El alto precio de los locales franceses por saltarse las normas anti-covid
Antonio Torres del Cerro
París, 3 feb (EFE).- '¿Será solo una multa?', pregunta el dueño de un estanco parisino. 'No, pediremos el cierre. Hay demasiada gente dentro', responde tajante un agente durante una operación de controles sorpresa sobre hostelería y locales comerciales, de la que fue testigo EFE.
En el distrito XII de la capital francesa, en la calle del Faubourg Saint-Antoine, una brigada policial escruta los establecimientos de la concurrida zona para comprobar si cumplen con las estrictas reglas anti-covid: Ajustar sus horarios al toque de queda (de las 18.00 hasta las 06.00), evitar aglomeraciones, llevar correctamente la mascarilla, informar del límite de clientes y tener gel hidroalcohólico a disposición.
El endurecimiento del control de las normas desde el pasado 31 de enero tiene una meta: evitar que Francia, uno de los países más golpeados por la covid con unos 77.000 fallecidos, caiga en un tercer confinamiento que la mayoría de franceses no desea por sus devastadores efectos sociales y económicos.
La prioridad de los policías son los lugares que potencialmente puedan 'provocar aglomeraciones' tanto dentro como fuera de los locales, cuenta a EFE el comisario Romain Sémédard, acompañado por otros cinco agentes, la mayoría de ellos de paisano.
De media, en la última semana se han realizado entre 300 y 400 controles policiales diarios en establecimientos comerciales y de restauración en París, que han resultado en el cierre temporal de 65.
UN ESTANCO CON 'DEMASIADA CLIENTELA'
Uno de los últimos en entrar en esta estadística fue un estanco regentado por un hombre asiático de unos 30 años, situado en Faubourg Saint-Antoine.
Durante la operación policial sorpresa, que un equipo de EFE acompañó, los agentes detectaron a ocho clientes dentro del local, la mayoría de ellos adquiriendo lotería. La brigada rápidamente llamó al responsable.
'Lo siento, pero vamos a solicitar el cierre del local. Diez metros cuadrados con ocho personas. Es demasiado. Todavía no tenemos vacuna y hay que tomar precauciones', explica un policía de paisano de manera pedagógica, mientras revisa los permisos del estanco.
Con la mirada baja, el gerente rebate cordialmente: 'Señor, es difícil controlar a la clientela. ¿Será solo una multa? Por favor, no me cierren porque quiero trabajar'.
El comisario Sémédard señala que los trámites para la clausura administrativa son ágiles.
La brigada envía una solicitud a un organismo del Ministerio de Interior (La Dirección de los Territorios y Protección de la Población), que responde en el mismo día a la petición de cierre.
Si es favorable al informe policial, la clausura es inmediata y se prolonga entre una o dos semanas, dependiendo de la gravedad de los hechos.
RESTAURANTES CLANDESTINOS
Los establecimientos que han dado más dolores de cabeza son los restaurantes clandestinos.
El dispositivo del distrito XII visitó un local sospechoso de tener clientes en su sótano. Sin embargo, todo estaba en orden. 'Que tenga un buen día de trabajo', desean los policías al empleado del restaurante, quien, aliviado, retribuye el saludo.
En la última semana, una treintena de restaurantes clandestinos han sido cerrados administrativamente en la capital francesa. Uno de los más célebres estaba situado frente al Palacio de Justicia y, según la prensa local, entre los clientes había, paradójicamente, un magistrado.
Al cierre administrativo se pueden unir otras sanciones. El ministro de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire, ya avisó a comienzos de la semana que los restaurantes que abran su servicio a clientes se verán privados de las ayudas compensatorias del Fondo de Solidaridad durante un mes si son descubiertos.
El comisario Sémédard, cuya brigada puede llegar a efectuar unos 50 controles diarios en el distrito XII, dice no haber sentido 'dificultades especiales' durante las operaciones, a pesar del hartazgo en el sector del pequeño comercio y de la restauración. Son muchos meses trabajando bajo mínimos.
'Aquí no ha habido nada parecido a lo de Niza (donde muchos restauradores declararon que abrirían los locales a pesar de las restricciones), no hemos sentido signos de revuelta, las personas colaboran', concluye. EFE

EFE