Redes vecinales de solidaridad urgente contra el coronavirus
María López
Madrid, 14 mar (EFE).- Las entradas de los edificios han dejado de ser un lugar de paso para convertirse en una frontera inesperada insalvable para ancianos, mujeres embarazadas, inmunodeprimidos o vecinos con síntomas leves de gripe debido a las recomendaciones de quedarse en casa para frenar la propagación acelerada del coronavirus.
Sin embargo, son también el origen de redes vecinales de solidaridad creadas de urgencia en varias partes de España para luchar contra la pandemia gratis y de forma voluntaria.
'Vecino/as. Me ofrezco para el cuidado de niños/as, traer compra o medicamentos. Debemos permanecer unidos. Cuenta con mi ayuda y no salgas de casa. Sandra, 3ºY'.
Este cartel figura en un inmueble de la localidad de Aranjuez, en el sur de la región de Madrid, la más castigada de España por el coronavirus con más de la mitad de los 5.753 casos detectados hasta ahora. El mensaje lo escribió Sandra Piñón, pero lo podrían firmar Camila, Luisa o Miguel, todos ellos dispuestos a apoyar a sus vecinos.
Lo que empezó como una idea individual de Sandra y de más personas se está convirtiendo en un sistema organizado, que reúne a más de medio millar de madrileños que actúan por distritos a través de grupos de WhatsApp.
En ellos explican dónde viven, qué disponibilidad tienen para ayudar y también qué respaldo necesitan.
BARRIO A BARRIO
Sandra Piñón, actriz, fue despedida el pasado lunes del museo en el que trabajaba, cuando ya instituciones públicas y privadas comenzaban a cerrar temporalmente como medida de prevención.
Cuenta a Efe cómo, tras perder su empleo por el COVID-19. se preguntó cómo se iba a apañar y llegó a una conclusión: 'Seguramente haya gente peor, menos mal que no tengo hijos'.
Pensando en quienes no pueden costear a un 'canguro', el lunes por la tarde creó un grupo cuando se anunció el cierre de los colegios de Madrid.
Lo formaban conocidos, pero rápidamente se desbordó. Cuando sumaban ya doscientas las personas apuntadas en un formulario, decidió que lo más práctico era dividirse por barrios, sobre todo para no viajar en transporte público.
En estos momentos hay grupos en barrios madrileños como Usera, Chamberí, Latina o Puente de Vallecas. Se están construyendo estos días, haciendo uso en gran medida de los colectivos organizados previamente, desde grupos feministas a ecologistas o agrupaciones vecinales.
PUERTA A PUERTA
En algunos, Piñón indica cómo se han organizado hasta ahora: solo deben prestar ayuda a personas que no estén en riesgo ni tengan síntomas y hay normas de seguridad para no contagiar a quienes están aislados: llamar al timbre y dejar la compra o los medicamentos en el felpudo, donde también se recupera el dinero de los recados.
En estas redes telemáticas, que se unen a las ofertas en plataformas de segunda mano o iniciativas como 'Tienes Sal', algunas personas se plantean otros tipos de asistencia, como sacar a pasear a los perros de los ancianos o preparar concursos de dibujo telemáticos para los niños.
'Tenemos localizadas algunas personas que las conocemos, hay mucha gente a la que no. Hay que hacer un trabajo de campo desde cero, vamos a ir portal a portal y contactando con los pequeños comercios que son los que tienen la información', explica a Efe Miguel, miembro del grupo creado en Chamberí.
Y es que cuesta confiar en vecinos a quienes apenas se conoce. Lo ha comprobado Luisa, que no recibió respuestas al cartel que colgó en su edificio del distrito de Carabanchel. 'La gente que me tiene más confianza se ha ido al pueblo', explica.
Lo mismo le ha pasado a Camila, gallega y estudiante de Relaciones Internacionales, que junto a sus compañeras de piso se ofreció a cuidar a los niños de sus vecinos.
Las familias a las que conocían optaron por tirar de familiares, pero agradecieron la ayuda. 'Es un paso en la dirección correcta, tocar a la puerta de tu vecino y decir que si necesita algo', apunta esta activista feminista, partidaria de dar soluciones comunitarias ante la emergencia.
QUEDARSE EN CASA
Tanto ella como sus compañeras, todas de fuera de Madrid, se han quedado en la capital de España: 'No es momento de salir, Aunque no vamos a enfermar, podemos contagiar', afirma.
Rosa, en cambio, ha logrado sacudirse la desconfianza. Vecina de 55 años del barrio de Batán, no ha salido desde el domingo pasado, cuando comenzó a sentirse 'un poco como con gripe'. Tras varios días llamando al teléfono de atención contra el coronavirus -900 102 112- le dijeron que, aunque sus síntomas eran de catarro, era mejor que se quedase en casa.
'Se me han agotado ciertas cosas y he decidido no bajar' a comprar, explica. Cuando habla por teléfono con Efe, Rosa está esperando que una vecina que teletrabaja y con la que contactó por un grupo le deje la compra frente a su puerta.
Tenía provisiones, pero se le han agotado la leche, el pan y los limones porque combate el resfriado a golpe de infusión. Normalmente, Rosa echa una mano a su hija cuidando a sus nietos; es a los niños a quienes más echa de menos porque en casa, relata, no se aburre. Limpia, pone lavadoras y está 'tranquila'. EFE

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