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La 'deriva absolutista' del populista presidente Kaïes Said inquieta en Túnez

Javier Martín

Túnez, 19 abr (EFE).- El pulso por el poder que desde hace dos meses mantienen el primer ministro tunecino, Hichem Mechichi; el presidente del Parlamento, Rachid Gahannouchi, y el jefe del Estado, Kaïes Said, ha desatado las alarmas por la 'deriva absolutista' que parece guiar las acciones del mandatario, cuyos poderes están limitados por una Constitución convertida en el núcleo del conflicto.

La batalla se desató el pasado 4 de febrero, fecha en la que el primer ministro presentó una remodelación de su gabinete -formado apenas seis meses antes- que el presidente se negó a aceptar, impidiendo la toma de posesión de once ministros.

Said, un conservador aupado por sorpresa al poder tras una estrategia populista similar a la utilizada por el expresidente estadounidense Donald Trump, aseguró entonces que actuaba para 'proteger el Estado y los intereses de los tunecinos'.

Y advertía que contaba 'con los medios legales que me permiten hacerlo.?A los que quieran ignorarlo les digo que hay Justicia, Dios y la Historia'.

Desde entonces, se ha aferrado a su formación de jurista y a una interpretación propia de la Carta Magna en una lucha por acaparar poder en los difusos límites de la ley fundamental aprobada con dificultades tras la caída en 2011 de la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali.

'El presidente está solo en Palacio, sin partido y con el apoyo de algunas de las familias que controlan los recursos económicos, como lo hacían en tiempos de Ben Ali. Y desde allí está luchando por ampliar su poder frente al Gobierno y al Parlamento', explica a Efe un diplomático europeo que prefiere no ser identificado.

CONTROL DE LAS FUERZAS ARMADAS

El último movimiento que ha espoleado la inquietud es el anuncio que el presidente hizo este domingo frente a sus rivales en el que advirtió que, según la interpretación que él mismo hace de la Constitución, no solo le corresponde el mando supremo del Ejército en su calidad de jefe del Estado sino también del resto de las fuerzas de seguridad nacionales.

Un ataque frontal al primer ministro, que fue su asesor legal y dirige la cartera de Interior desde la polémica remodelación.

'El presidente es el comandante supremo tanto de las fuerzas armadas militares como civiles. Déjenme que aclare esto a todos los tunecinos... No es mi intención monopolizar esas fuerzas, pero la Constitución debe ser respetada', dijo Said frente al propio Mechichi y a Ghannouchi, líder del partido conservador de tendencia islamista 'Ennahda', pilar del Ejecutivo.

Un discurso al que el jefe del Gabinete respondió con un claro 'no hay necesidad de lecturas individuales y extrañas que, además, se sacan de contexto'.

Y que han desatado una tormenta en la clase política del país, en particular en el entorno del movimiento islamista, que domina la escena política desde la derrota de Ben Ali.

'Pensad en una ley relativa a las elecciones en 2014 y que él se negara a firmar. Felicidades por vuestro nuevo dictador en el combate contra Ennahda', afirmó anoche el influyente empresario petrolero Imad Derouiche, próximo al líder del partido 'Corazón Tunis', segunda fuerza del Parlamento liderada por Nabil Karaui, un magnate de los medios de comunicación que perdió las elecciones frente a Said y está encarcelado por corrupción.

COMPLOT PARA DERROCAR AL PRESIDENTE

El círculo del mandatario denuncia, por su parte, un supuesto complot de los partidos para derrocar a Said, quien también maniobra para hacerse con el control del Tribunal Constitucional, un organismo cuya formación está pendiente desde 2015 por el pulso que mantienen el presidente, el Gobierno, el Parlamento y el Poder Judicial, embarrados en la designación de sus 12 miembros.

Tras la negativa del dignatario a reconocer el nuevo gabinete, varios diputados amenazaron públicamente con activar el artículo 88 de la Constitución que permite presentar una moción de censura contra el presidente 'por violar la Carta Magna'.

Un movimiento con recorrido complejo en la actualidad, ya que una vez fuera aprobado por mayoría de dos tercios en el Parlamento, debe ser ratificado de igual manera por el propio Consejo Constitucional.

Días atrás, Nawfal Said, hermano del presidente, aseguró que el interés de los partidos en acelerar la formación del citado Tribunal Constitucional se debe al deseo de 'conseguir un mecanismo que les permita cesar al mandatario'.

'Un golpe de Estado no es necesariamente una acción militar', respondió anoche el exministro de Desarrollo en el primer gobierno de transición y líder del partido Amal, Ahmad Nejib Chebbi.

'Sino que es definido por los juristas como un acto ilegal y autoritario que atenta contra las reglas de los órganos existentes, de su trabajo y su poder', algo que, en su opinión, Said trata de hacer desde que decidió no reconocer el Gobierno. EFE

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