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En Pakistán, el país de los puros, su única cervecera prospera

Jaime León

Rawalpindi (Pakistán), 26 nov (EFE).- En el islámico Pakistán, literalmente el país de los puros, la cervecera Murree Brewery prospera tras sobrevivir a terremotos, a la destrucción de su fábrica por una turba enfurecida y sobre todo a la prohibición a los musulmanes desde 1977 de beber alcohol en todo el territorio nacional.

Un enjambre de trabajadores carga cajas de cerveza, observa botellas de ginebra pasando por cintas mecánicas o pega etiquetas en la fábrica de Rawalpindi, a unos 20 kilómetros de Islamabad, donde esta empresa con 159 años de antigüedad produce sus bebidas, todo ello entre un ruido ensordecedor.

Otro elemento sacude los sentidos: un fuerte olor a alcohol.

Un hedor poco habitual en Pakistán, acrónimo que significa el país de los puros, donde el 97 % de los 207 millones de paquistaníes es musulmán y tiene prohibido desde 1977 el consumo de alcohol.

Fundada en 1860 por tres ingenieros británicos para 'saciar la sed de los soldados', hoy es la única cervecera del país y una de las más antiguas de Asia.

La compañía, una de las tres licoreras del país y que comercializa además agua embotellada y zumos, vio como sus beneficios aumentaron un 41 % el año pasado, tras un mal 2017, recuperando la tendencia al alza que desde 2012 ha hecho crecer sus ingresos un 100 %.

En 2016, duplicó su capacidad de producción de sus seis tipos de cerveza y una docena de licores, entre ellos ginebra, güisqui y vodka.

'Tratamos de hacer a la gente feliz, y hacer cervezas de buena calidad y licores de buena calidad', dice a Efe el consejero delegado de Murree Brewery, Isphanyar Bhandara, en su centro de operaciones en Rawalpindi, donde la empresa se mudó desde la norteña ciudad de Murree en 1890 en busca de más espacio.

El abuelo de Isphanyar, Peshton Bandhara, compró la empresa de manos británicas tras la partición de la India y Pakistán en 1947, un sangriento proceso del que la cervecera no escapó: su fábrica gótica fue quemada por una masa enfurecida por su origen colonial.

Isphanyar elige con cuidado las palabras que usa cuando habla de su negocio familiar -su padre dirigió la empresa antes que él- ya que el alcohol es un tema muy sensible en el país, pero no puede evitar mostrar su orgullo.

'Esta es la empresa más antigua de Pakistán y probablemente del subcontinente indio. Una de las mejores del mercado bursátil y una de las que pagan más impuestos', afirma Isphanyar, quien pertenece a la minoría religiosa de los parsis.

Su asistente especial, el exmayor del Ejército Sabih ur Rehman confirma el tacto con el que actúan.

'No hacemos publicidad de Murree Brewery. Hubo un tiempo en que podías anunciar una cerveza en un periódico', explica a Efe Rehman.

PROHIBICIÓN

Se refiere al periodo anterior a 1977 cuando el entonces primer ministro Zulfikar Ali Bhutto prohibió el consumo de alcohol ante las presiones islamistas que provocaron altercados y la destrucción de licoreras.

Tras la prohibición, en teoría solo se puede comprar alcohol en las pocas 'tiendas de vino' que existen en las provincias de Baluchistán o Sindh, o en hoteles de lujo en otras partes del país.

En Islamabad solo tres hoteles venden bebidas y solo en uno de ellos existe algo parecido a un bar, que prohíbe la entrada a musulmanes.

Pero como expresó en un artículo el escritor y columnista Nadeem F. Paracha: 'los paquistaníes nunca pararon de beber'.

El consumo de alcohol en el país está mucho más extendido de los 6,2 millones de personas de las minorías religiosas cristianas, hindúes y parsi que pueden obtener un permiso para comprar un máximo de seis cajas de cervezas o seis botellas de güisqui al mes.

Muchas de esas bebidas acaba en el mercado negro y es posible adquirirlas con facilidad.

Además, los que no pueden acceder a las bebidas legales recurren al alcohol destilado ilegalmente, que causa decenas de muertos, como ocurrió en marzo de 2016 cuando 45 personas fallecieron tras ingerir un brebaje clandestino, un titular que se repite con cierta frecuencia.

LEGALIZACIÓN

'A mí también me gusta divertirme y tomarme una copa', cuenta a Efe un exfuncionario retirado, que además trabajó para organismos internacionales, que prefiere mantener el anonimato.

El hombre recuerda con añoranza cuando en los años 70 podía disfrutar de un güisqui en casa tras su jornada de trabajo o con amigos en un restaurante.

'Debería ser mi decisión si bebo o no', sostiene.

El alcohol también ha jugado un papel en las tortuosas relaciones entre Pakistán y Estados Unidos, centradas en el terrorismo y la guerra afgana, como explica Steve Coll en su libro 'Directorate S: The C.I.A. and America's Secret Wars in Afghanistan and Pakistan'

'Por alguna razón, los oficiales americanos han medido la confianza en oficiales militares paquistaníes por su inclinación por beber', afirma el académico y periodista.

Isphanyar no cree que se deba legalizar el consumo de bebidas en el país ya que considera que 'habría problemas en las calles porque los paquistaníes no podrían manejar la libertad con el alcohol'.

Tampoco cree que algún partido o Gobierno lo intente.

'Sería un suicidio político si un Gobierno dijese bebamos todos, legalicemos el alcohol', avanza. EFE

aa-jlr/mt/msr

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