El icono feminista de la revolución libanesa que ha perdido toda la esperanza
Isaac J. Martín
Beirut, 2 dic (EFE).- Se llama Malak Alaywé Herz y se convirtió en icono de la revolución libanesa cuando este movimiento empezó el 17 de octubre y ese día asestó una patada al guardaespaldas de un ministro. Pero ahora mira con nostalgia ese comienzo tras haber perdido toda la esperanza en un país del que solo desea marcharse.
La patada de kárate en las partes íntimas de uno de los guardaespaldas del ministro de Educación libanés, Akram Chehayeb, que sostenía un fusil, se convirtió en el símbolo del espíritu rebelde de la revuelta y quedó plasmada en la memoria colectiva y en grafitis en los muros del Líbano.
'Cuando el guardaespaldas apuntó su arma contra mi marido el día 17, era también contra toda la gente. Le golpeé por la gente, no solo por mi marido', cuenta la libanesa de 40 años, en una entrevista a Efe en una cafetería del centro de Beirut.
Aquellos 'eran los mejores días de la revolución, pero ahora me arrepiento de cada parte de ella. ¿No ves lo que nos ha ocurrido a nosotros? O a la revolución!', exclama.
Un mes y medio después, Alaywé ha tirado la toalla, cansada. Ya no acude a la plaza de las manifestaciones donde acampó desde el primer día para exigir el fin de la corrupción y el cambio de un Gobierno que ha llevado al Líbano al colapso económico.
SIN TRABAJO Y SIN ESPERANZA
Alaywé es el reflejo de muchos libaneses: cinco años sin tener un trabajo y buscando desesperadamente, tras haber estudiado Economía y Sociología, en un país del que los jóvenes sólo desean partir.
'Necesitamos emigrar. Lo único que tenía en este país era seguridad y ahora no la tengo, por lo que no tengo ninguna esperanza. Es mi derecho vivir sana y salva', asegura mientras enciende un cigarro tras otro y coloca su larga melena de derecha a izquierda, y viceversa.
Cuenta que su marido, Mohamed Herz, que saltó a la fama después de que se prendiera fuego en 2015 para pedir la liberación de unos activistas detenidos y quedó gravemente herido, ha recibido amenazas de muerte por parte de miembros del movimiento chií Amal.
'Le acusaron de ser informador del Gobierno, de la Inteligencia (...) Una de las razones es porque llamó a manifestarse en Dahie', feudo del grupo chií Hizbulá, en las afueras del sur de Beirut, explica la mujer sin rebajar ni un momento su tono de voz.
Primero fue un joven a amenazarle y ella misma se encaró con él. Al día siguiente un grupo de 50 llegaron a buscarle a la plaza Riad al Solh, epicentro de las protestas y donde se encontraban acampados Alaywé y su esposo junto a otros manifestantes antigubernamentales.
'Intentaron atacar a mi marido y él no pudo hacer nada, llevaban cuchillos. Fuimos directos a la comisaría de Policía para denunciarles', señala y agrega que no volvieron a acampar en la plaza.
SÍMBOLO FEMINISTA
La mujer confiesa que estaba 'un poco asustada' el día en el que se convirtió en un símbolo feminista, pero no le preocupó morir en ese momento frente al guardaespaldas.
'Me acerqué y me puse delante de él y le dije: ¿Dónde está tu hombría? No dispares al aire. Y apunté a mi corazón y le solté: dispárame aquí. Estoy delante de ti, dispárame', cuenta.
El hombre bajó su arma y corrió, pero ella le persiguió y le golpeó, todo sucedió muy deprisa, recuerda.
Alaywé dice que la gente empezó a acercarse porque su acción valiente quedó grabada en vídeo y se hizo rápidamente viral. Pidió ver la cinta y le comentó entonces a su marido: 'Pues sí, le he pegado y bien', afirma a carcajadas.
Desde entonces, muchas mujeres la han tomado como referencia e inspiración para salir a las calles libanesas.
Sin embargo, ella pide a los demás que abran los ojos ante los que están 'arruinando' la revolución, además de exigir más control por parte de los partidos sobre sus seguidores, que han empleado la violencia en ocasiones contra los manifestantes.
'En vez de luchar, deberíamos estar juntos. Si vivieran fuera (del país), serían amigos y no sabrían nada sobre sus diferentes sectas. Pero en el momento que pisan el Líbano empiezan a odiarse entre ellos', asevera en alusión al sectarismo que arrastra el país desde el final de la guerra civil (1975-1990).
La mujer advierte de que si no consiguen ahuyentar a los fantasmas del pasado, estarán 'peor que antes'. EFE

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