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Nyusi, un presidente inesperado que consigue la reelección en Mozambique

Maputo, 27 oct (EFE).- Filipe Nyusi es ese mandatario que nadie pudo anticipar. Ingeniero de profesión, tecnócrata y siempre a la sombra del partido Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), que gobierna Mozambique desde 1975, consiguió su cargo en las elecciones de 2014 y hoy lo ha revalidado con un 73 % de los votos.

Pese a haber ejercido como ministro de Defensa desde 2008, pocos conocían a Nyusi antes de ser elegido candidato presidencial en la segunda vuelta de unos comicios internos a fin de sustituir a Armando Guebuza, que terminó su segundo y último mandato como jefe del Estado en 2014.

Ese desconocimiento, además del hecho de que fuera una persona de confianza de Guebuza, hizo que muchos creyeran que no se trataba más que de una marioneta, pero la salida del partido del expresidente le otorgó el poder absoluto en el Frelimo en marzo de 2015.

De orígenes humildes, sus padres fueron veteranos de la guerra de la independencia (1964-1974) y fundadores del Frelimo, donde desde 2014 Nyusi ejerce como el cuarto presidente del país tras lograr en las dos elecciones mayoría absoluta en primera vuelta.

Nyusi -nacido en 1959 en Namau, una localidad de la provincia septentrional y rica en gas natural de Cabo Delgado- se afilió al Frelimo con tan solo 14 años y desarrolló una carrera técnica basada en sus estudios de Ingeniería Mecánica, que le llevó a posiciones altas en la Empresa de Puertos y Ferrocarriles del país.

Tras cursar dicha ingeniería en la ahora República Checa y estudiar un posgrado en gestión en el Reino Unido, volvió a Mozambique en 1992, cuando la guerra civil daba sus últimos coletazos, una de las más largas y cruentas de la historia moderna con alrededor de un millón de muertos.

Hoy, cinco años después de asumir el cargo de presidente, tanto sus luces como algunas de sus sombras son conocidas por el pueblo, que entre su legado reconoce la firma de un histórico acuerdo de paz el pasado agosto, pero también varias controversias.

Un año después de acceder a la jefatura del Estado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) descubrió que el Gobierno de su predecesor había ocultado una deuda de 2.000 millones de dólares y había mentido a posibles inversores.

Ese escándalo supuso que se cortaran los fondos y programas de ayuda del FMI y que el país se sumiera en una profunda crisis económica que aún perdura.

De forma pragmática, Nyusi intentó paliar esta situación nombrando al mozambiqueño Rogerio Lucas Zandamela, un veterano del FMI, gobernador del Banco de Mozambique, así como impulsando todavía más el apoyo extranjero pese al habitual recelo de su partido, otrora marxista.

'Una gestión más inteligente de este tema habría permitido a los socios continuar con la financiación para el desarrollo, obviamente, de forma reducida', señala a Efe el profesor universitario de Ciencia Política Adriano Nuvunga, quien considera que Nyusi gestionó este asunto de forma 'engañosa y fraudulenta'.

Sin embargo, su pragmatismo le sirvió también para reunirse en Gorongosa, refugio selvático tradicional del opositor Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), con el que era entonces su líder, Afonso Dhlakama, derrotado en los comicios de 2014 y quien llamó a retomar las armas tras rechazar los resultados.

Ese paso dio sus frutos en agosto de 2018, con un histórico acuerdo de paz firmado entre Nyusi y el actual líder de la Renamo, Ossufo Momade, el tercero desde el final de la guerra, tras los de 1992 y 2014.

Un acuerdo que podría quedarse en papel mojado después de que la Renamo haya anunciado que no acatará los resultados de las elecciones del 15 de octubre, en las que Momade obtuvo el 21,88 % de los votos, al considerarlas fraudulentas.

'Si se manipulases los resultados nunca podríamos aceptarlo, y estaremos dispuestos a hacer cualquier cosa que nos pida el pueblo', ya advirtió a pie de urna el líder de la Renamo, que todavía dispone de un brazo armado.

Nyusi -aquel que nadie vio llegar, pero que parece que vino para quedarse- deberá ahora, además de cumplir con sus promesas electorales de mayor empleo y un mejor uso de las lucrativas reservas de gas, sofocar la amenaza yihadista que sufre el norte de Mozambique y, sobre todo, demostrar que la paz en posible en un país que todavía convive con los fantasmas de la guerra. EFE

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