La huelga de médicos deja 100 días de desamparo para los enfermos de Zimbabue
Oliver Matthews
Harare, 17 dic (EFE).- En el Hospital Central de Harare, las enfermeras esperan sentadas a la entrada en sillas de plástico. Su trabajo ya no es cuidar a los enfermos, sino rechazar a quienes buscan ayuda pero no están graves, a la espera de que regresen los doctores zimbabuenses, que llevan más de 100 días de huelga.
La pasada semana sólo la planta de maternidad funcionaba en este centro público de 1.200 camas, renombrado hace semanas como Hospital Sally Mugabe en recuerdo a la primera esposa de Robert Mugabe, el presidente que dirigió este país del África meridional con mano de hierro durante casi cuatro décadas.
Allí, las enfermeras no son las únicas que esperan sentadas. Alrededor del hospital también se ve a pacientes que prefieren quedarse a las puertas, día tras día, con la esperanza de que los médicos vuelvan al trabajo.
HOSPITALES DESBORDADOS
La mayoría de los 1.600 doctores del país de hospitales públicos apoyan un paro que el pasado 11 de diciembre cumplió 100 días, hastiados de los bajos salarios y las precarias condiciones de trabajo.
La huelga comenzó por los doctores con menos experiencia, pero después de que el Gobierno despidiera en represalia a más de 430 de ellos, el resto del sector, incluidos los médicos con más antigüedad, se sumaron a la protesta.
Desde entonces, escenas como las del Hospital Central de Harare se repiten a lo ancho de este país de 14 millones de habitantes, que atraviesa una grave crisis económica.
No sólo los centros públicos están desbordados, también los privados como el Hospital de la Misión de Karanda, a unos 200 kilómetros de Harare y con 150 camas, donde sus profesionales no dan abasto a asistir a pacientes desatendidos por la Sanidad pública y que van allí porque pueden pagar esa atención médica.
'El servicio en el hospital es muy bueno, pero hay demasiadas personas que vienen aquí y, por eso, muchos tienen que esperar más de tres semanas para ser atendidos', comenta a los medios locales Gladys Chidhakwa, cuyo esposo aguarda una operación para extraer un implante de acero insertado en una pierna tras sufrir un accidente.
MORIR POR FALTA DE ATENCIÓN MÉDICA
En el Hospital Central de Harare, los pacientes que no estén en estado crítico son rechazados sin tratamiento. Incluso la gente que resulta herida de gravedad en accidentes de tráfico queda sin atención durante horas, tumbada en las camillas de los hospitales.
'Vengo cada día con la esperanza de que alguno de los doctores de China o los doctores del Ejército nos traten, pero todavía no ha ocurrido', cuenta a Efe Loice Dziwomore, una mujer soltera de 30 años que vive en Southerton (suburbio de bajos ingresos del sur la capital) y que fue diagnosticada de cáncer cervical el año pasado.
Dziwomore recibía quimioterapia hasta que su tratamiento se interrumpió con el comienzo de la huelga, el pasado 3 de septiembre.
Ahora se plantea hacer el viaje de 370 kilómetros que la separa de Bikita, la zona rural del sur del país de la que procede, para recibir tratamiento con hierbas medicinales por parte de curanderos tradicionales. 'Cada día muere gente aquí', lamenta.
Para Lovemore Makondo, sin embargo, no queda otra opción que esperar en el Hospital Sally Mugabe. Este residente del barrio de Highfield, de 50 años y desempleado, recibe tratamiento para la diabetes desde hace tres años y no puede costearse viajar a ninguna parte.
'No puedo permitirme ir a un hospital privado porque las facturas médicas son demasiado altas', explica a Efe.
'He visto a mucha gente morir de enfermedades simples que pueden ser tratadas', agrega.
SALARIOS BAJOS Y CRISIS ECONÓMICA
Los doctores, por su parte, denuncian ser los peores remunerados del sur de África. No pueden pagarse casas o coches, ni enviar a sus hijos a buenas escuelas en un país cuya tasa anual de inflación ronda el 500 %.
Su salario, según cuenta a Efe Ralph Makota, uno de los médicos en huelga, es el equivalente a unos 200 dólares al mes.
'Tengo que viajar cada día al trabajo usando el transporte público a pesar de ser médico especialista (...). Estamos sintiendo los efectos del colapso económico del país', critica Makota.
Los doctores también se quejan de la falta de herramientas básicas, incluidos los guantes protectores o las jeringuillas, y de tener que usar equipos obsoletos.
El Gobierno del presidente Emmerson Mnangagwa, sin embargo, ha optado por una postura dura contra los médicos. Alega que las arcas públicas irían a la quiebra, si se satisfacen sus demandas de vincular los salarios a la tasa oficial de cambio del dólar.
En un intento de despejar este callejón sin salida, el millonario zimbabuense Strive Masiyiwa, a través de su fundación Higher Life, ofreció pagar a los doctores unos 5.000 dólares zimbabuenses (227 dólares estadounidenses) adicionales si regresaban al trabajo.
La condición para recibir la ayuda es volver antes del 9 de enero -cubriendo un periodo en el que los accidentes laborales suelen aumentar mucho-, pero hasta la fecha solo 80 doctores se acogieron a la medida.
La oferta es 'tentadora', reconoce a Efe Masimba Ndoro, portavoz de la Asociación de Doctores de Hospitales de Zimbabue, pero resuelve los problemas más acuciantes: la 'desesperación financiera' y la 'escasez de medicinas y equipamiento en los hospitales'.
Entretanto, sin una solución a la vista al pulso entre los médicos y el Gobierno, miles de pacientes como Dziwomore y Makondo siguen empeorando.
'Cuanto más larga sea la huelga, más continuará deteriorándose mi salud', denuncia Dziwomore. EFE
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