Gobierno en Trípoli pide que se intervenga para evitar tragedia humanitaria
Mohamad abdel Kader
Trípoli, 24 mar (EFE).- El ministro de Justicia del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, Mohamad Abdelwahid Al Malum pidió hoy a la comunidad internacional que intervenga para detener la violencia que ensangrienta Trípoli, escenario aún de cruentos bombardeos pese a la 'tregua humanitaria' que en principio aceptaron los contendientes.
En declaraciones a Efe, el ministro mostró su preocupación por los ataques que se produjeron esta misma mañana en torno a la prisión de Ain Zara, donde penan más de 400 prisioneros.
Y por la muerte en las últimas 48 horas de una docena de civiles, todos ellos víctimas de bombardeos atribuidos a la aviación bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del gobierno no reconocido en la ciudad de Tobrouk (este) y hombre fuerte del país.
La comunidad internacional debe presionar a Hafter para que cumpla con el alto el fuego porque “se va a producir una tragedia humanitaria. Sobre él recaerá toda la responsabilidad moral de esta tragedia”, advirtió el ministro.
VICTIMAS CIVILES
Horas antes, Mohamad Guenenu, portavoz de la ofensiva'Volcán de la Ira”, la plataforma de milicias vinculada al GNA y a la ciudad-estado de Misrata, había anunciado la muerte anoche de seis civiles, víctimas todas ellas -según su relato- de varios bombardeos en la zona de Ain Zara, un cinturón rural estratégico para la entrada en la capital.
Fuentes de Seguridad afines al GNA añadieron este mismo martes que dos menores más perecieron en la misma área al desplomarse el edificio en el que se encontraban tras un ataque con cohetes que atribuyeron a la aviación del mariscal.
Los bombardeos también afectaron un día más a la base aérea de Maitiga, único aeropuerto civil en funcionamiento en la capital, que el domingo tuvo que cesar una vez más su actividad debido a un ataque en el que murieron dos operarios nigerinos,
En declaraciones a los medios locales en la ciudad oriental de Benghazi, segunda urbe en importancia del país, un portavoz castrense acusó por su parte al GNA de romper igualmente la tregua con bombardeos a la localidad de Tarhouna, en el sur de Trípoli.
UN AÑO DE ASEDIO A LA CAPITAL
La guerra civil que ensangrenta Libia desde el fallido proceso de paz impuesto por la ONU en 2015, se intensificó el pasado 4 de abril, fecha en la que Hafter, quien domina la mayor parte del territorio y controla los recursos energéticos, ordenó levantar un cerco a la capital con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de visita oficial en la ciudad, en un claro mensaje a la comunidad internacional.
Desde entonces han muerto alrededor de 1.500 personas -más de 300 civiles-, 15.000 más han resultado heridas y más de 130.000 ciudadanos se han visto obligados a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos.
Hafter, un antiguo miembro de la cúpula gadafista que en la década de los ochenta se convirtió en el principal opositor en el exilio tras ser reclutado por la CIA, cuenta con el apoyo económico y militar de Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que le proporcionan aviones de combate y drones.
También de Rusia, que le provee de mercenarios y de Francia, uno de sus principales respaldos políticos.
El GNA, por su parte, recibe el apoyo económico de Qatar y el militar de Turquía, único país que ha enviado oficialmente tropas al conflicto libio y que le ha facilitado drones propios y mercenarios sirios.
TREGUA HUMANITARIA
En este contexto, y ante la intensificación de los combates en el sur, las potencias internacionales implicadas en el conflicto pidieron la semana pasada una “tregua humanitaria” para frenar el contagio del coronavirus, también presente en el país.
A la petición se sumó la propia ONU, que anunció un cierre temporal de algunos de sus servicios en Trípoli, incluida la oficina de registro de inmigrantes ilegales en el distrito de Fayez al Sarraj y el centro de día comunitario en Gurji.
El alto el fuego fue aceptado de inmediato por el GNA, que pidió además a los ciudadanos que se quedaran en casa para evitar el contragio, una opción que espanta a muchos ante el temor de los bombardeos.
El gobierno en el este decretó, por su parte, un toque de queda en las ciudades bajo su control y anunció el domingo que respetaría la citada “tregua humanitaria” si su rival también lo hacía. EFE

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