Patio interior berlinés, de imán turístico a sala de conciertos vecinal
(no lleva audio sino foto)
Elena Garuz
Berlín, 16 jun (EFE).- Los patios interiores de Hackesche Höfe, uno de los atractivos turísticos de Berlín y los mayores de Alemania en su estilo, acogieron hoy martes uno de los conciertos privados con los que la orquesta de la Ópera Estatal acerca la música en directo a los ciudadanos en tiempos de pandemia.
En circunstancias normales, a mediados de junio, en una tarde soleada y con los 27 grados que marca el termómetro, los ocho patios estarían llenos de gente -tanto berlineses como turistas- mirando tiendas, visitando una de sus galerías, comiendo un helado, tomándose un café, en el cine o en el teatro.
Algunas de las mesas de las terrazas de los restaurantes están ocupadas y también se ve algún niño con un helado en la mano, pero faltan los turistas, y si por un casual algún berlinés se quiere acercar al patio número cinco, se encuentra con una cinta que le cierra el paso.
El patio V, que además de viviendas acoge la tienda de productos licenciados con la silueta del popular Ampelmann, -el hombre con sombrero de los semáforos de la extinta República Democrática Alemana (RDA)- otras tres tiendas de diseño y una consulta de psicoterapia- es esta tarde solo para los vecinos.
Unos se asoman a la ventana, otros se han acomodado en su terraza y también hay quienes han bajado hasta el patio para escuchar, siempre respetando las normas de distanciamiento, el concierto que cinco instrumentistas de la Staatskapelle están a punto de ofrecer.
Matthias Wilke, erigido en portavoz de los cinco violas, advierte a los vecinos de que el programa va a ser 'quizás algo extravagante': primero Johann Sebastian Bach, luego Henry Purcell y a continuación otra vez Bach para cerrar el concierto.
Como bis, los instrumentistas sorprenden a los vecinos con una pieza poco habitual en su repertorio, un swing del violinista de jazz Jeremy Cohen, tras el cual cierran este concierto privado con la nana 'Der Mond ist aufgegangen' ('La luna salió').
TOCAR PARA LOS VECINOS, UNA NUEVA EXPERIENCIA
Salir a tocar para los vecinos 'ha sido una nueva experiencia', explica Wilke a Efe tras el concierto, que ha durado poco más de media hora.
Para empezar, explica, 'la acústica es otra' y nunca se sabe si quizás con la música 'se está molestando a alguien, que también podría ser', agrega.
'A nosotros nos ha divertido. El marco aquí era especialmente bonito, con una naturaleza tan bonita en medio de la ciudad', resume.
El de hoy es el quinto de un ciclo de ocho conciertos que la Staatskapelle de Berlín, la orquesta de la Ópera Estatal, ofrecerá a lo largo de este mes en diferentes patios interiores de la ciudad para que los berlineses puedan disfrutar de la música en directo también en tiempos de pandemia.
Cada patio tiene su concierto individual, con su propio programa, que no se revela antes, y en una constelación de músicos de cámara cada vez diferente.
Las candidaturas para acoger una de estas veladas musicales podían presentarse hasta el pasado día 20 y debían incluir, naturalmente, una foto del patio interior.
Annette Schmidt fue la que tomó la iniciativa de presentar la candidatura para el patio V de los Hackesche Höfe después de que su hija le explicara que existía esta posibilidad, y una vez obtuvo el sí de la Ópera Estatal, se lo comunicó a los vecinos, que se mostraron entusiasmados con la idea, explica a Efe.
EL PRIVILEGIO DE VIVIR EN LOS HACKESCHE HÖFE
Schmidt y su marido vinieron a vivir a los Hackesche Höfe antes de su restauración integral a principios de los 90, cuando todavía no era el imán turístico que es hoy y su estado era 'muy malo'.
Los patios, obra del arquitecto Kurt Berndt y con una fachada modernista de August Endell, abrieron el 23 de septiembre de 1906.
Durante la II Guerra Mundial, quedaron sólo parcialmente destruidos, pero las fachadas fueron desmoronándose con el paso del tiempo.
A pesar de ser declarados monumento histórico en 1972, las autoridades de la República Democrática de Alemania (RDA) no se ocuparon de su mantenimiento y solo con la caída del muro de Berlín, los patios fueron restaurados y se convirtieron en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.
'Vivimos todo este cambio, al principio no había nada, no había turismo' y es verdad que ahora a veces hay mucha gente, pero como viven en un tercero, tampoco se nota tanto el gentío y pueden estar tranquilos, agrega.
Además, los patios que no tienen locales de noche cierran a las 22.00 horas, menos para los vecinos.
Vivir en los Hackesche Höfe, afirma, es al fin y al cabo un 'privilegio'. EFE

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