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El poeta Bekes asegura que traducir poesía es, en gran medida, una ilusión

Sergio Jiménez Foronda

Logroño, 28 oct (EFE).- El poeta y traductor argentino Alejandro Bekes ha afirmado a Efe que “la traducción de poesía es, en gran medida, una ilusión”, ya que “uno cree haber traído al poeta de la otra lengua a la propia y lo que tiene es una imagen un poco remota, pero, de todas maneras, uno lo sigue intentando”.

Bekes (Santa Fe, Argentina, 1959) imparte este miércoles una clase magistral 'online' bajo el título “Traductores conversos”, en el marco de las XXII Jornadas de Poesía en Español, que se celebran en Logroño.

Ha indicado que, en general, siempre es más difícil traducir poesía que prosa porque 'la poesía trabaja mucho sobre la palabra como elemento primordial”, mientras que, a veces, “en una prosa narrativa, lo que más importa es la definición de los personajes y el argumento”, ya que “el lector está atento a seguir una historia o ver un personaje”.

Además, “en la prosa ensayística y académica, lo que más importa es el desarrollo de las ideas y los conceptos”, en cambio, “en la poesía, el ojo y el oído están puestos en la palabra como elemento básico y esencial y las palabras son peculiares de cada idioma. No hay un equivalente exacto de la palabra ‘pan’ en ninguna lengua”, ha argumentado.

Ha precisado que “traducir poesía es algo en lo que entran en juego muchas cuestiones, no solo del sentido general de lo que se lee, sino de la sonoridad de las palabras, de lo que evoca cada una de ellas. Por eso se vuelve más complejo” y “no hay recetas” para traducir este género.

“Muchos de los que se dedican a la poesía terminan convirtiéndose en traductores de poesía porque uno empieza a escudriñar la poesía en otras lenguas, lee aquellos autores que más le conmueven y siente el impulso de traerlos a la lengua propia, por así decirlo, aunque sea una ilusión”, ha remarcado.

Este poeta, quien recibió en 2010 el Premio Internacional de la Crítica Literaria Amado Alonso por su trabajo “Lo intraducible. Ensayos sobre poesía y traducción”, ha destacado que “uno tiene que tener fe en el texto que va a traducir, creer en él, estar convencido de que vale el esfuerzo” y contar con “una cierta lamparita que se prende después de muchos años de lectura”.

“Yo suelo tratar de imitar la métrica del poema original, de alguna forma, tratar de restituir la musicalidad del texto original en lo que hago, que suene, por lo menos, a poesía, eso es fundamental”, ha asegurado.

Para él, “la fealdad es la peor infidelidad de todas” en la traducción de un poema, ya que si un texto original tiene “una belleza conmovedora” y, al traducirlo, se obtiene un texto que “no le va a mover un pelo a nadie, esa es la peor traición porque quien no conoce el texto fuente se queda con la idea de esa traducción tosca”.

Bekes ha resaltado que “siempre” escribe y lo suele hacer “al dictado del momento”, tras lo que tiene “una tarea muy difícil, que consiste en “reunir todo eso en libros que tengan alguna unidad”, lo que le “cuesta mucho”.

“Trabajo ahora en componer un volumen que pienso enviar a la editorial Pre-textos, a ver si tengo el viento a favor, aunque los tiempos actuales no son los mejores para estas cosas”, ha concluido. EFE

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