Refugiados del lago Chad, atrapados entre el olvido y el terror de Boko Haram
Blaise Dariustone
Ngouboua (Chad), 18 jun (EFE).- Millones de personas en la cuenca del lago Chad se preguntan cada día si podrán o no llevarse algo a la boca, atrapados en un contexto de violencia yihadista, pobreza y crisis climática cuya solución no entiende de ejércitos o armas.
Unos 3,6 millones de personas padecen inseguridad alimentaria severa en esta región, cifra que la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) prevé que sobrepase los 4,5 millones en 2020, aparte del posible impacto del coronavirus.
'Quiero comer', dice a Efe Mariam, una de los miles de desplazados en Chad que ocupan cabañas de paja en Ngouboua, localidad situada en el oeste de la provincia del lago Chad duramente golpeada por los radicales de Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).
'Tan solo disponemos de mijo. ¿Pescado o carne? Es un lujo que no podemos permitirnos', explica al tiempo que su bebé le pide el pecho, ajeno a un entorno de exilio provocado, en gran parte, por los ataques yihadistas que aterran a la población civil de las áreas fronterizas e insulares de este lago.
'ESTAMOS EN MANOS DE DIOS'
Desde su radicalización en 2009 tras el asesinato de su líder espiritual, Mohameh Yusuf, y pese al repetido mantra del presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, de haber 'técnicamente derrotado' a Boko Haram, los ataques de este grupo son una constante ya no solo en el noreste de Nigeria - de donde es originario -, sino en las zonas limítrofes de Chad, Camerún o Níger.
'Boko Haram sigue teniendo una gran influencia en la región del lago Chad', confirma a Efe Hoinathy Remadji, investigador en Yamena del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS), y firme defensor de contrarrestar con mejoras sociales una ideología radical a cuyas filas se adhieren demasiados jóvenes.
Un conflicto abierto que ya suma más de 27.000 muertos y que, junto al terror asociado a las ofensivas militares llevadas a cabo por estos cuatro países, ha expulsado de sus hogares a casi tres millones de personas; atrapadas en un círculo de violencia que parece no tener fin.
'Entre septiembre y noviembre sufrimos más de 20 ataques yihadistas. Muchos de nuestros padres murieron, nuestro alimento fue saqueado y nuestro ganado robado', relata a Efe Mbami Allahou, padre de seis hijos y quien se vio obligado a huir de Kaiga-Kindjiria, ciudad fronteriza con Nigeria.
'Y una vez aquí en Bol (capital de la región del lago Chad), ya no puedes practicar la pesca, por lo que estamos en manos de Dios', apunta antes de pedir ayuda a la comunidad internacional, quizá sin saber que forma parte de una de las crisis más olvidadas del mundo.
MÁS QUE UNA SOLUCIÓN MILITAR
Precisamente en Bol, el Gobierno de Chad empezó este lunes un reparto de 20.000 toneladas de alimentos, a través de la Agencia Nacional de Apoyo al Desarrollo Rural (ANADER), a fin de paliar las necesidades de una creciente población desplazada.
'Este apoyo es muy oportuno porque durante casi dos años la provincia del lago Chad se ha visto severamente afectada por la amenaza yihadista', explica a Efe el gobernador de esta provincia, Adam Nocki Charfadine, quien confirma miles de expulsados tras la ofensiva militar iniciada el pasado 29 de marzo.
Personas cuya subsistencia, además, dependía de la agricultura, la ganadería y la pesca en un lago que, desde los años 60, ha mermado su extensión en un 90 % a causa de la escasez de lluvias asociada a la crisis climática, pero también por el riego de una agricultura a escala industrial.
'Si no recibimos ayuda este año, no sé qué va a ser de nosotros. No solo hemos tenido que dejar nuestros hogares, sino que el Gobierno nos ha prohibido cultivar en ciertas áreas por el riesgo de ser atacados por los yihadistas', resume su calvario Adam Mbodou, quién huyó de una aldea en Ngouboua a la capital provincial.
Para Remadji, sin embargo, este conflicto que ya dura más de una década, obligando a generaciones de chadianos, cameruneses, nigerianos y nigerinos a nacer en el miedo y en el exilio, requiere mucho más que una respuesta violenta por parte de sus gobiernos.
'Es hora de afrontar otros aspectos de este conflicto', reflexiona este experto. 'Esos aspectos son la lucha contra la pobreza, la escasez de servicios ofrecidos a la población, los problemas de gobernanza y la falta de legitimidad del Estado en los corazones y las mentes de sus ciudadanos'. EFE
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(Recursos de archivo www.lafototeca.com 7617641, 7617637 y otros)
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