Olor del Siglo de Oro: peste de un canal de Ámsterdam o aromas de especias

Imane Rachidi

La Haya, 23 feb (EFE).- La 'autopsia' de un cadáver tras días sin enterrar, la peste que emana de mugrientos canales de Ámsterdam donde desaguan los baños públicos, o el aroma de las especias que habían surcado los mares desde Asia y África para alegrar el paladar de los neerlandeses son los olores que se desprenden de pinturas barrocas que salvaguarda el Mauritshuis de La Haya.

Este museo neerlandés, propietario de piezas de Rembrandt y Vermeer, recuperará los olores que irradian varias pinturas del siglo XVII en una peculiar exposición de aromas del arte, fragantes y malolientes. Usará dispensadores a prueba de coronavirus para que los visitantes puedan olfatear cada color y figura representada en los lienzos.

El objetivo es analizar el papel de las fragancias en la historia del arte y la percepción sensorial de los colores de cada cuadro en busca de que el público entienda, o se imagine, la relación entre olor, salud e higiene personal, entre olfato y religión, o que perciba la esencia de los aromas que llegaron a la República de los Siete Países Bajos Unidos (1581-1795).

Se han colocado ocho dispensadores junto al cuadro correspondiente, pero la exposición muestra unas 50 piezas que incluyen pinturas, objetos y dibujos que contienen claves sobre los olores barrocos. “El arte visual es capaz de evocar algo más que el mundo visible, también se trata de ilusión y sugerencia. Nuestra memoria de los olores es particularmente sensible”, admite la pinacoteca, que ha presentado la exposición este martes en rueda de prensa.

La muestra, 'Olores pasados en colores', no tiene aún fecha de apertura puesto que el confinamiento en Países Bajos mantiene cerrados los museos, pero el Mauritshuis planea mantener la exposición disponible hasta el 29 de agosto.

FRUTA Y ROPA

Una de las piezas es el lienzo “Naturaleza muerta con frutas y flores” (1670), de Abraham Mignon, que sugiere un olor que se superpone a la pintura misma y es como “si el pintor hubiese querido que el espectador oliera algo” con una combinación de una gran cantidad de fruta tan madura, que atrae hormigas y otros insectos alentados por el dulce aroma de un melón en rodajas que posa en el cuadro.

Similar huele un lienzo de 1663 de Pieter de Hooch, que representa a dos mujeres con un armario abierto, simbolizando la rutina de un ama de casa neerlandesa dedicada a mantener la casa limpia y organizada, con la ropa recién doblada y un suelo de baldosas brillante.

En un país abierto al comercio exterior, tampoco podía faltar arte que representara la llegada de nuevos sabores y olores: especias, tabaco, café, té, frutas y verduras que pocos habían probado en esa época y que llegaron procedentes de África, Asia y América.

La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) descubrió a la población el sabor y olor a pimienta, clavo, macis, canela y nuez moscada, empaquetadas desde Asia y Oriente Medio, y recogidas con delicadeza en cada uno de los colores usados por el pintor Willem van Mieris (1662-1747) en su cuadro La Tienda.

“El ciudadano neerlandés medio no tenía ni idea de la explotación, opresión y violencia que precedieron (esos productos) en el momento en el que entraba en la tienda para comprar”, dice la pinacoteca.

El cuadro de Adriaen Brouwer, de 1630, también es un viaje al pasado: aquel hombre que disfruta sentado de su pipa, soplando el humo con una mirada borrosa, representa la moda de fumar y mascar tabaco procedente de las Américas.

EL OLOR NAUSEABUNDO

No todo fueron aromas fragantes. El siglo XVII también estuvo lleno de olores apestosos de las tuberías, los canales y el alcantarillado, o incluso olores desagradables de ropa sucia, o de ausencia de dentífrico y desodorante. “Fuera de las murallas de la ciudad había hornos de cal en llamas y campos llenos de horcas, dentro había una industria maloliente muy molesta, como destilerías y curtidurías”, añade el museo, en una explicación.

Lo más destacado es el hedor de los canales, “donde todo el mundo arrojaba de todo”, según se ve en un canal del céntrico De Wallen -que hoy acoge el Barrio Rojo de Ámsterdam- que aparece en una pintura de paisaje urbano hecha por Jan van der Heyden (1637-1712).

La imagen lo dice todo: una caseta de madera con la etiqueta de “privado” acoge un baño público que descarga directamente en el canal, junto a un barrendero que limpia el estiércol de los caballos y varias mujeres que lavan la ropa en el agua sucia.

“Los canales de las ciudades neerlandesas estaban llenos de desechos malolientes: no solo el contenido de casas particulares o el alcantarillado, también los animales muertos, desechos de matanzas, de pescado, verduras podridas y todo tipo de sustancias tóxicas y corrosivas que la industria arrojaba a los canales”, dice Jaap Evert Abrahamse, investigador de historia urbana en la Agencia de Patrimonio Cultural de Países Bajos.

Para combatir esto, la gente se obsesionaba con perfumar cualquier objeto, algo para lo que servían los pomander, un bulbo olfativo lleno de fuertes fragancias. Se muestran tres piezas en la exposición, todas en plata, en un equilibro entre olores agradables e insufribles de la época. EFE

20210223 https://www.diariolibre.com

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