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Ivan Krastev: Ciertas mayorías se comportan ahora como minorías perseguidas

Luis Lidón y Jordi Kuhs

Viena, 23 ene (EFE).- El búlgaro Ivan Krastev (Lukovit, 1965) es uno de los politólogos más prestigioso de Europa y sus análisis se leen en los centros de poder para entender nuestro tiempo y, sobre todo, para comprender Europa Central y Oriental.

Su último libro, 'La luz que se apaga', editado en español por Debate y escrito junto al estadounidense Stephen Holmes, es la 'lectura del momento' sobre el ascenso del populismo nacionalista y el debilitamiento de la democracia liberal en Europa.

Krastev, conocido por hilvanar ideas de forma tan brillante como poco convencional, habla con Efe en Viena - donde vive y trabaja - sobre la actual polarización política, el miedo al futuro, el populismo de derechas y el auge del movimiento ecologista.

Pregunta: ¿De dónde surge el resentimiento contra la democracia liberal en Europa, sobre todo en la parte Este?

Respuesta: En 1989 terminó la Guerra Fría, que fue un choque entre dos grandes ideologías y una de ellas se suicidó. Como resultado, solo había un modelo que valía la pena imitar: el capitalismo democrático. Los europeos del Este queríamos ser occidentales. Por eso imitamos todo: instituciones, estilos de vida, valores. Este proceso tuvo muchos éxitos. Pero incluso cuando las personas imitan de forma voluntaria, también existe un lado oscuro. Si quiero ser como tú, significa que reconozco que eres mejor que yo. Además, reconozco que hay algún problema con mi identidad. Es como el problema con los inmigrantes de segunda generación. La primera generación llega con mucha confianza y trata de parecerse a los locales. Pero la segunda comienza a sufrir al tener la sensación de que son ciudadanos de segunda y quieren volver a sus identidades. Esto lo vemos en Europa del Este, y gente como (el primer ministro húngaro) Viktor Orbán usa este resentimiento, tratando de decir que 'ya no vamos a imitar, vamos a ser nosotros el modelo'.

P: ¿El ascenso de movimientos iliberales se explica también por el 'pánico demográfico' en el Este?

R: El problema demográfico en Europa Central y Oriental es real. Durante los últimos 30 años, se perdieron 18 millones de personas, lo que equivale a Hungría y República Checa juntos. En este momento, Europa del Este es el lugar del mundo donde la población se reduce con más rapidez. Hay una tasa de natalidad muy baja, junto a una enorme emigración. Y eso crea un miedo a la 'desaparición étnica', particularmente para estados pequeños. Como resultado existe una fuerte sensación de que algo va mal. La gente comenzó a temer al futuro, lo que se expresa en un tipo de nostalgia muy fuerte, pero no nostalgia hacia el comunismo, sino hacia la época en la que éramos más jóvenes y más numerosos. Tenemos ahora sociedades con bajas tasas de natalidad, alta emigración y con un miedo histórico a los inmigrantes.

P: La derecha populista rechaza algunos valores del mayo de 1968 occidental. ¿Las 'primaveras' de París y Praga fueron tan distintas?

R: Eran muy diferentes. En Occidente se trató mucho de derechos individuales, de los de las minorías, de nuevos estilos de vida. En Europa Central y Oriental fue sobre el derecho de las mayorías, del derecho de la nación, de la soberanía. Uno de los aspectos interesantes que ahora une tanto a movimientos y partidos derechistas en Occidente y en el Este es exactamente esta idea sobre los derechos de las mayorías. Por ejemplo: las proyecciones demográficas señalan que es cuestión de tiempo que los blancos se conviertan en una minoría en EEUU. Se ha creado un relato en el que las mayorías no pueden dar por sentados sus derechos. Algunos movimientos de derechas adoptan la misma sensibilidad y eslóganes que antes eran típicos de grupos minoritarios. Muchos votantes de Donald Trump dicen ahora 'White Lives Matter' (las vidas de blancos importan), imitando al movimiento 'Black Lives Matter' (las vidas de negros importan). Este tipo de cambio de perspectiva, que grupos mayoritarios comiencen a comportarse como minorías perseguidas es, en mi opinión, una característica definitoria de la actual política occidental.

P: ¿Hasta qué puntos las redes sociales han acentuado la polarización frente al consenso que requiere una democracia liberal?

R: Hubo guerras culturales antes de las redes sociales. Las redes solo fortalecen estas tendencias, pero no pueden explicarlo todo. Siempre he creído que en política existen ciclos. La política consensuada se explica, en gran parte, por el resultado de sufrir una gran polarización en el siglo XX. Para estas generaciones el pragmatismo, el consenso y el compromiso fue la solución. Pero entonces llegó una nueva generación, harta de este tipo de política. Criticó que se puede cambiar de gobierno pero nunca de políticas. Y esto se vuelve cada vez más radical. La democracia funciona bien cuando lo que está en juego no es ni mucho ni poco. Si con el voto no cambia nada, la democracia no puede funcionar. Pero si como resultado de perder las elecciones pierdes todo, tu propiedad, tu vida, entonces la democracia tampoco funciona. Porque entonces la gente se defiende, no con leyes, sino con balas.

P: El catastrofismo parece ser otro de los signos de nuestro tiempo ...

R: Tanto el populismo de derecha como el ecologismo, que son los únicos movimientos políticos actuales con energía, tienen de algunas forma una visión apocalíptica del mundo. El populismo de derechas dice que nuestra forma de vida se va acabar. Y los ambientalistas dicen que la vida entera se extinguirá. El movimiento ecologista tendrá que elegir. Si cree que el cambio climático es el único problema que importa, entonces debería tratar de concentrarse en eso, buscar aliados. Pero para muchos, el nuevo ambientalismo es la forma para reinventar la izquierda y viene con un 'paquete progresista' que no solo trata del clima. Va del capitalismo en general, de la desigualdad. Pero así terminarán con un tipo de oposición izquierda-derecha y no conseguirán ningún consenso ambiental. El movimiento verde debe decidir lo qué es. EFE

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