 se muestra ahora en la exposición 'Baños públicos, asuntos privados'.

'Hoy nadie utiliza los baños públicos para conocerse, todo el mundo está en internet. Estos espacios que todo el mundo encuentra sucios y asquerosos, para mí son una poesía sobre los tiempos antiguos, lo que no mostramos de la historia de la ciudades', dice a EFE Martin, especializado en recuperar los 'fantasmas urbanos'.

El fotógrafo habla de huellas que quedaron en las paredes de estos extintos urinarios, conocidos en francés como 'vespasiennes', en honor al emperador romano Vespasiano, que vendía la orina recogida en urinarios públicos, o como 'tasses', por su forma de taza.

'Hombre joven busca hombre, lleve una agenda en el bolsillo para que nos reconozcamos', dice Martin, citando un grafiti hallado en uno de estos baños.

En otros grabados, encontró mensajes en clave de miembros de la Resistencia a la ocupación nazi, que utilizaban estos lugares para intercambiar información privilegiada y coordinarse en las acciones.

En París tan solo queda uno, frente a la prisión de la Santé (en el sur), pero en su momento álgido llegó a haber 4.000 en toda Francia, la mitad de ellos en la capital.

Su carácter masculino y su uso escatológico los convirtieron en un lugar de encuentro por excelencia de homosexuales, pero también en un punto donde la policía realizaba frecuentas redadas, intentando pillar a sus usuarios en flagrante delito, como Martin ha podido constatar inspeccionando los archivos de la Policía.

Pese a estar totalmente integrados en el paisaje urbano, conforme su fama fue empeorando fueron siendo retirados de los barrios más pudientes.

'La Gran Teresa, un travesti, esperaba al cliente en los urinarios. Llevaba una silla plegable, se sentaba y se ponía hacer su tricot, interrumpido a veces para comerse un bocadillo. Estaba en su casa', escribía el novelista Jean Genet en 1949 en 'Diario del ladrón'.

Marcel Proust, vecino de la Iglesia de la Madeleine, solía pasar horas observando el urinario de la esquina y lo incluyó incluso en su 'En busca del tiempo perdido', en el personaje del Barón de Charlus.

'Seguramente el Barón de Charlus ha agarrado una enfermedad a fuerza de pasar tanto tiempo en un urinario (...) En los baños de la rue de Bourgogne he visto entrar al señor De Charlus. Volviendo de Neuilly, una hora después, he visto sus pantalones amarillos en el mismo urinario, en el mismo lugar, en el centro, donde siempre se pone para que no lo veamos', narraba Proust.

También el rey del suspense, Alfred Hitchcock, supo apreciar la particularidad de estos elementos inevitables del paisaje de la capital, donde citó a los periodistas en una visita a París en 1969. En un vídeo de la época, se le ve paseando por ellos mientras responde a los reporteros.

'¿Por qué en París tenemos que esconder todo lo que no brilla?', se pregunta Martin junto a la instalación de fotografías, cartas y documentos que expone en el centro cultural Point Ephèmere hasta el próximo 7 de diciembre.

Al arquitecto Gabriel Davioud, uno de los colaboradores del barón Haussmann -gran artífice de la reordenación urbana de París en el siglo XIX-, se le recuerda por los teatros de la Plaza de Châtelet, la fuente de Saint-Michel o el diseño de los jardines de los Campos Elíseos. Pocos saben, sin embargo, que fue también él quien creó estos estéticos aunque despreciados 'vespasianos'.

A partir de los 80, estos baños fueron retirados y sustituidos por unas cabinas de pago unisex que, desde 2006, son gratuitas y se abren de forma automática al cabo de unos minutos. La intimidad ha pasado a las redes.

Algunos testimonios recogidos por Martin recuerdan sus encuentros de juventud en los baños y los describen como 'lugares de fiesta'.

'Quizás ese es el problema de la transparencia hoy en día, todo el mundo sabe lo que hace todo el mundo', dice Patrick Cardon, de 67 años, un antiguo usuario de los baños públicos más secretos de París.EFE

20191121 https://www.diariolibre.com

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