La oposición tunecina trata de organizarse para frenar la deriva autoritaria
Natalia Román Morte
Túnez, 5 nov (EFE).- La oposición tunecina- fragmentada, dispersa y enfrentada entre sí- trata de organizarse a marchas forzadas con la intención de enderezar el proceso democrático que, considera, usurpó el pasado julio el presidente de la República, Kais Said, al suspender el Parlamento, cesar el Gobierno, recortar las libertades y arrogarse poderes excepcionales
Aunque la mayoría política y la sociedad civil admiten que la situación previa era insostenible- con diez gobiernos en una década y un Parlamento incapaz de sacar adelante las reformas- reprochan al mandatario haber transgredido importantes líneas rojas.
La primera, congelar la Asamblea pese a que la constitución recoge que ésta debe mantenerse en sesión continúa durante todo el periodo de excepción; la segunda, suspender la casi totalidad de la Carta Magna, uno de los mayores logros de la transición democrática.
Desde su llegada al poder en 2019, Said aprovecha el hartazgo popular por las promesas incumplidas y la creciente hostilidad hacía los partidos- principalmente el conservador de tendencia islamista 'Ennahda', primera fuerza parlamentaria- para cumplir su ambición personal: transformar la democracia participativa en un régimen presidencialista.
UNA TENDENCIA AUTORITARISTA
Mientras sus apoyos se reducen a movimientos minoritarios, de tendencia nacionalista panarabista, sus adversarios- a los que califica de traidores, diablos, insectos o tumores entre otros- apenas logran alienarse debido a sus propias luchas internas y su incapacidad de movilizar la calle.
En este contexto nació el colectivo 'Ciudadanos contra el golpe de Estado', que reúne a militantes de diferentes corrientes y propone crear un gobierno transitorio que celebre elecciones presidenciales y legislativas en un plazo de seis meses.
Una misión distinta a la nueva administración, dirigida por Nadjla Bouden, que funciona solo como un órgano ejecutor de las instrucciones del presidente, opina Jaouhar Ben Mbarek, profesor de Derecho constitucional y una de las caras más conocidas de la oposición.
'Es un monarca absoluto con una visión fascista, sin contrapoderes, sin controles y en violación de todas las reglas del Derecho y de la Constitución. Entró en el sistema para romper desde dentro las reglas', señala.
El única arma de contraataque parece la movilización popular, aunque sólo han salido a la calle tres veces. La última hace un mes, con cerca de 6.000 personas en la capital según fuentes policiales.
RIESGO DE VIOLENCIA
Pero lo que más preocupa a Ben Mbarek es su discurso de odio, basado en el 'o conmigo o contra mí', que multiplica aún mas la polarización ciudadanía y podría empujar a sus partisanos a la violencia.
'Aislado en su palacio con un proyecto utópico y sin apoyo político, su estrategia se sustenta en hechos consumados. Se considera el Mesías que salvará no sólo al país sino a la Humanidad gracias a su proyecto constitucional', critica Mbarek, exconsejero del primer ministro, Elyes Fakhfakh, que lideró el gobierno más breve de la transición.
Frente a las presiones de la poderosa central sindical UGTT y la comunidad internacional para fijar una hoja de ruta de regreso a la democracia, Said se justifica apelado a lo que denomina la 'verdadera revolución', aquella nacida en 2011 en las regiones desfavorecidas y dirigida por las clases más populares.
'Fue un giro de 180 grados, pasamos del poder de una única persona al poder de una oligarquía. El sistema dictatorial de Ben Ali no cayó, por eso necesitamos el 25 el julio, para finalizar este proceso', argumenta la periodista Rachida Ennaïfer, que ocupó el puesto de consejera presidencial durante su primer año de mandato.
RECTIFICAR LA REVOLUCIÓN
En esta fase que califica de 'rectificación de la revolución', el jefe del Estado promete un diálogo nacional en el que los jóvenes tengan voz y voto para elegir sus prioridades.
Pero no es una cuestión de edad, aclara Ennaïfer, sino de 'una nueva visión política dirigida por personas capaces de reflexionar de manera no formateada'.
El objetivo, continúa, es mejorar la representatividad, hasta ahora ficticia, puesto que los ciudadanos eligen a sus representantes sin conocerles, como consecuencia de las grandes circunscripciones electorales, por lo que no tienen ninguna influencia sobre ellos.
Para ella, se trata de suturar la fractura que impera en el país, basada en las desigualdades sociales pero también en el desequilibrio entre gobernantes y gobernados.
La constitución de 2014, explica, consta de una parte 'social', aceptada por todos, y otra política', relativa a la organización de poderes públicos, redactada por la élite y suspendida por decreto el 22 de septiembre a la espera de aprobar un nuevo texto.
A aquellos que temen un regreso al autoritarismo, Ennaïfer responde que el único peligro 'es que el pueblo tunecino termine pagando muy caro su compromiso con la democracia. Es necesario una ola de solidaridad internacional para que la experiencia tunecina sea validada'. EFE
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