Naufragio de Pellegrini y un Betis indolente y descabezado
Bilbao (España), 23 nov (EFE).- El Betis de Sevilla del chileno Manuel Pellegrini naufragó de principio a fin en una vista al estadio de San Mamés del Athletic de Bilbao en la que su equipo se mostró indolente hasta el enfado en la parte defensiva y como descabezado de medio campo hacia adelante por las ausencias de Sergio Canales y Nabil Fekir.
Fue un día negro para el conjunto verdiblanco, que acumula ocho derrotas seguidas en todas sus visitas al espectacular estadio -vacío menos que con gente en las gradas- que acogerá la próximas Eurocopa.
Una 'Catedral' del fútbol que se le atragantó al 'ingeniero' de Santiago y a todo el grupo de latinoamericanos que dirige. Empezando por los mexicanos Andrés Guardado y Diego Lainez, que no salieron de inicio y cuando saltaron al campo los suyos ya estaban goleados.
De ellos, la responsabilidad es mínima. Si es que tienen alguna. A dar explicaciones, curiosamente, salió el joven Lainez.
Más se les puede reprochar a los brasileños Emerson Royal y Sidnei Rechel da Silva Júnior, un coladero por la banda derecha. Nadie detectaba a Iker Muniain entre líneas y el capitán rojiblanco amargó la noche a una pareja que no hacía más que correr hacia atrás persiguiendo a Asier Villalibre, Iñaki William, Alex Berenguer o el que pasase por allí, que siempre les cogían la espalda.
El que lo pagó más caro fue el meta chileno Claudio Bravo, como suele ocurrir en las goleadas, el mejor de su equipo. Pero recibir cuatro goles siempre habla más del arquero. Que no debería ser este caso.
Una goleada en contra, y con todos los goles en jugada, también deja especialmente en mal lugar al medio centro. Y ahí jugó Guido Rodríguez.
El argentino, no obstante, fue de los pocos que dio algo de esperanzas a los suyos con un empate a uno que no subió al marcador por un fuera de juego previo de Víctor Ruiz, el que abrió la caja de los truenos marcándose el 1-0 en propia puerta.
Como a Guardado, a Lainez y a Bravo, tampoco se le puede decir mucho al paraguayo Tony Sanabria, casi un mero espectador en la punta de un equipo muy mal en defensa y casi inédito en ataque. Cuando más se le vio, fue cuando fue relevado. Tras él el fútbol verdiblanco, sin Canales ni Fekir, sencillamente no existió.
Lo que unido al desastre defensivo y, sobre todo, a la buena versión del Athletic, en el que su técnico Gaizka Garitano se jugaba el puesto, derivó en una goleada hasta corta para lo que sucedió sobre el terreno de juego. Donde los 'leones' sí dieron la talla. EFE
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