Kosovo, un pequeño país con una gran pasión por el fútbol
Viena/Pristina, 8 dic (EFE).- Kosovo -un país de menos de dos millones de habitantes- lleva casi cinco años en la UEFA, pero en ese corto tiempo ha logrado grandes resultados con un grupo de jugadores muy comprometido que suple sus limitaciones con entrega.
Kosovo declaró su independencia unilateral de Serbia en 2008 -reconocida por un centenar de Estados pero no por otros, como Rusia, China, Brasil o España- y en mayo de 2016 entró en la UEFA. Su primer partido como selección oficial fue el 3 de junio de ese año contra las Islas Feroe.
Un pasado de guerras y de turbulencias políticas ha marcado la historia del país más joven de Europa, tanto en términos históricos como demográficos, lo que también se ha trasladado al fútbol.
MENOS DE CINCO AÑOS EN LA UEFA
Serbia sigue considerando a Kosovo una de sus provincias y por ello recurrió al Tribunal de Arbitraje del Deporte la admisión por parte de la UEFA de Kosovo. Pero en enero de 2017 el TAS rechazó la apelación de la federación serbia.
Su estreno en un encuentro oficial fue el 5 de septiembre de 2016, en la fase de clasificación para Rusia 2018, ante Finlandia (1-1), y ganó su primer encuentro dos años después frente a Islas Feroe en la Liga de Naciones.
Su progresión ha sido enorme, tanto que quedó tercera, solo por detrás de Inglaterra y República Checa, en su grupo de clasificación para la Eurocopa 2020, pero se ganó el derecho a disputar la repesca al acabar primera de su serie en la Liga de Naciones. En el cruce cayó ante Macedonia del Norte con gran parte de sus mejores jugadores ausentes por lesión.
En 2018 y 2019 encadenó una racha invicta de 15 partidos que le dio fama de rival duro, especialmente en casa, donde su infatigable afición le empuja a rendir por encima del puesto 117 de la clasificación FIFA en el que se encuentra.
La mayor goleada kosovar fue un 0-5 contra Malta, mientras que la derrota más abultada ha sido un 6-0 frente a Croacia. Sin embargo, la victoria más recordada es un 2-1 contra República Checa en septiembre de 2019 en la fase de clasificación para la Eurocopa.
Ese triunfo despertó el sueño de la clasificación para el torneo continental y desató la locura entre los 14.000 espectadores del estadio Fadil Vokrri de Pristina. Poco después los kosovares cayeron derrotados en un encuentro a domicilio contra Inglaterra con un meritorio 5-3.
El nombre del Estadio en el que juega Kosovo es en honor del primer presidente de la Federación tras la independencia, fallecido en 2018. Vokrri, antiguo jugador de la selección yugoslava y del Partizan de Belgrado, fue uno de los futbolistas más idolatrados de Kosovo a finales de los 80 en la antigua Yugoslavia.
PASIÓN Y NACIONALISMO
La columna vertebral del equipo la forman jugadores con experiencia en grandes ligas y con un gran despliegue físico. Además, el nacionalismo y las ganas de poner a su país en el mapa internacional les espolea para rendir por encima de sus posibilidades, especialmente ante su público.
En defensa destaca el central del Nápoles Amir Rrahmani, en el centro del campo Hekuran Kryeziu, del Zúrich, y el extremo Milot Rashica, del Werder Bremen. El delantero Vedat Muriqi, del Lazio, es otra de las grandes figuras del conjunto.
Muriqi es el máximo artillero de la selección con ocho tantos y uno de sus grandes referentes.
La entrega absoluta de los jugadores la resumió Muriqi tras la victoria contra República Checa: 'Mis compañeros y yo estamos listos para morir en el campo. Estamos tratando de dar el mil por ciento por esta camiseta y este país'.
Otro goleador es el extremo Arber Zeneli, que juega en el Stade Reims francés. Zeneli coincide en ese equipo galo con otro futbolista internacional kosovar, el centrocampista Valon Berisha, que llegó a debutar con la absoluta de Noruega.
La Federación kosovar ha 'pescado' entre los hijos de la diáspora y atrae a aquellos que no tienen seguro poder jugar con la selección absoluta del país en el que crecieron. Ese fue el caso de Zeneli, que fue internacional con Suecia en las categorías inferiores, con Kryeziu, que es suizo-kosovar, y con otros germano-kosovares.
El veterano entrenador suizo Bernard Challandes es el seleccionador kosovar desde marzo de 2018. Cuando aceptó el reto lo hizo porque veía potencial en los jugadores.
Albert Bunjaki, que reside en Suecia, le precedió en el cargo entre 2009 y 2017 y fue el encargado de crear la selección desde la nada, con una entrega y dedicación que suplió las muchas carencias materiales del proyecto.
CRUCES PROHIBIDOS
El sorteo del lunes en Zúrich situó a Kosovo como rival de la selección española en el camino hacia el Mundial de Catar 2020. De los cuatro rivales de Kosovo, tres son selecciones de países que no reconocen su soberanía: Grecia, Georgia y España.
Los equipos que no quieran jugar contra clubes de Kosovo o selecciones nacionales kosovares en su territorio deben organizar sus partidos como locales en terreno neutral, pero deberán aceptar disputar los encuentros a domicilio en Kosovo, según la UEFA.
El órgano rector del fútbol europeo trata de evitar ciertos encuentros entre selecciones cuyos países tienen conflictos, como un Ucrania-Rusia o un Armenia-Azerbaiyán, así como entre aquellos que tienen disputas diplomáticas o no se reconocen, como un Serbia-Kosovo o un España-Gibraltar.
Así, la selección kosovar cayó en el grupo B, el de España, porque no podía ir al A, donde está Serbia. Sin embargo España no había aplicado ningún criterio de exclusión con Kosovo tal como hizo con Gibraltar.
En el pasado, algunos partidos de Kosovo ya estuvieron empañados por aspectos que iban más allá del deporte.
Cuando Kosovo se enfrentó a Montenegro en la clasificación para la Eurocopa en junio de 2019, el técnico serbio de Montenegro, Ljubisa Tumbakovic, y otros dos jugadores nacidos en Serbia boicotearon el encuentro.
Tumbakovic fue despedido porque Montenegro, al contrario que Serbia, sí reconoce a Kosovo, pero apenas un mes después fue presentado como nuevo seleccionador serbio. EFE

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