Preston narra siglo y medio de corrupción en España a la sombra del “brexit”
Fernando Prieto Arellano
Madrid, 24 oct (EFE).- Desde 1874 y hasta nuestros días tres elementos marcan la historia de España: la corrupción, la incompetencia política y la violencia. Esa es la tesis que expone el historiador británico Paul Preston en su último libro, sobre el que él mismo reconoce que gravita la sombra del “brexit”.
En “Un pueblo traicionado. España de 1874 a nuestros días. Corrupción, incompetencia política y división social” (Debate), Preston sostiene que el poder se ha utilizado en España no para emprender reformas sino para mejorar la posición de quienes habitualmente lo ostentaban.
A juicio del historiador británico -y esta es la tesis sobre la que pivota el libro- la corrupción, la incompetencia y la violencia han caracterizado los cinco últimos periodos de la historia de España, comenzando por la Restauración, en 1874 - con la vuelta al trono de los borbones tras la caótica experiencia de la monarquía de Amadeo de Saboya y de la I República-, y hasta la actualidad.
En entrevista con Efe, Preston sostiene que al terminar este estudio de casi 800 páginas, tuvo una doble sensación; “de tristeza y de alivio”.
“De tristeza” porque, analizados casi 150 años de historia, “no veo a nadie que se salve” entre tantos políticos, dirigentes y gobernantes, señala Preston, quien subraya que, sin embargo, su libro no es solo una obra sobre la corrupción, aunque haya coincidido en el tiempo con una etapa en la que esta planea de manera evidente sobre la vida política española.
De hecho, “cualquier lector de periódicos inteligente sabe tanto o más que yo sobre la corrupción”, afirma el historiador, que ha tardado seis años en escribir esta obra, al término de la cual dijo que tenía una sensación de “alivio”.
“No estaba a gusto con este libro. En todos mis libros anteriores siempre he tenido la sensación de que había descubierto algo que quería contarle al público”, comenta.
“Con este no he sentido eso. Sobre todo en los dos últimos capítulos pensaba que estaba contando algo que ya le debía de sonar a la gente”, por pura vigencia, por puro hastío. Por ello, afirma, fue “un alivio” verlo terminado.
Esta es una obra que, como se va desgranando en la conversación, Preston ha escrito pensando también en el “brexit”, un asunto que confiesa tenerle “absolutamente asqueado” y preocupado.
“El brexit se planteó para resolver un problema interno del Partido Conservador (británico) y ha terminado por destruir a todo un país”, afirma Preston.
Para Preston, Cataluña es un buen ejemplo contemporáneo de esa suma de factores que configuran su libro.
En su opinión, “la historia va a ver” que en el caso catalán “la combinación entre corrupción más incompetencia degenera en violencia” y señala que “para solucionarlo”, quizá “habría que hacerse con una máquina del tiempo y volver al año 2006”, cuando se aprueba el vigente Estatuto de autonomía de Cataluña.
En medio de este marasmo, de esta sensación de desasosiego que Preston expresa tanto en el libro como en la entrevista, queda un espacio para una honrosa excepción en lo tocante a eficiencia en la gestión política más honradez en el manejo de las cuentas públicas. Y esta es la Transición.
A su juicio, desde dos años antes de la muerte de Franco y hasta los primeros años 80 existe una especie de consenso generalizado entre los políticos españoles “para traer la democracia a España sin violencia”.
“Toda la clase política”, desde la derecha de Manuel Fraga hasta los comunistas, “colabora en una gran obra nacional de servicio público. Es un periodo que supone un contraste con todo el resto”, afirma.
Y en ese periodo Preston destaca la figura del Rey Juan Carlos I (1975-2014), por quien no oculta su admiración pese a que los últimos años de su reinado hayan estado salpicados por diversos escándalos que han enturbiado su imagen y la de la Corona misma.
“Juan Carlos es una persona a la que he admirado mucho por su papel en la Transición. Fue un chico a quien le robaron la niñez y la adolescencia y a quien entrenaron para ser el sucesor de Franco. Fue un demócrata, por la razón que fuera, aunque solo fuera por el deseo de permanecer en el trono. No fue solo el heredero de Franco”, afirma Preston.
Juan Carlos I, destaca, “optó por hacer todo lo posible por traer la democracia y se ganó a pulso una legitimidad que nunca tuvieron Alfonso XII ni Alfonso XIII y cabe preguntarse si la tendrá Felipe VI. Fue el bombero de la democracia.”
“Por muy tristes que hayan sido los episodios que hayan pasado al final de su reinado, no se puede obviar todo lo demás”, concluye. EFE
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