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Las dos batallas que sentenciaron la pérdida española de Cuba

José Miguel Blanco

Santiago de Cuba, 14 nov (EFE).- Santiago de Cuba vive hoy la primera visita de un rey de España en toda su historia con la llegada de Felipe VI para rendir homenaje a los soldados caídos en 1898 en la guerra contra Estados Unidos por la independencia de la isla.

Un tributo a todos los que dieron su vida en la isla en esa contienda pero visualizado en sendos homenajes a los que murieron en dos batallas, la de las Lomas de San Juan y la de Santiago de Cuba, que supusieron el fin de la pertenencia de Cuba a España y, por ende, del imperio colonial español.

La batalla de las Lomas de San Juan se libró el 1 de julio de 1898, al este de Santiago, y la segunda, fue la batalla naval que dos días más tarde, en la bahía de la ciudad, y supuso supuso la destrucción de la flota española del Atlántico al mando del almirante Pascual Cervera.

Esa fue, además, la única batalla naval de la historia militar del país caribeño, en aquel momento una provincia más de España.

Estados Unidos se había ido involucrando en la guerra de independencia cubana con el fin último de expulsar a España de la isla.

LA EXCUSA DEL 'MAINE'

Estados Unidos llegó a ofrecerle a España la compra de Puerto Rico y Cuba, pero ante la negativa española buscó el enfrentamiento, y la explosión del acorazado 'Maine', el 15 de febrero de 1898, en el puerto de La Habana, que causó 250 muertos y de la que acusó a España, le sirvió para declararle la guerra el 25 de abril.

Una contienda que se decantó en tres meses y que tuvo su desenlace en las dos batallas de Santiago, la que fue la primera capital del Gobierno español en Cuba y que era objetivo prioritario para los estadounidenses.

Se lanzaron a su conquista y para ello tenían que superar las defensas españolas apostadas en las lomas de San Juan y que sumaban unos 300 hombres, un número muy inferior de efectivos y armamento al del enemigo.

La que está considerada como la batalla más sangrienta de la guerra, con decenas de muertos en ambos bandos pero sobre todo estadounidenses, contó con la participación del que después llegó a ser presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt.

Los tropas españolas sucumbieron y las de Estados Unidos, ayudadas por los independentistas mambises, quedaron ya más cerca del objetivo de tomar la ciudad de Santiago.

Aún más lo estuvieron dos días después, cuando la escuadra española que había acudido en defensa de Cuba quedó hundida en el mar.

'VOY AL SACRIFICIO'

El almirante Cervera había intentado convencer dos meses antes al Gobierno español de que el envío de sus barcos a Cuba supondría su destrucción ante la clara superioridad estadounidense, tanto en número de soldados como en buques y armamentos, pero la orden siguió adelante.

'Con la conciencia tranquila, voy al sacrificio', contestó el militar ante esa decisión que llevó a la flota a entrar en la bahía de Santiago a mediados de mayo.

Siguió advirtiendo del suicidio que supondría combatir en el mar contra el enemigo, pero el 3 de julio sus barcos salieron de la bahía y se enfrentaron a los estadounidenses confirmándose la 'horrible e inútil hecatombe' que había pronosticado Cervera.

Entre las filas españolas hubo 326 muertos y tan solo uno entre las del enemigo, y Cervera, que alcanzó la costa a nado, fue uno de los más de 1.700 prisioneros en manos estadounidenses.

Santiago se rindió a los pocos días, el 16 de julio, y menos de dos semanas después España admitió su derrota y solicitó conversaciones de paz que desembocaron en la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre.

Fue una guerra corta pero que, junto con la pérdida de otras posesiones como Filipinas y sus posteriores consecuencias políticas y económicas, hizo de ese 1898 un histórico punto de inflexión.

La frase de 'Más se perdió en Cuba' se hizo popular desde entonces para resaltar la dimensión de lo que el país se dejó en aquel conflicto. Un antes y un después en la historia de España. EFE

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