Faure Ñasingbé, la consolidación de una dinastía en Togo
Noël Tadegnon y Nerea González
Lomé/Johannesburgo, 24 feb (EFE).- Ni las denuncias de fraude, ni las protestas por polémicos cambios constitucionales evitaron que Faure Ñasingbé, presidente de Togo desde 2005, renueve para un cuarto mandato. Su último triunfo, también lastrado ya por quejas de irregularidades, supone la consolidación del poder de su familia.
Ñasingbé, de 53 años, lleva al mando de esta pequeña nación del África Occidental desde que sucedió a su padre, Ñasingbé Eyadéma, tras su muerte en 2005.
Tenía apenas unos meses cuando su padre alcanzó el poder después de un golpe de Estado cometido en 1967, lo que supone que la misma familia lleva gobernando al pueblo togolés desde hace más de medio siglo.
Esta pasada madrugada, la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) togolesa anunció una nueva victoria presidencial de Faure Ñasingbé, con un 72,3 % del escrutinio provisional de los comicios del pasado sábado a su favor, lo que le abre oficialmente la puerta a un cuarto mandato de cinco años.
'A mis desafortunados adversarios les digo: es el juego de la democracia. El pueblo togolés se ha expresado, hay que respetar su elección', afirmó anoche el presidente ante miles de simpatizantes que se acercaron en Lomé a la sede de su partido -la Unión por la República (UNIR)- para celebrar la victoria.
Sus rivales, sin embargo, no están en absoluto de acuerdo con los resultados y su principal oponente, el ex primer ministro Agbéyomé Kodjo (18,3 % de votos, según el recuento de la CENI), se llegó incluso a autoproclamar presidente legítimamente electo del país la pasada noche.
Pero las denuncias de fraude no son nada que Ñasingbé no haya tenido que sortear antes, muchas veces con un alto precio para el país.
Nacido en Afanyagan (unos 70 kilómetros al noreste de la capital, Lomé) en 1966, el actual presidente creció como líder político a la sombra de su padre.
Estudió en Francia y en Estados Unidos y ejerció cargos parlamentarios hasta que en 2003 fue nombrado ministro de Minería y Telecomunicaciones, ya en medio de rumores que lo situaban como más que posible sucesor de su padre.
Ñasingbé Eyadéma murió de forma repentina aún ejerciendo la Presidencia y, según las leyes del país, el presidente de la Cámara baja del Parlamento debía pasar a ocupar provisionalmente el cargo para convocar elecciones.
Pero el político que entonces ejercía ese cargo, Fambaré Ouattara Natchaba, se encontraba fuera del país y los militares le cerraron las fronteras.
Con el apoyo de las Fuerzas Armadas, Faure Ñasingbé fue proclamado presidente, lo que desató una tormenta de protestas con muertos y heridos.
La operación política fue tildada de 'golpe militar' por parte de influyentes líderes africanos, como el entonces presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, y la comunidad internacional se movió rápidamente para implementar sanciones que obligaron a Ñasingbé a dimitir y a convocar elecciones ese mismo año (2005).
Los comicios refrendaron el poder del hijo, con un 60,15 % de apoyo, aunque no sin denuncias opositoras de fraude.
Ñasingbé sería después reelegido en 2010 y 2015, con votaciones igualmente salpicadas por acusaciones similares.
De hecho, en las últimas elecciones presidenciales antes de las celebradas este sábado, Jean-Pierre Fabre denunció 'fraude masivo' y se produjeron disturbios con medio millar de muertos y miles de desplazados a los países vecinos.
El año pasado, pese a las quejas opositoras y a las manifestaciones multitudinarias en las calles, el Parlamento togolés aprobó una reforma constitucional que limitaba a dos mandatos de cinco años el tiempo máximo que un presidente podía permanecer en la jefatura del Estado.
Pero ese cambio no se aplicaba de forma retroactiva, con lo que a Ñasingbé le quedaba el camino abierto para poder, hipotéticamente, continuar en el poder hasta 2030.
Según datos del Banco Mundial, esta pequeña nación del África Occidental, que se independizó de Francia en 1960, vio declinar la pobreza un 6 % entre 2006 y 2015.
Durante el último mandato de Ñasingbé, sin embargo, la inestabilidad política perjudicó la economía y sólo en 2018 el crecimiento recuperó el ritmo y marcó un 4,9 %. Esos resultados se han visto, no obstante, lastrados por la alta inflación.
En ese contexto, la pobreza sigue muy extendida en Togo, especialmente en las áreas rurales, y casi la mitad de la población vive con menos de dos dólares al día. EFE
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