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Orfebres de Sri Lanka reviven gracias a fiebre estatal por emblemas de latón

Aanya Wipulasena

Pilimathalawa (Sri Lanka), 11 dic (EFE).- Cada día, Senaka Jayalath, un vendedor de productos de latón de 41 años de un pueblo interior de Sri Lanka, abría su tienda de artesanía sobre las 7 de la mañana, tras las pertinentes ofrendas a Buda, y repartía el escaso trabajo existente entre sus cuatro empleados, pero tras el cambio de Gobierno, su tranquila rutina se ha visto alterada.

La falta de pedidos y el alza de los precios de la materia prima durante el último lustro han afectado gravemente al gremio, pero ahora otea un futuro mejor gracias a la inesperada decisión del nuevo presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaska, que ha ordenado reemplazar las imágenes de los políticos de todas las instituciones del Estado por emblemas de la nación y los más populares son los fabricados artesanalmente con latón.

Así, el emblema del león con una espada rodeado por pétalos de loto se ha convertido en la única imagen posible del Gobierno de Rajapaksa, que ocupa el cargo desde noviembre, tras vencer en unos comicios en los que prometió la mejora de la economía y la seguridad en un país todavía conmocionado por los atentados islamistas del Domingo de Pascua, que causaron 269 muertos en abril.

UN PUEBLO REANIMADO

En Pilimathalawa, un pueblo situado a unas dos horas y media de viaje desde Colombo, en la provincia Central, residen la mayoría de los artesanos del latón esrilanqueses, que últimamente dependían casi exclusivamente de los pedidos que recibían de los templos budistas y de los militares.

Jayalath comenzó como orfebre en ese pueblo hace dos décadas y ahora es dueño de su propia tienda. La industria que le da de comer es muy volátil, explicó a Efe, puesto que mientras algunos meses facturaba 200.000 rupias esrilanquesas (unos 1.000 euros), otros apenas alcanzaba las 30.000 (unos 150 euros).

Ahora, con la repentina demanda de emblemas de latón para el Estado, espera encadenar un par de años de ingresos estables. De hecho, ya ha recibido varios encargos y sus cuatro artesanos elaboran a mano cinco emblemas diarios.

'Estamos almacenando nuestros productos. En enero recibiremos grandes pedidos', celebró. Está atento también a los militares, que deberán colocar los emblemas, y algunos oficiales ya han visitado su tienda para preguntar por los precios.

Dependiendo de la calidad de la materia prima y el acabado, los emblemas, de unos 46 centímetros de largo y 30 de ancho, rondan las 10.000 rupias esrilanquesas (cerca de 50 euros) la unidad.

Rasika Kelum Dharmadasa, que también ronda la cuarentena, y su hermano Udara, están terminando un encargo de 200 unidades. Rasika, que se adentró en la orfebrería en 1994 cuando aún estaba en la escuela, confía en que ahora la industria del latón esté regresando a su antigua gloria.

'Ahora ganamos en torno al cincuenta por ciento más de lo que ganamos hace solo un mes. Todos los orfebres del pueblo están muy contentos', afirmó, antes de añadir que la decisión presidencial ha traído una nueva vida para Pilimathalawa.

MEJOR EL COLEGIO QUE EL LATON

La esperanza se traslada también a los artesanos más jóvenes, que esperan un futuro mejor. Como Anusha Chamara Liyanage, que con poco más de 20 años continúa elaborando adornos de latón, oficio que desempeñó su padre durante tres décadas antes de pasarle el testigo al morir hace seis años.

Liyanage confía en que el negocio dé beneficios a pesar del alto precio de la materia prima, importada desde la India y China y que los orfebres deben ir a comprar a Colombo, o a la más cercana ciudad de Kandy, donde su precio es entre 100 y 150 rupias esrilanquesas (0,5-0,75 euros) más alto que en la capital.

'La industria artesanal del latón fue olvidada por la gente. Ahora, con la demanda de emblemas del Estado, estamos recibiendo reconocimiento', apuntó el joven orfebre.

Liyanage también acaba de terminar un pedido de 200 emblemas en el que trabajó los últimos diez días, enfocado en hacer un producto de alta calidad y con un buen acabado.

Aunque Pilimathalawa se rejuvenece con la reciente fiebre del país por los blasones de latón, los artesanos no se anticipan en legar el oficio a las nuevas generaciones. Jayalath, que tiene dos hijos de 16 y 13 años, prefiere llevarlos al colegio.

'Necesitan encontrar mejores trabajos que este. Este oficio no genera unos ingresos estables', dice sonriendo. EFE

aw-alro/mt/mr

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