Hong Kong, solidaria con los activistas pese a la represión de Pekín
Shirley Lau
Hong Kong, 21 abr (EFE). La reforma electoral que Pekín impuso a Hong Kong o el reciente encarcelamiento de media docena de activistas por participar en las manifestaciones antigubernamentales de 2019 no han impedido que muchos hongkoneses se mantengan todavía hoy firmes en sus exigencias democráticas para la ciudad.
'¡Esto es represión política, es vergonzoso!', se lamentaron el pasado viernes a la salida del Tribunal de Kowloon Occidental algunos simpatizantes del movimiento prodemocrático tras conocer las últimas sentencias.
Entre quienes protestaron se encuentra May, una mujer de 55 años que ya ha perdido la cuenta de cuántas veces ha acudido a los juzgados para apoyar a opositores como el magnate de la prensa Jimmy Lai o el exlegislador Leung 'Pelolargo' Kwok-hung, conocido por sus críticas a la influencia del régimen comunista en Hong Kong.
Los dos pasarán 14 y 18 meses en prisión, respectivamente.
'Ahora mismo no hay esperanza alguna para Hong Kong. Estamos bajo el control total de China y tenemos que hacer algo. A mí antes no me interesaba la política pero haré lo que esté en mi mano. Al menos, que (los activistas) no se sientan tan solos', explica May a Efe.
Aunque parezca una batalla perdida dada la represión política de Pekín -organizaciones como Amnistía Internacional objetan que las sentencias evidencian la intención del Gobierno de dejar fuera del tablero a toda la oposición-, personas como May se mantienen inquebrantables en sus demandas e intentan aprovechar las oportunidades que encuentran a su alcance para desahogarse y expresar sus anhelos de libertad.
LOS GRAFITIS, ARMA DE DESOBEDIENCIA
La mencionada reforma electoral y la ley de seguridad que Pekín diseñó el año pasado en nombre de la estabilidad han cercenado las libertades y la autonomía de la ciudad, según los más críticos, además de despertar una profunda sensación de miedo en la sociedad, lo cual no ha impedido que surja otro tipo de disidencia.
Esta pasa por pintadas y grafitis con los eslóganes de las protestas de 2019 -como el entonces célebre 'Liberad a Hong Kong. La revolución de nuestro tiempo'- que adornan ahora autobuses y pasos de peatones subterráneos de la urbe financiera.
'Me encuentro con estos lemas tres de cada diez veces que viajo en autobús. Es conmovedor que todavía haya gente que se atreva', comenta a Efe Ming, manifestante habitual hace dos años y que prefiere no dar su nombre completo por posibles represalias.
Quienes hacen estas pintadas buscan puntos ciegos en las cámaras de vigilancia para evitar ser identificados, mientras otros simpatizantes se dedican a seguir de forma anónima a los vehículos que transportan a los activistas para transmitirles su apoyo y despedirse de ellos antes de que sean enviados a prisión.
LOS TRIBUNALES, CON LUPA
A muchos hongkoneses les preocupa especialmente lo que se dirime en los tribunales, con lo que jubilados y estudiantes asisten desde el año pasado a las vistas de quienes son procesados para dar fe de sus testimonios y asegurarse que no se tergiversan sus palabras.
Sam, uno de ellos, prefiere personarse en los juicios de los activistas menos conocidos -'tienen menos visibilidad'- y divulgar su resultado a través de Telegram, aplicación de mensajería considerada 'segura' porque no comparte datos con los gobiernos.
'Es mi forma de apoyar a mis compañeros. Quiero que sepan que todavía hay personas que se preocupan por ellos, que hay esperanza. Ahora todo tiene muy mala pinta, pero todos esperamos un punto de inflexión', indica a Efe.
Añade que no quiere acostumbrarse a la 'injusticia' y que ésta 'no desaparecerá solo porque se la ignore'.
CARTAS PARA LOS REOS
Mientras, el joven concejal Leon Kwan, elegido en las elecciones de distrito de noviembre de 2019, en las que el bloque prodemócrata consiguió una aplastante mayoría, recoge en su oficina cartas de simpatizantes para entregárselas a los presos.
'La gente está intentando resistir como puede', dice Kwan, quien asegura que en los últimos meses el número de misivas que recibe ha aumentado considerablemente.
Y aunque la cifra de hongkoneses que participa en estas acciones parezca insignificante tras las manifestaciones de 2019, que llegaron a congregar a millones de personas, sí supone un cambio tras la apatía que siguió a la 'Revolución de los Paraguas' de 2014 para exigir que el Ejecutivo se eligiera por sufragio universal.
'Los hongkoneses se han visto forzados a perseverar. La lucha continuará hasta el final', señala a Efe el escritor Ngan Shun-kau, de 73 años, quien nació en la China continental y de joven fue enviado a una granja rural durante la Revolución Cultural (1966-76).
Lo contrario -agrega- sería 'aceptar una dictadura' y 'vivir sin libertad, sin justicia y sin derechos'.
'Sería una vida de esclavitud', remata, antes de augurar que 'la resistencia del pueblo de Hong Kong no acaba aquí'. EFE
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(vídeo) (fototeca Cód: 13033223, 13301305, 11951550 y otros)

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