Djokovic-Carreño y el recuerdo de Nueva York
Luis Miguel Pascual
París, 6 oct (EFE).- Entre Pablo Carreño y sus segundas semifinales consecutivas de un Grand Slam, las primeras en Roland Garros, solo queda un obstáculo, pero es de talla, el serbio Novak Djokovic, el número uno del mundo.
Para el de Belgrado, que persigue su undécima semifinal en París, medirse con el español conlleva aparejado el recuerdo del pasado Abierto de Estados Unidos, cuando sufrió su única derrota de la temporada, por descalificación.
Aquel duelo marcó al serbio, dolido por haber quedado apartado de la carrera, cuando quería conquistar su 18 Grand Slam, en un torneo en el que no estaban ni Rafa Nadal ni Roger Federer.
Pero el pelotazo que propinó a una jueza de línea, fruto de la rabia del momento, de una de esas pérdidas de nervios que cada vez son menos habituales en el talante del serbio, quedó para la historia como uno de los momentos del tenis moderno.
Hasta el punto de que, desde entonces, cada roce de Djokovic con un árbitro se mira con lupa y el serbio se ha convertido en el abogado de la causa del arbitraje tecnológico y de la desaparición de todo juez sobre la pista.
En su duelo de octavos contra el ruso Karen Khachanov tuvo uno, una bola que despejó mal y dio contra un juez de línea, pero el incidente fue involuntario y no acarreó sanción.
Sin embargo, trajo a la actualidad el deseo del serbio de acabar con ese oficio.
'La tecnología ha avanzado tanto que no hay motivo para conservar los jueces de línea, más allá de la tradición. No entiendo por qué no se generaliza la tecnología', dijo Djokovic, que recordó que en Nueva York se han suprimido los jueces en todas las pistas menos en las dos centrales a causa de la pandemia de la COVID-19.
¿Cuánta incidencia tendrá aquel acontecimiento en el duelo de cuartos de final, un mes más tarde y a 5.800 kilómetros de distancia?
Es posible que, de entrada en la pista, cuando Djokovic vea el rostro de Carreño y después del leve incidente de este lunes, por su mente atraviese aquella pesadilla. Pero la conocida frialdad del serbio no es proclive a dejarse embaucar por los malos recuerdos.
Así que, todo apunta a que la clave del duelo estará más en el estado de salud del español, que confesó sufrir problemas estomacales en los últimos días, también durante su partido de octavos contra el alemán Daniel Altmaier, que no le impidieron lograr la victoria pero sí le llevaron a acelerarla.
'Contra Novak necesito estar al cien por cien. Estando como hoy no tengo opción', alertó el jugador español, consciente de la dificultad que supone derrotar al número uno del mundo.
En su libro de triunfos solo figura uno contra el serbio, el famoso episodio de la descalificación, por tres derrotas, dos de ellas sobre tierra batida, una superficie donde el español ha tenido resultados más modestos que en pista dura.
Pero la arcilla de esta edición es menos arcilla, la bola bota menos y tanto Carreño como Djokovic navegan mejor en esas condiciones. El duelo promete.
'No me veo inferior a nadie si estoy al cien por cien. Si lo estoy tengo mis oportunidades, pero Novak viene jugando bien, ha ganado en Roma, está jugando con solvencia sus partidos en Roland Garros. Al menos espero poder hacer un buen partido y disfrutar, que la última vez no pude hacerlo', afirmó.
Djokovic está siendo una apisonadora. No ha cedido un set en lo que va de torneo y su juego ha mostrado un nivel elevado, aunque la entidad de sus rivales no ha sido muy grande.
Carreño aparece como el penúltimo obstáculo en su intento de jugar su primera final en Roland Garros desde su único triunfo en 2016, la quinta en su carrera.
Si lo supera, tendrá aún que vencer al ganador del duelo entre el griego Stefanos Tsitsipas y el ruso Andrev Rublev, una reedición de la final del pasado torneo de Hamburgo que perdió el heleno. EFE
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