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El complejo sistema electoral irlandés puede acabar con el bipartidismo

Javier Aja

Dublín, 9 feb (EFE).- El electorado irlandés dispone de un sistema de representación proporcional con transferencia de voto, unos de los más complejos del mundo, que ralentiza el recuento de sufragios y dificulta las mayorías absolutas.

Así ha sido durante casi ocho décadas de bipartidismo -desde la creación de este país-, en las que el centrista Fianna Fáil (FF) y el democristiano Fine Gael (FG) se han repartido el poder con el apoyo de partidos minoritarios.

No obstante, el resultado provisional de las elecciones generales celebradas este sábado apunta a que el izquierdista Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo IRA, ha acabado con esa hegemonía y las tres formaciones registran un empate técnico, según una encuesta efectuada a pie de urna.

Ahora más que nunca, el recuento de sufragios, que comenzó este domingo, y la manera en que cada votante ha distribuido sus preferencias en la papeleta serán decisivos para determinar quién ha ganado.

Cada una de las 40 circunscripciones irlandesas designa, según su tamaño y densidad de población, entre tres y cinco diputados a la Cámara Baja de Dublín (Dáil), compuesta por 160 escaños.

El votante recibe una papeleta con la lista de candidatos, enumerados por orden alfabético, en la que debe señalar la casilla de su favorito con el número '1'.

Si lo desea, puede designar a un segundo candidato con el número '2' y así sucesivamente, de manera que su voto podrá ser utilizado, según las normas de transferencias, tantas veces como sea necesario.

Para resultar elegido, el candidato debe alcanzar una cuota o mínimo de votos necesarios que garanticen la elección.

Cada circunscripción tiene su propia cuota, que se calcula mediante una fórmula que divide el número total de votos válidos entre el número de escaños más uno y a cuyo resultado se le suma también uno.

Si ninguno ha alcanzado la cuota necesaria en el primer recuento, el candidato menos votado queda eliminado y sus votos se transfieren a los indicados como segunda preferencia.

También puede pasar que en el primer recuento un candidato obtenga más votos de los necesarios para ser elegido. En ese caso, el exceso se separa y se agrupa en pilas según la segunda preferencia.

Cada candidato restante recibe un número proporcional de transferencias, mediante unas fórmulas establecidas.

El recuento de votos continúa hasta que todos los escaños se hayan adjudicado mediante este sistema, pero si se llega a una situación en la que el número de candidatos restantes -es decir, los no eliminados y los que no han obtenido un número suficiente de votos- iguala el de escaños vacantes, quedan elegidos aunque no hayan alcanzado la cuota.

El objetivo de este sistema es garantizar a los electores que cada voto cuenta y no se desperdicia porque su candidato favorito no haya sido elegido.

Por ello, el resultado final de cada partido dependerá de su capacidad para atraer sufragios de votantes de otros partidos y unas formaciones son más atractivas que otras.

Muchos votantes del, por ejemplo, Sinn Féin darán sus siguientes preferencias a otros candidatos de izquierdas o, incluso del centrista Fianna Fáil, pues ambos comparten orígenes republicanos, pero rara vez se decantarán por los democristianos del Fine Gael, a los que sitúan entre las clases más privilegiadas.

Por contra, los votantes de FF y FG prefieren repartir sus preferencias entre ambos partidos y formaciones más moderadas que el Sinn Féin, como los verdes o laboristas.

Esta estrategia podría haber sido aún más importante en estos comicios, después de que los líderes del FG, el primer ministro Leo Varadkar, y del FF, Micheál Martin, recalcaron durante la campaña que no formarán Gobierno con el Sinn Féin por su antigua relación con el terrorismo del IRA y sus políticas económicas, que tachan de populistas.

En este sentido, los candidatos del Sinn Féin resultan menos atractivos, a pesar de que su líder, Mary Lou McDonald, tomó las riendas en 2018 en sustitución del histórico dirigente Gerry Adams con el objetivo de lavar la imagen del partido, con una nueva generación de políticos sin relación con el pasado terrorista. EFE

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